04-12-2025, 06:22 AM
—¡Perdón, perdón!— Trate de excusarme. —¡Casi nos comemos un arrecife entero! Juro que apareció de la nada. Bueno… no apareció, estaba ahí, fijo… pero ya me entienden.— Negué con la cabeza, aún sintiendo el latido acelerado en las sienes. —El barco lo esquivó por un pelo—
Hyak se veía preocupado, Jensen también… pero MM, en cambio, estaba ahí arriba en mi hombro riéndose como si acabáramos de bajar por un tobogán, no por una corriente que nos quiso partir al medio. Esa mujer era un misterio, pero… verla así me aflojó un poco el pecho. Todavía sentía culpa por haberla obligado a vender a Cara Melo. Que sonriera era un alivio que no dije en voz alta, pero sí pensé muy fuerte.
A un kilómetro de la costa, guié el barco hacia la izquierda, bordeando la línea de playa. Buscaba algún puerto, alguna estaca, un muelle pobre… algo. Pero no había nada. Solo árboles gigantes, raíces gruesas como serpientes, y selva densa hasta perderse en el horizonte. —Isla virgen, entonces…— Murmuré, ajustando el rumbo. Podía intentar anclar lejos y usar un bote… pero con la quilla ya arañada, eso era tentar a la mala suerte. Lo mejor era carenar. Varar el barco a propósito, enderezarlo, y dejar que Jin, y todo el que quisiera ayudar, remendara lo que hiciera falta.
Apreté ambos lados del timón como si fuera un molino de juguete y busqué el ritmo de la marea. —¡Arríen velas poco a poco!—Ordené sin apartar los ojos del agua. —¡Despacito! No quiero que toquemos tierra rápido o nos vamos a meter la proa en las narices.— La madera crujió, se acomodó… sentí cómo la corriente nos empujaba sin fuerza suficiente para romper nada. Justo lo que necesitaba. Cuando la arena apareció bajo nosotros, apenas un susurro de fricción se escuchó desde la base del casco. MM arrojó el ancla justo en el momento oportuno y cuando la cadena se tensó, el barco quedó firme, quieto, seguro.
—Bien… muy bien.— Murmuré dejando ir, por fin, un suspiro enorme. Solté el timón como si se me hubieran entumecido los dedos y bajé a grandes pasos hacia la proa. Jensen ya estaba ahí, ayudando a revisar las sogas. Tomé un manojo de cuerdas enormes y me las eché al hombro como si fueran bufandas. Luego silbé fuerte hacia Hyak y hacia el propio Jensen. —¡Vamos, ustedes dos!— Grité mientras bajaba por el tablón improvisado hacia la arena. —¡A preparar todo para el carenado! Necesitamos un buen árbol firme para sostener al barco en cuanto la marea baje. Y por suerte, en esta isla sobran.—
Mientras avanzaba por la playa con las cuerdas a cuestas observando la costa llena de arboles y únicamente mas arboles, no pude evitar sonreír. La isla era peligrosa, sí… pero habíamos llegado enteros.
Hyak se veía preocupado, Jensen también… pero MM, en cambio, estaba ahí arriba en mi hombro riéndose como si acabáramos de bajar por un tobogán, no por una corriente que nos quiso partir al medio. Esa mujer era un misterio, pero… verla así me aflojó un poco el pecho. Todavía sentía culpa por haberla obligado a vender a Cara Melo. Que sonriera era un alivio que no dije en voz alta, pero sí pensé muy fuerte.
A un kilómetro de la costa, guié el barco hacia la izquierda, bordeando la línea de playa. Buscaba algún puerto, alguna estaca, un muelle pobre… algo. Pero no había nada. Solo árboles gigantes, raíces gruesas como serpientes, y selva densa hasta perderse en el horizonte. —Isla virgen, entonces…— Murmuré, ajustando el rumbo. Podía intentar anclar lejos y usar un bote… pero con la quilla ya arañada, eso era tentar a la mala suerte. Lo mejor era carenar. Varar el barco a propósito, enderezarlo, y dejar que Jin, y todo el que quisiera ayudar, remendara lo que hiciera falta.
Apreté ambos lados del timón como si fuera un molino de juguete y busqué el ritmo de la marea. —¡Arríen velas poco a poco!—Ordené sin apartar los ojos del agua. —¡Despacito! No quiero que toquemos tierra rápido o nos vamos a meter la proa en las narices.— La madera crujió, se acomodó… sentí cómo la corriente nos empujaba sin fuerza suficiente para romper nada. Justo lo que necesitaba. Cuando la arena apareció bajo nosotros, apenas un susurro de fricción se escuchó desde la base del casco. MM arrojó el ancla justo en el momento oportuno y cuando la cadena se tensó, el barco quedó firme, quieto, seguro.
—Bien… muy bien.— Murmuré dejando ir, por fin, un suspiro enorme. Solté el timón como si se me hubieran entumecido los dedos y bajé a grandes pasos hacia la proa. Jensen ya estaba ahí, ayudando a revisar las sogas. Tomé un manojo de cuerdas enormes y me las eché al hombro como si fueran bufandas. Luego silbé fuerte hacia Hyak y hacia el propio Jensen. —¡Vamos, ustedes dos!— Grité mientras bajaba por el tablón improvisado hacia la arena. —¡A preparar todo para el carenado! Necesitamos un buen árbol firme para sostener al barco en cuanto la marea baje. Y por suerte, en esta isla sobran.—
Mientras avanzaba por la playa con las cuerdas a cuestas observando la costa llena de arboles y únicamente mas arboles, no pude evitar sonreír. La isla era peligrosa, sí… pero habíamos llegado enteros.
