01-12-2025, 10:52 PM
“No necesitas charla.”
Palabras tan ciertas que le duele escucharlas porque, aunque pueda parecer delicado, no le gusta verse vulnerable porque, aunque pueda parecer distraído, hay situaciones en las que le gusta estar alerta.
Es confuso, dentro de esa habitación debe confiar en alguien que no conoce, en alguien cuyo rostro se volverá borroso al día siguiente y, aun así, el dolor que se esparce desde su vientre al resto de su torso hace que sea suficiente para que se ponga cómodo, para que se acurruque como un amante bajo las alas negras del lunarian.
Está mal.
Esto está mal.
Tomó aire y se mordió la lengua para evitar seguir hablando, pero mantuvo sus ojos abiertos, negándose a dejarse llevar del todo por el calor agradable que emana del cuerpo ajeno, negándose al confiar del todo, por más que las palabras del desconocido le suenen dulces, a fin de cuentas, no puede fiarse de eso, él mismo sabe cómo hablar dulcemente cuando necesita atraer a una víctima y, además, así como el moreno dijo que no sabe si metió en su habitación a alguien que podría matarlo al día siguiente, el médico tampoco sabe si se metió a la habitación de la persona correcta.
Aun así, se dedicó a escucharlo, aunque no creyera del todo en sus palabras de buen samaritano —un simple sesgo, no podía creer en el lunarian porque él mismo no actuaría así sin un motivo —, pero, al menos, esas palabras lo mantenían consciente, por más que tuvieran la intención de hacerlo sucumbir hacia el mundo de los sueños.
O eso creyó.
Después de todo el discurso sobre como sería lo mejor para él descansar en lugar de hablar, una frase al final cambió el rumbo de las cosas… ¿En verdad quería que le contara cómo podía ayudarlo? Eso era un cambio drástico, una contradicción misma de todo lo que venía diciéndole hasta ahora, pero…aun cuando quisiera seguirle el juego, había ciertas cosas que no podía contar…no…mejor dicho, sí que podía contarlo, pero solo como una verdad a medias.
—Digamos que podría hacer que algunas personas dejen de ser un dolor de cabeza para ti…el cómo lo haré no es algo que necesites saber —susurró de tal manera que solamente el lunarian pudiera escucharlo, a fin de cuentas, aunque estuvieran solos en una habitación, las paredes podían tener oídos y ser demasiado ruidoso no era conveniente —, además, es lo menos que puedo hacer luego de que me ayudaras sin conocerme…a menos que…hayas tenido otros motivos para rescatarme y no me lo estes diciendo, aunque, dudo mucho eso —. Soltó una risa suave al final, como la de una persona que busca complicidad en el otro, algo que tal vez no conseguiría con alguien a quien acaba de conocer.
—¿Sabes? Tienes razón, tal vez debería dormir, si descanso puede que el sueño me ayude a despejar mi mente y, cuando despierte, te puedo hablar de esa manera en la que puedo ayudarte, aunque…de todos modos, ni siquiera sé cuál es tu nombre…nunca me lo dijiste, aunque, tal vez no sea necesario, de todos modos, a mi se me va a olvidar —. Una frase sin contexto que podría hacer ver al pelirosa como un simple malagradecido y desinteresado, pero que en realidad no era más que una verdad pura, se le olvidaría, como se le olvidaba el rostro de todos, nada personal, solo una muestra de su pésima memoria; sin embargo, algo no olvidaría.
El cabello rojo, el vestido rojo.
Rojo.
Rojo.
Rojo.
Como la sangre.
Necesitaba una nueva víctima y la había encontrado en la dueña de esa posada.
No importaba su nombre, tampoco su rostro, con recordar el color que caracterizó a la mujer cuando la vio pasar por aquella puerta sería suficiente para saber que tendría que regresar más veces a ese burdel de mala muerte. No para ser un cliente, si no para investigar y estudiar, para analizar a quien se había convertido, sin saberlo, en su nuevo objetivo.
Pero… ¿Por qué ella?
No podía estar muy seguro de esa respuesta.
Es cierto, el lunarian lo había ayudado, pero él no devolvía favores tan fácilmente, no…no era solo por querer que el moreno saliera de ese lugar…si lo ayudaba en el futuro sería para ganarse su confianza, sería para poder tenerlo cerca y, como era su costumbre, cuando la confianza y la cercanía se hicieran lo común, entonces el hombre de alas negras, su “ángel” de la muerte podía convertirse en uno más de sus experimentos…podía ser su sujeto de estudios.
Por inercia, el solo pensar en poder estudiar a un lunarian lo emocionó tanto que terminó abrazándose con fuerza al hombre, claro que, desde el exterior, podía verse como alguien más débil buscando protección, un acto inocente, tanto como sus acciones, tanto como sus palabras y, eso estaba bien, porque eso debía ser él, eso debía proyectar al mundo, la imagen de alguien incapaz de matar a una mosca, a fin de cuentas, es lo que lo había mantenido con vida hasta ahora.
Dejó que su cabeza reposara en el pecho ajeno, aunque no hizo ademán de aflojar el abrazo, simplemente, por esta ocasión, se dejó llevar por sus ideas, ideas que le permitían relajarse y saborear algo que aún no tenía, pero que podría ser suyo…bien, sea como sea, no se adentró demasiado en ese pensamiento, a fin y al cabo, el dolor empezó a quitarle las pocas fuerzas con las que se había mantenido despierto y, finalmente, su cuerpo cedió ante el sueño.
Ya se sorprendería al día siguiente cuando despertara en el cuarto de un burdel con un “desconocido” a su lado.
