24-10-2023, 04:04 PM
No estaba siendo fácil enterrar dos cuerpos por mi propia cuenta. Pero yo propuse a mis compañeros hacerlo solo. En cierta parte, me sentía responsable por la muerte de Minato. ¿Podría haberlo evitado? Era una pregunta que me estaba cuestionando desde que Sephiroth se enteró. Yo estaba allí. Así que supongo que algo podría haber hecho. O no. Ya era demasiado tarde para lamentarme. Tan solo quería que pudiera descansar en paz. Lo mismo para Taka, no sé de qué manera murió. No había rastro alguno de sangre. ¿Se ahogó? ¿Fue por un daño interno? Fuese cual fuese, era lo mismo. El grandullón tenía el derecho de descansar. Y ya que el inútil de su compañero no se acordaba de él, decidí hacerlo yo.
Me propuse a enterrar los cuerpos cuando, de repente, me vino un olor dulce. Era tenue, algo flojo, pero sí lo suficiente para mi buen olfato. Era como a fresa. Como si de un postre de fresa se tratase. Me quedé 1 segundo mirando al frente, oliendo ese aroma. Pero de repente, tras ese segundo, un golpetazo contundente en mi sien vino por mi espalda. Fue todo muy rápido. No me percaté de nada. En ningún momento me avispé de que algo así pudiera sucederme. Recibí el impacto de lleno. Tuve la suerte de que, a pesar de doler, no me dejo aturdido. Por lo que nada más darme el golpe, avancé hacia adelante, saltando por encima de las tumbas unos 5 metros y me di la vuelta, llevándome la mano a mi sien.
Lo que vi fue a un hombre con el pelo blanco, una mandíbula bien pronunciada, con un cuerpo en forma, pero nada fuera de lo común, con ropajes oscuros y una katana. Genial. No sé quién narices era y que quería, pero ni siquiera me iba a poder enterrar a los caídos. En estos momentos desearía no haber venido solo. Aquel hombre me dijo que me estuviera quieto, y preguntó que quién era y porque estaba enterrando dos cadáveres. Visto así, es normal su actitud hacia mí. No es algo común ver esta situación. Intenté mantener la calma y explicarle la situación - Relájese. No soy ningún criminal. Soy un marine - Señalé con mi dedo índice a la placa de la Marina de mi camisa. Pero para mi sorpresa, no estaba allí. Llevaba la ropa aún puesta del día anterior, donde pasó todo lo relacionado con los piratas Sticky. Puede que se me perdiera en mitad de la batalla. La chaqueta con la que tapé a Minato tampoco estaba. La tiré en mitad del desierto. Entre eso, la camisa llena de sangre seca, no ayudaba a la situación - Mierda... - Dije por lo bajo. Estaba en muy mala posición. Tenía que encontrar la manera de entrarle en razón de que no era un asesino, sino un marine, y no tenía las cartas a mi favor.
Me puse delante de él en una posición recta, calmada. No debía mostrar ningún atisbo de pelea si quería que entrase en razón, pero no podía perderle de vista. Levanté el brazo derecho y con ello la palma - Como en posición de 'stop' - Déjame explicarte todo y lo entenderás rápido - Le dije en un tono tranquilo y amable. Tenía que estar en alerta por lo que pudiera pasar.
Me propuse a enterrar los cuerpos cuando, de repente, me vino un olor dulce. Era tenue, algo flojo, pero sí lo suficiente para mi buen olfato. Era como a fresa. Como si de un postre de fresa se tratase. Me quedé 1 segundo mirando al frente, oliendo ese aroma. Pero de repente, tras ese segundo, un golpetazo contundente en mi sien vino por mi espalda. Fue todo muy rápido. No me percaté de nada. En ningún momento me avispé de que algo así pudiera sucederme. Recibí el impacto de lleno. Tuve la suerte de que, a pesar de doler, no me dejo aturdido. Por lo que nada más darme el golpe, avancé hacia adelante, saltando por encima de las tumbas unos 5 metros y me di la vuelta, llevándome la mano a mi sien.
Lo que vi fue a un hombre con el pelo blanco, una mandíbula bien pronunciada, con un cuerpo en forma, pero nada fuera de lo común, con ropajes oscuros y una katana. Genial. No sé quién narices era y que quería, pero ni siquiera me iba a poder enterrar a los caídos. En estos momentos desearía no haber venido solo. Aquel hombre me dijo que me estuviera quieto, y preguntó que quién era y porque estaba enterrando dos cadáveres. Visto así, es normal su actitud hacia mí. No es algo común ver esta situación. Intenté mantener la calma y explicarle la situación - Relájese. No soy ningún criminal. Soy un marine - Señalé con mi dedo índice a la placa de la Marina de mi camisa. Pero para mi sorpresa, no estaba allí. Llevaba la ropa aún puesta del día anterior, donde pasó todo lo relacionado con los piratas Sticky. Puede que se me perdiera en mitad de la batalla. La chaqueta con la que tapé a Minato tampoco estaba. La tiré en mitad del desierto. Entre eso, la camisa llena de sangre seca, no ayudaba a la situación - Mierda... - Dije por lo bajo. Estaba en muy mala posición. Tenía que encontrar la manera de entrarle en razón de que no era un asesino, sino un marine, y no tenía las cartas a mi favor.
Me puse delante de él en una posición recta, calmada. No debía mostrar ningún atisbo de pelea si quería que entrase en razón, pero no podía perderle de vista. Levanté el brazo derecho y con ello la palma - Como en posición de 'stop' - Déjame explicarte todo y lo entenderás rápido - Le dije en un tono tranquilo y amable. Tenía que estar en alerta por lo que pudiera pasar.
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