28-11-2025, 11:10 PM
La lluvia del South Blue era tan densa que parecía querer arrancarme la piel. Un clima insoportable para cualquiera... excepto para mí. Ya llevaba un año recorriendo estas maltrechas y pequeñas islas, dejando atrás un rastro de cadáveres, desapariciones y gritos que sólo vivían ya en mi memoria para mi deleite. Pero aquella isla... aquella isla era distinta. Vacía, silenciosa, apagada. Ni siquiera parecía poder ofrecerme diversión... Hasta que vi los restos.
Cuerpos humanos, huesos partidos, símbolos tribales... algo prometedor había ocurrido allí hacía poco. Me moví entre la vegetación húmeda hasta que distinguí a cuatro nativos armados con lanzas. Se movían con cautela, como si supieran que la muerte rondaba... pobrecitos, el peligro les acechaba justo por detrás de ellos.
Los seguí durante un buen tramo, esperando el instante perfecto. Cuando uno se rezagó, salté desde un tronco partido, y la sangre comenzó a derramarse. Eran torpes y sin gracia en la lucha, pero no inútiles, lo suficientemente curtidos como para darme un poco de juego... Ninguno llegó a rozarme, pero me hicieron entrar en calor.
Uno huyó a toda prisa selva adentro mientras yo remataba a dos de ellos con elegancia. El último quedó... vivo, aunque no por mucho. Tendría que darme prisa si quería que ese río de sangre y lluvia, serpenteante por el tortuoso camino y entre tanta vegetación, no arrastrase también su vida, como ya había pasado con los otros... Jamás podría resistirme a apagar esa mirada que con sorpresa y odio se clavaba en mi...
Tenía que mantener ese calor, que ya había comenzado a convertirse en excitación. Le clavé las palmas juntas al atravesarlas con una lanza en la corteza de un árbol, y comencé a cortarle los dedos de uno en uno. Su mirada odio profundo pronto se convirtió en una de dolor agónico. Sus brazos ya empapados de lluvia, correaban sangre que empapaba su cara, su cuello, su pecho... Era mío, su dolor, su sufrimiento, su odio, su desesperación... Todo mío. Por desgracia, cuando iba a quedarme sin dedos con los que jugar en ambas manos, ya había dejado de respirar. Esta dichosa y ruidosa lluvia me había robado el precioso instante en que su vida se desvanecía.
Para mayor complicación, el que había escapado regresó con más de una docena de guerreros... Todos gritando el nombre de algún dios del volcán y con caras de no muy buenos amigos... Me rodearon, se abalanzaron, y aunque pude herir a varios, la lluvia y lo resbaladizo del terreno me jugaron en contra. Acabé reducida entre cuerdas y arrastrada como si fuese una ofrenda.
Me encerraron en una torre vieja, húmeda y abandonada, encadenándome a la pared tras golpearme durante todo el camino por media selva. Mientras afuera los truenos hacían temblar las piedras. Según ellos, su 'dios del fuego' me juzgaría en el volcán cuando la lluvia cesase... Patéticos.
Pasó un buen rato, hasta que escuché la puerta cediendo de una patada. Un hombre entró empapado, con alas aún goteando y expresión alerta.
<< ¡¿Qué raza de hombres existían en este mundo con unas alas así?! >>
Se detuvo al verme encadenada, sorprendido, pero no tanto como yo al reconocer la fuerza en su postura. Se acercó despacio y encendió una vela, iluminando mi piel perlada cubierta de cortes recientes y mi cabello húmedo cayendo en hebras negras y rojizas.
- Tranquila... -dijo, como si yo fuese la víctima aquí...- No voy a hacerte daño. ¿Qué te ha pasado?
<< Ah… qué delicia. Qué oportunidad. >>
Su instinto le decía que algo no cuadraba, pero su mirada también revelaba compasión… y eso era algo que podía usar.
Bajé la cabeza, suavizando mi voz, ocultando la sed de sangre que hervía bajo mi piel.
- Fueron ellos... me... me atraparon entre gritos… por favor... no me hagas más daño... ellos me han apaleado hasta aquí, arrastrándome... son unos monstruos... ayúdame...
Casi no pude contener la carcajada que se abría paso por mi garganta al escucharme hablar con supuesta dulzura e inocencia, pero tenía que hacer bien mi papel para luego... conseguir 'entretenimiento y diversión'. Porque si me soltaba, tendría venganza. Arrasaría a toda la puta aldea si hacía falta con tal de enseñarles como de bonita quedaría su isla regada con su sangre. Y si no... siempre podría divertirme jugando aún más con él. De cualquier manera, esto apenas acababa de comenzar...
