La llegada de la Justicia [Presente Absoluto]
#4
La brisa del mar soplaba con un ritmo lento y espaciado cuando el Royal Quiver se adentró en las corrientes imprevisibles que conducían hacia Little Garden, aquella isla primitiva que los registros describían como un manto detenido en el tiempo. Moja permanecía sentado en silencio sobre la borda, con las piernas cruzadas y la espalda recta, dejando que el vaivén constante del barco empapara su mente con una serenidad que rara vez se permitía. El rugido distante de alguna bestia oculto entre la niebla le recordaba que el mundo era vasto y peligroso, pero también fascinante. Mientras el navío avanzaba hacia su siguiente destino, la mente del mink pantera retrocedió, casi sin quererlo, hacia los días anteriores, aquellos que habían marcado su entrada al Grand Line y habían redefinido su percepción de lo que significaba sobrevivir en aquel mar infame.
 
Recordó el instante en que su cuerpo salió despedido del Royal Quiver, impulsado por una combinación de mala suerte y una explosión turbulenta que lo arrojó a los cielos como si el océano mismo quisiera deshacerse de él. Aquella sensación de ingravidez repentina, con el viento cortándole la piel y las nubes acercándose demasiado rápido, aún aparecía en sus sueños con una mezcla de ansiedad y extraña nostalgia. Había sido un momento que distaba mucho de ser heroico; más bien una prueba abrupta de que el Grand Line no perdonaba ni los descuidos más mínimos. Había caído en el océano como un proyectil mal dirigido, y sin embargo, incluso en medio de aquel caos, había logrado reencontrarse con la embarcación gracias a su propia tenacidad y a la fortuna caprichosa que a veces le concedía un respiro.
 
Su recuerdo avanzó hacia el extraño grupo improvisado que se formó casi inmediatamente después. Piratas, hombres que la ley marcaría como enemigos pero que en aquel instante se convirtieron en aliados y el contramaestre Stroud, una figura que irradiaba autoridad incluso cuando el terreno se quebraba a su alrededor. Moja no solía confiar en desconocidos, pero aquel momento no le dejó más opción que aceptar la presencia de aquellos individuos que compartían un objetivo tan urgente como el suyo: detener a Uoni. Pese a sus diferencias, todos se vieron arrastrados por una misma corriente que los condujo a una jaula de piedra, un recinto pétreo que se levantaba como un coloso indiferente frente a ellos. Aún podía sentir el eco opresivo de las paredes cerrándose en torno a su respiración, generando un ambiente en el que cada paso parecía resonar como un presagio funesto.
 
Uoni había sido un adversario que encarnaba la brutalidad y la desesperación. Su presencia llenaba aquel lugar como un miasma tangible que se adhería a la piel. La batalla contra él no se desarrolló como un combate limpio o elegante; fue una confrontación feroz, cruda, marcada por golpes que vibraban a través de los huesos y decisiones que debían tomarse en fracciones de segundo. Moja, con su agilidad felina y su disciplina, había actuado como una sombra entre los escombros, atacando desde ángulos inesperados, midiendo sus movimientos con una precisión que apenas dejaba espacio para el error. Aún podía recordar cómo Stroud, firme como un pilar, organizaba el ritmo del combate, manteniendo la cohesión entre distintos guerreros que no habían peleado juntos jamás. Y cómo, sorprendentemente, aquellos piratas demostraron ser más que rufianes en busca de botín: fueron compañeros en una lucha donde la supervivencia era lo único que importaba.
 
La caída de Uoni fue tan abrupta como su aparición. Cuando la tensión acumulada se disipó finalmente, el silencio que siguió se sintió casi irreal. Fue entonces cuando la jaula de piedra se deshizo y tuvieron que salir de alli corriendo hacia la torre que aparecio ante el, donde aparecieron los dos comerciantes, o extractores de fruta, surgidos desde lo alto de aquella torre como figuras ansiosas por recuperar algo que no les pertenecía. Traían consigo un aura enigmática, con un conocimiento demasiado específico sobre las frutas del diablo y una intención demasiado evidente de aprovechar el caos para sus propios fines. Nada sucedió entonces que los comprometiera directamente, pero la presencia de aquellos individuos quedó marcada en la memoria del mink como un recordatorio de que el Grand Line no solo estaba lleno de monstruos y corrientes impredecibles, sino también de personas que ocultaban ambiciones retorcidas bajo sonrisas educadas.
 
Tras aquel encuentro, la salida de Whiskey Peak se sintió casi anticlimática. El pueblo festivo, con sus tejados rojos y sus callejones serpenteantes, quedó atrás mientras el Royal Quiver se adentraba una vez más en el mar abierto. Moja, ya oficialmente carpintero de la división gracias a sus nuevas habilidades y al legado del artesano Sapoten, aprovechó los días siguientes para reforzar la estructura del barco, asegurándose de que cada tablón y cada unión estuvieran preparados para las tormentas impredecibles del Grand Line. Incluso en medio de la calma, los cielos cambiaban con una rapidez que desafiaba toda lógica, obligándolo a ajustar velas, reforzar mástiles y a veces incluso reconstruir piezas que apenas habían comenzado su vida útil. Sus manos nunca descansaban del todo; siempre había algo que reparar, ajustar o mejorar.
 
El viaje continuó durante días que se fundían unos con otros, hasta que un olor nuevo comenzó a mezclarse con el aire salado del mar: un olor profundo, terroso, salvaje, como si el mundo estuviera regresando a un estado primordial. Poco después, enormes sombras comenzaron a surgir en el horizonte, figuras gigantescas que se mecían lentamente como colosos adormecidos. La vegetación densa y los acantilados imposibles se hicieron cada vez más visibles.
 
Little Garden estaba allí, aguardando en silencio, como un fragmento de la prehistoria incrustado en la corriente más peligrosa del mundo.
 
Moja se incorporó, dejó que sus ojos se habituaran a la vista de árboles gigantescos y bestias inmensas moviéndose a lo lejos, y comprendió que este nuevo territorio, igual que los anteriores, lo pondría a prueba de formas que aún no podía imaginar. Pero a diferencia de su llegada al Grand Line, ahora contaba con algo más que reflejos y disciplina.
 
Ahora tenía un propósito. Un oficio.
Un rol que cumplir.
 
Y mientras el Royal Quiver tocaba lentamente las aguas que rodeaban la isla, Moja sintió que la historia apenas comenzaba a desplegarse ante él.



Resumen
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]


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RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - por Moja - 01-12-2025, 10:26 PM

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