02-12-2025, 05:12 AM
(Última modificación: 02-12-2025, 05:40 AM por Zhang Guolao.)
El viento cálido soplaba sobre su pelaje, y entre el murmullo de las personas, aquella pareja comenzó a adentrarse en aquella aventura. El burro se encontraba animado, y con una gran sonrisa, avanzó aquel camino detrás de la mujer alada que marcaba el paso.
En ocasiones, Bai adelantaba un poco el paso, era de esperarse por su altura, además de que parecía motivada por aquella expedición. —Así es, Dragón —dijo, repitiendo la única palabra que en verdad había entendido. Zhang lamentaba no poder hablar con ella, pero había cosas en la vida mucho más poderosas que las palabras.
Caminaron por todo Samba, y el murmullo y la alegría recorrían cada rincón del lugar. Pasaron por una plaza, donde las personas curiosaban al paso de aquellos seres de tierras lejanas, que no lograban pasar desapercibidos.
Y sí, luego de varios minutos y de recorrer un buen tramo, pese a todos los esfuerzos de la chica y de aquel mapa que llevaba entre sus dedos, parecía que seguían en medio del pueblo, lejos del aquel "Árbol del Dragón". Zhang alzó su vista gastada y observó aún el cielo en lo alto, tenían aún tiempo de sobra.
Pero, algo sucedió. Bai tomó aquella tablilla, y señaló un punto, un tramo, ¿un río? Zhang suspiró un poco y se rascó la cabeza con duda. Aquel río parecía demasiado grande para pasar desapercibido. Estaba claro que necesitaban ayuda, y ella lo entendió.
El burro se movió con prontitud, y tomando aquella tablilla con sus manos, se acercó a aquel viejo. Se veía cansado, y en su piel se reflejaban los años de la fuerza del astro. —¡Hey! —interrumpió el camino del hombre, quien se sobresaltó un poco, dejando caer la caña que llevaba a su espalda.
—Ehh, lo siento, buen hombre —dijo Zhang, mientras se agachaba para ayudar a aquel hombre con su carga—. Mi nombre es Zhang, y mi compañera se llama Bai —dijo, señalando a aquella mujer alada.
—¿Sabe usted dónde puedo encontrar el río? —dijo Zhang, mostrando aquel mapa improvisado.
El hombre, con un ceño fruncid, se tomó un momento para recomponerse antes de mirar el garabato que el viejo burro le ofrecía. Vio aquel círculo con la 'X' y el trazo serpenteante. Una sonrisa se dibujó en su rostro curtido por la dureza de la vida.
—Ese es el Río Grande, muchacho. Si lo que buscan es la selva anozama, deben seguir por allí —señaló con un dedo hacia la espalda de Bai, en la dirección por donde venían, pero cruzando a una calle lateral— se han perdido un poco. Deben volver a la tienda de la esquina, y de ahí tomar la calle de la tierra. Sigan esa recta hasta que los edificios de piedra se conviertan en chozas de madera. El río siempre está a la vista una vez que sales de las murallas del pueblo.
Zhang, se alegro, y sintio alivio por un momento, habían pasado por ese lugar hacia un par de minutos, estaban cerca. Parecía que simplemente, no habían volteado por el lado correcto —Muchas gracias, buen hombre. Le debemos una.
—Vayan con cuidado —respondió el viejo, reajustando su carga y apresurando el paso—. Es fácil perderse si no se conoce el camino.- Aquellas palabras tenían un sin fin de significados, y la sabiduría de los años, era algo que Zhang agradecía. Por un momento se inclino en señal de respeto, y tras ello continuaron su camino.
Zhang se giró hacia Bai, y le entrego aquella tablilla con el mapa. Seguramente ella no había entendido nada. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza, indicándole que el problema estaba resuelto. Mientras movía sus manos torpemente, intentando que ella comprendiera las indicaciones al igual que él.
De este modo, aquella pareja retomó el camino, ahora con una certeza. Siguieron las instrucciones con precisión. Dejaron atrás la plaza central y el bullicio, y pronto dieron paso a estructuras más humildes de madera de las que el anciano hablaba.
El sendero bajo sus pies se transformó en tierra roja. Diez minutos más tarde, el sonido de las aves se hizo más fuerte y el olor a vida salvaje dominó el ambiente, y al superar una pequeña colina, el mundo cambió.
Frente a ellos se extendían los tonos verdes de la selva, y por fin, allí estaba: el Río Grande, resplandeciente bajo el sol de la tarde. Era mucho más imponente de lo que Bai había dibujado en su mapa. La vista era majestuosa, el rio se movía con una fuerza abrupta, y los animales, cantaban y andaban tranquilos, como nunca antes había visto. Silencio estaría encantado en ese lugar. Sin duda, ese lugar era digno de ser el inicio de su verdadera aventura.
Zhang se acercó a Bai y señaló aquel rio, y como si fuera un pequeño infante, dejo sus pertenencias en la orilla, y se lanzo acerco a la orilla, mojando sus pezuñas levemente. Al burro le encantaba el agua, pero estaba condenado a observarla desde lejos. Zhang volteo a ver a Bai, y luego tomo una taza de té vacía, y la lleno con agua del rio. - Gracias Bai.- Le dijo con sinceridad, una vista como esta era el mejor de los regalos. Movió su pata con naturalidad, y golpeo el agua salpicando un poco a su alrededor, tras esto, se acerco a su compañera para que bebiera un poco de agua.
Zhang estaba mas que motivado, y por ello, señalo aquella selva oscura que crecía junto a ellos, iba a encontrar aquella flor para Bai, y un pequeño recuerdo para Silencio. - Dragon. - Le dijo a Bai nuevamente, impaciente por empezar su viaje. Faltaban varias horas para que cayera la noche, y su búsqueda no seria sencilla.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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