Mientras me dirigía hacia la bodega del barco no podía evitar sonreír recordando los gritos que me había lanzado Jolyne al haberla asustado. Me habló de una cabra, esperaba que hoy nos contara una de esas historias tan divertidas que tenía de su vida como granjera. Siempre salía con una anécdota graciosa e innovadora. Esta Jolyne, nunca cambiará…
Una vez bajo, en la bodega, me dediqué a ir haciendo viajes hacia la cubierta para sacar todo lo necesario para la fiesta de celebración. Saqué dos grandes cajas repletas de botellas de vino y ron, en total habría como cuarenta, y también un instrumento raruno. Coloqué también en la cubierta una gran mesa que había abajo llena de polvo y mapas viejos garabateados que ya no tenían ninguna función. En la mesa comencé a posicionar las botellas, sacándolas de las cajas, jarras de madera y gorritos de cumpleaños en forma de pico que, por algún motivo, estaban en perfecto estado de conservación. Cogí uno de los gorritos y me lo puse en la cabeza, pero la goma no era lo suficientemente elástica y cedió ante la presión, saliendo el sombrerito disparado hacia el mar. Una pena. Me fijé en todos ellos, en mis nakamas… Triana esperaba con ansia beber de una de las botellas que había sacado ella de la bodega, Jolyne parecía lista también para beber como la loca borracha que era, y Aspros tiraba copas al mar mientras hacía tiempo para el gran brindis.
-¡Jolyne toca algo mientras doy mi discurso! -le grité mientras le tiraba ese aparatoso y pesado instrumento con firmeza. -Ejem… -carraspeé antes de comenzar con mi discurso. -Mis intrépidos, valientes y astutos nakamas, hoy nos reunimos en este navío, nuestro orgulloso barco pirata, con el espíritu de la aventura en nuestras almas y el viento del océano en nuestras velas. ¡Mirad a vuestro alrededor! Este barco no es sólo madera y clavos, ¡es libertad! En nuestros corazones late el espíritu intrépido y rebelde de los grandes piratas que nos han precedido como el Rey de los Piratas, Voi D. Rowned, que su leyenda nos inspire a ser valientes y a no temer de los enemigos más feroces, porque el camino no será fácil, pero será maravilloso. Que el océano sea nuestro testigo y que el viento nos sea favorable. ¡Que la tripulación de los Alas Negras y su barco, el Tango de la Sultana sea eternamente temida y respetada! ¡Ahora mis nakamas, bebamos hasta encontrar tierra a la vista! -grité contento dando un salto de alegría mientras agarraba una botella de algo que había en la mesa y me la bebía de un trago.
Me encontraba flotando por la cubierta del barco por culpa de mi habilidad de la fruta del diablo, con un dolor de cabeza terrible y sin acordarme de nada de lo que había pasado. Emergí del todo de la madera del barco y me puse en pie, a lo lejos vi una isla… ¡UNA ISLA! Abrí los ojos de par en par y grité:
-¡Tierra a la vista!
Una vez bajo, en la bodega, me dediqué a ir haciendo viajes hacia la cubierta para sacar todo lo necesario para la fiesta de celebración. Saqué dos grandes cajas repletas de botellas de vino y ron, en total habría como cuarenta, y también un instrumento raruno. Coloqué también en la cubierta una gran mesa que había abajo llena de polvo y mapas viejos garabateados que ya no tenían ninguna función. En la mesa comencé a posicionar las botellas, sacándolas de las cajas, jarras de madera y gorritos de cumpleaños en forma de pico que, por algún motivo, estaban en perfecto estado de conservación. Cogí uno de los gorritos y me lo puse en la cabeza, pero la goma no era lo suficientemente elástica y cedió ante la presión, saliendo el sombrerito disparado hacia el mar. Una pena. Me fijé en todos ellos, en mis nakamas… Triana esperaba con ansia beber de una de las botellas que había sacado ella de la bodega, Jolyne parecía lista también para beber como la loca borracha que era, y Aspros tiraba copas al mar mientras hacía tiempo para el gran brindis.
-¡Jolyne toca algo mientras doy mi discurso! -le grité mientras le tiraba ese aparatoso y pesado instrumento con firmeza. -Ejem… -carraspeé antes de comenzar con mi discurso. -Mis intrépidos, valientes y astutos nakamas, hoy nos reunimos en este navío, nuestro orgulloso barco pirata, con el espíritu de la aventura en nuestras almas y el viento del océano en nuestras velas. ¡Mirad a vuestro alrededor! Este barco no es sólo madera y clavos, ¡es libertad! En nuestros corazones late el espíritu intrépido y rebelde de los grandes piratas que nos han precedido como el Rey de los Piratas, Voi D. Rowned, que su leyenda nos inspire a ser valientes y a no temer de los enemigos más feroces, porque el camino no será fácil, pero será maravilloso. Que el océano sea nuestro testigo y que el viento nos sea favorable. ¡Que la tripulación de los Alas Negras y su barco, el Tango de la Sultana sea eternamente temida y respetada! ¡Ahora mis nakamas, bebamos hasta encontrar tierra a la vista! -grité contento dando un salto de alegría mientras agarraba una botella de algo que había en la mesa y me la bebía de un trago.
-Horas más tarde-
Me encontraba flotando por la cubierta del barco por culpa de mi habilidad de la fruta del diablo, con un dolor de cabeza terrible y sin acordarme de nada de lo que había pasado. Emergí del todo de la madera del barco y me puse en pie, a lo lejos vi una isla… ¡UNA ISLA! Abrí los ojos de par en par y grité:
-¡Tierra a la vista!
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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