¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto]
#5
—¿Restaurante? —Su estómago gruñó con la sola mención de la palabra, así que volvió a tomar el catalejo entre sus manos, lo abrió y lo colocó cerca de uno de sus ojos y el aparato hizo su trabajo: ampliar la vista que tenía de la selvática isla que tenían casi al frente. Miró a la derecha y a la izquierda, aunque no pudiera distinguir una de la otra, y, como sospechó desde la primera vez que dio el anunció, nada de civilización se divisaba en aquella isla. —Ugh…restaurante…restaurante…ni siquiera puedo ver un puerto —murmuró justo antes de bajar el catalejo, rindiéndose en su busca de actividad humana.

Sabía que al llegar a la isla tendrían que buscar un pueblo, una tribu o, al menos, más personas…aunque no pudiera confiar tan fácil en cualquiera, pero, mientras tanto ¿Cómo le daría a los demás la mala noticia de que en la distancia no se veía nada de lo que ellos estaban esperando…No, el problema no era darle la mala noticia a los demás, el problema era que él mismo no quería aceptar que estuvieran a punto de desembarcar en una isla que, al menos desde su lugar, se veía salvaje a todas luces.

—Jmmm…Tal vez ese restaurante tengamos que buscarlo con mucha minuciosidad cuando lleguemos a tierra —dijo elevando su voz para que los que estuvieran abajo también pudieran escucharlo y, de paso, para autoconvencerse de que quizá la “civilización” estuviera escondida entre los árboles.

Fue una suerte que la voz de Thrym pudiera interrumpir cualquier cuestionamiento a lo que el médico acababa de afirmar, pues con la cantidad de decibeles que producía cada vez que hablaba era normal que toda la atención se centrara en él y nada más que él…aunque lo que dijo el pelirrojo solo cuestionó las sospechas que él ya tenía.

Se dejó caer sentado en el pequeño canasto del puesto de vigía, lamentándose por la mala suerte de tener que llegar a un lugar como el que el gigante describía, quería hacerse el ciego, cambiar el paisaje a su favor, creer que su mente le jugaba una mala pasada después de estar horas estudiando bajo el sol, pero no…parecía que no.

—No quiero revisar a nadie…quiero comer y dormir…Agh…—Se quejó, arrastrando las palabras, impregnando su voz con la pereza que sentía en ese momento. —¿Por qué tenemos que desembarcar en una selva tropical? ¿No hay manera de evitarlo? No me molestaría pasar más tiempo en alta mar con tal de no tener que lidiar con quien sabe que tipo de bichos, estoy seguro de que Merlot me apoyaría con la idea de pasar más tiempo rodeados de agua —. Lo único malo es que no podían darse ese lujo, no ahora, no cuando debían buscar provisiones, a fin de cuentas, alimentar a un gigante no era tarea fácil. Suspiró…sabía que saltarse esa isla solo era algo con lo que podía soñar, así que se resignó y volvió a ponerse de pie para apoyarse en el puesto de vigía, observando el horizonte mientras el viento peinaba su cabello.

Quizá fue en el momento en que estuvo sentado en el “carajo” que la peli celeste aprovechó para subir hasta el hombro del gigante, ahora quedando casi a su altura y haciendo la comunicación con ella mucho más fácil, tanto que escuchó con claridad los elogios hacia el navegante y sus cuestionamientos sobre la flora de la próxima isla.

El médico miró hacia el frente, cada vez era más claro el territorio al que arribarían y estaba casi seguro de que esos árboles no eran como los que la sirena describía…no, no estaba “casi” seguro, lo estaba al 100%.

—Yo sí que sé de plantas, Merlot, al menos sé sobre sus usos medicinales y para…bueno…otros tipos de usos —. Venenos, afrodisíacos y tantos más que no valía la pena mencionar, mucho menos frente a los demás tripulantes. —Pero, aunque no supiera de estas, debo decirte que Tomato —Thrym. —…tiene razón, esos no son bonsáis, no por lo que pude ver desde el catalejo…de hecho, me atrevería a decir que los bonsáis de los que hablas son mucho más pequeños que lo que tenemos al frente —. Eso lo hizo tragar saliva y sujetarse con fuerza de la madera de la canasta del vigía.

La ansiedad empezaba a recorrerlo y, antes de que llegaran a la costa, se deslizó por una de las sogas del barco y llegó a cubierta. Conocía el procedimiento para desembarcar y estaba dispuesto a ayudar a preparar el barco antes de llegar a la isla, pero, algo lo detuvo en seco antes de que pudiera tocar nada.

La potente voz de Thrym salió mucho más alta de lo habitual y lo que dijo no era una sugerencia, era una orden que debían seguir si querían permanecer dentro del barco. Agradeció que llevaba sus manos enguantadas, así que no tuvo miedo de sujetarse con fuerza de una cuerda cercana a él, justo a tiempo para evitar que el brusco movimiento de la embarcación pudiera tirarlo hacia otro lado de la cubierta o, peor aún, al mar, que para alguien que estaba acostumbrado a pasar tiempo en el océano, no era difícil de descifrar que estaba picado, casi como si quisiera alejarlos del lugar.

Se mordió con fuerza el labio inferior mientras que con una fuerza aún mayor se sujetaba de las cuerdas. El sonido de la madera del barco chirriando contra algo que parecía rozarlo logró hacer que su corazón se acelerara y que su pulso no volviera a la normalidad incluso cuando el peligro parecía haber pasado. No necesitaba otro naufragio para su lista.

—¿Demasiado cerca? —Sus palpitaciones empezaron a regularse y con ello pudo soltarse de la cuerda a la que se aferró, aprovechando para respirar y, de paso, sacar de su pantalón un frasquito con esencia de menta, el cual abrió para inhalar y tranquilizarse, tal cual como si de una droga se tratara. —Creí que volveríamos a naufragar —. Tan fatalista como siempre, como si no se diera cuenta que la suerte estaba de su lado.

Guardó el frasquito con la menta en cuanto se calmó y, luego, peinó su cabello y acomodó su ropa, como si nada de lo anterior hubiera ocurrido. —No te preocupes, Tomato, estamos tranquilos…al menos yo lo estoy —. Y eso no era una mentira, porque al menos ahora sí podía ver la cercanía de la costa, la arena blanca que, a esa hora, seguro aún estaría tibia por el sol del día.

—Jensen, Merlot ¿Qué hay de ustedes? ¿Todo en orden? No quiero gastar insumos médicos en lesiones que pueden evitarse —. Movió su cabeza en varias direcciones, buscando con la mirada a los otros dos tripulantes antes de moverse hacia el centro del barco, acercándose a los mástiles para empezar a reducir las velas, primero las principales, luego se encargaría del resto, aunque…tal vez los otros podían empezar a ayudar.

—Jmmm…Oigan…Si no les importa —Miró a Jensen primero. —…Prepara los cabos, revísalos para luego desenrrollarlos y, Merlot —. Sea donde sea que estuviera la chica, habló en voz alta para que lo escuchara. —¿Crees que puedas preparar el ancla? Si no, puedo tomar esa tarea mientras te encargas de las velas —. No supo porque empezó a organizar a todos, tal vez era esa tranquilidad de poder llegar seguros a su destino, eso sí, no esperaba que fueran rápidos, solo esperaba que fueran eficientes, a fin y al cabo, no había apuro.  

Little Garden no iba a moverse de donde estaba.

Karmas


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RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - por Hyákinthos - 03-12-2025, 08:59 AM

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