Me había pasado. Pareciera que ninguno de los dos estaba preparado para asumir un encuentro con Haoshoku. Pero no podía arriesgarme a que intentasen hacerle algo al lagarto y tuviera que matarlos... yo había venido de vacaciones a encontrar bichos gordos divertidos, no a tener que aplastar cabezas. Obviamente si tenía que aplastarlas lo iba a hacer, pero prefería no tener que agriarme la visita y dedicarme sólo a buscar aquellos animales enormes y disfrutar de encontrarlos.
La muchacha permaneció quieta, estática, casi fría y totalmente inmóvil. El chico balbuceó algo frente a mi, diciendo que yo era el tipo con la máscara de agujeros. Bufé por la nariz ante la evidencia ¡pues claro! ¡Llevaba una máscara y estaba llena de agujeros! Tampoco es que demostrase con ese comentario ser el lápiz más afilado del estuche, pero eso daba igual. Comenzó a temblar y a sudar, nervioso, entregándome rápido la tortuga retrasada sin caparazón - que recogí con mi mano de carne y hueso - tras este haber rasgado la manga derecha de la parte superior de su ropa — Gracias — dije, tranquilo, recibiendo el animal y agachándome despacio para dejarlo en el suelo, desactivando mi Haoshoku y dejando que la criatura se fuese corriendo perdiéndose entre los matorrales. Los soldados también recuperaron la movilidad, y tras erguirme miré por encima de mi hombro — ¿Lo veis? Lagartos gordos — dije con una sonrisa que nadie pudo apreciar. Aunque el reptil raro era una cría o parecía una especie diminuta, esto hacía que fuese posible encontrar tarde o temprano más de ellos.
Entonces el chico decidió que era el momento de hacer más preguntas. Empezó preguntando que si yo era el usuario de una fruta del diablo que emitía calor, y me habló de un tal Paolo, diciéndome que le había hablado de mi y que la chica que le acompañaba me necesitaba. Chasqueé una lengua y arqueé una ceja — No conozco a ningún Paulo — dije con seriedad cruzándome de brazos — Y no sé por qué yo o mi akuma no mi somos un tema que os concierna — añadí con sequedad, inclinando un poco el torso hacia la izquierda para mirar por detrás del muchacho y ver a aquella chica estática — ¿Y qué se supone que necesita esa de mi? Búscale un perro guía — finalicé, y descrucé los brazos girándome y dándoles la espalda para mirar a mis hombres. Alcé la mano e hice el gesto de dar dos giros con la muñeca en el aire — En marcha, ahora que hemos visto a ese bicho sabemos que hay lagartos gordos por aquí — y mis tropas comenzaron a moverse hacia delante, por donde habíamos venido, prendiendo el Den Den Mushi e informando a los demás del avistamiento que habíamos hecho. Dürr se juntó a mi y con su ridículo y carismático caminar seguimos lentamente al grupo a punto de adentrarnos en la maleza
La muchacha permaneció quieta, estática, casi fría y totalmente inmóvil. El chico balbuceó algo frente a mi, diciendo que yo era el tipo con la máscara de agujeros. Bufé por la nariz ante la evidencia ¡pues claro! ¡Llevaba una máscara y estaba llena de agujeros! Tampoco es que demostrase con ese comentario ser el lápiz más afilado del estuche, pero eso daba igual. Comenzó a temblar y a sudar, nervioso, entregándome rápido la tortuga retrasada sin caparazón - que recogí con mi mano de carne y hueso - tras este haber rasgado la manga derecha de la parte superior de su ropa — Gracias — dije, tranquilo, recibiendo el animal y agachándome despacio para dejarlo en el suelo, desactivando mi Haoshoku y dejando que la criatura se fuese corriendo perdiéndose entre los matorrales. Los soldados también recuperaron la movilidad, y tras erguirme miré por encima de mi hombro — ¿Lo veis? Lagartos gordos — dije con una sonrisa que nadie pudo apreciar. Aunque el reptil raro era una cría o parecía una especie diminuta, esto hacía que fuese posible encontrar tarde o temprano más de ellos.
Entonces el chico decidió que era el momento de hacer más preguntas. Empezó preguntando que si yo era el usuario de una fruta del diablo que emitía calor, y me habló de un tal Paolo, diciéndome que le había hablado de mi y que la chica que le acompañaba me necesitaba. Chasqueé una lengua y arqueé una ceja — No conozco a ningún Paulo — dije con seriedad cruzándome de brazos — Y no sé por qué yo o mi akuma no mi somos un tema que os concierna — añadí con sequedad, inclinando un poco el torso hacia la izquierda para mirar por detrás del muchacho y ver a aquella chica estática — ¿Y qué se supone que necesita esa de mi? Búscale un perro guía — finalicé, y descrucé los brazos girándome y dándoles la espalda para mirar a mis hombres. Alcé la mano e hice el gesto de dar dos giros con la muñeca en el aire — En marcha, ahora que hemos visto a ese bicho sabemos que hay lagartos gordos por aquí — y mis tropas comenzaron a moverse hacia delante, por donde habíamos venido, prendiendo el Den Den Mushi e informando a los demás del avistamiento que habíamos hecho. Dürr se juntó a mi y con su ridículo y carismático caminar seguimos lentamente al grupo a punto de adentrarnos en la maleza
Resumen
Olvidadizo
Bélico
Inventario
Compañia

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