Cuerpos humanos, huesos partidos, símbolos tribales... algo prometedor había ocurrido allí hacía poco. Me moví entre la vegetación húmeda hasta que distinguí a cuatro nativos armados con lanzas. Se movían con cautela, como si supieran que la muerte rondaba... pobrecitos, el peligro les acechaba justo por detrás de ellos.
Los seguí durante un buen tramo, esperando el instante perfecto. Cuando uno se rezagó, salté desde un tronco partido, y la sangre comenzó a derramarse. Eran torpes y sin gracia en la lucha, pero no inútiles, lo suficientemente curtidos como para darme un poco de juego... Ninguno llegó a rozarme, pero me hicieron entrar en calor.
![[Imagen: ad8a40b6-f4f0-4711-b9b1-005806162d7c.web...height=750]](https://media.discordapp.net/attachments/1443665536046202962/1444066262769729626/ad8a40b6-f4f0-4711-b9b1-005806162d7c.webp?ex=692b5b02&is=692a0982&hm=2208db129cdc0220b708818b80295eac81c58a7c54df315ee9325722cf830871&=&format=webp&width=449&height=750)
Uno huyó a toda prisa selva adentro mientras yo remataba a dos de ellos con elegancia. El último quedó... vivo, aunque no por mucho. Tendría que darme prisa si quería que ese río de sangre y lluvia, serpenteante por el tortuoso camino y entre tanta vegetación, no arrastrase también su vida, como ya había pasado con los otros... Jamás podría resistirme a apagar esa mirada que con sorpresa y odio se clavaba en mi...
Tenía que mantener ese calor, que ya había comenzado a convertirse en excitación. Le clavé las palmas juntas al atravesarlas con una lanza en la corteza de un árbol, y comencé a cortarle los dedos de uno en uno. Su mirada odio profundo pronto se convirtió en una de dolor agónico. Sus brazos ya empapados de lluvia, correaban sangre que empapaba su cara, su cuello, su pecho... Era mío, su dolor, su sufrimiento, su odio, su desesperación... Todo mío. Por desgracia, cuando iba a quedarme sin dedos con los que jugar en ambas manos, ya había dejado de respirar. Esta dichosa y ruidosa lluvia me había robado el precioso instante en que su vida se desvanecía.
Para mayor complicación, el que había escapado regresó con más de una docena de guerreros... Todos gritando el nombre de algún dios del volcán y con caras de no muy buenos amigos... Me rodearon, se abalanzaron, y aunque pude herir a varios, la lluvia y lo resbaladizo del terreno me jugaron en contra. Acabé reducida entre cuerdas y arrastrada como si fuese una ofrenda.
Me encerraron en una torre vieja, húmeda y abandonada, encadenándome a la pared tras golpearme durante todo el camino por media selva. Mientras afuera los truenos hacían temblar las piedras. Según ellos, su 'dios del fuego' me juzgaría en el volcán cuando la lluvia cesase... Patéticos.
Pasó un buen rato, hasta que escuché la puerta cediendo de una patada. Un hombre entró empapado, con alas aún goteando y expresión alerta.
<< ¡¿Qué raza de hombres existían en este mundo con unas alas así?! >>
Se detuvo al verme encadenada, sorprendido, pero no tanto como yo al reconocer la fuerza en su postura. Se acercó despacio y encendió una vela, iluminando mi piel perlada cubierta de cortes recientes y mi cabello húmedo cayendo en hebras negras y rojizas.
- Tranquila... -dijo, como si yo fuese la víctima aquí...- No voy a hacerte daño. ¿Qué te ha pasado?
<< Ah… qué delicia. Qué oportunidad. >>
Su instinto le decía que algo no cuadraba, pero su mirada también revelaba compasión… y eso era algo que podía usar.
Bajé la cabeza, suavizando mi voz, ocultando la sed de sangre que hervía bajo mi piel.
- Fueron ellos... me... me atraparon entre gritos… por favor... no me hagas más daño... ellos me han apaleado hasta aquí, arrastrándome... son unos monstruos... ayúdame...
Casi no pude contener la carcajada que se abría paso por mi garganta al escucharme hablar con supuesta dulzura e inocencia, pero tenía que hacer bien mi papel para luego... conseguir 'entretenimiento y diversión'. Porque si me soltaba, tendría venganza. Arrasaría a toda la puta aldea si hacía falta con tal de enseñarles como de bonita quedaría su isla regada con su sangre. Y si no... siempre podría divertirme jugando aún más con él. De cualquier manera, esto apenas acababa de comenzar...
