07-12-2025, 05:46 AM
Mientras caminábamos, Dürr me miraba con cara aun más rara y estúpida que de costumbre, como un perro que está esperando a que le des comida. No entendía que quería ese bicho ahora que ya no estaba subido encima suyo y estaba caminando por mi propio pie, ¿qué es lo que me estaba pidiendo? ¿qué reclamaba? Pues menuda montura, si no era capaz de llevarme encima suyo y encima me miraba con cara de idiota pidiéndome algo que no sabía expresar ni yo entender.
Mientras nos desplazábamos hacia la maleza para proseguir con nuestra ruta, la muchacha comenzó a hablar diciendo que ella tenía una fruta que producía frío - curioso paralelismo, pero nada sorprendente habiendo pasado tanto tiempo con Viktor - y que quería aprender a usarla y que podría ofrecerme algo si la enseñaba a usar sus poderes... ¡Idiota! ¿Qué iba a necesitar que no pudiera conseguir por mi mismo? Era un Emperador del Inframundo, tenía contactos con la Marina en el más alto nivel, tenía acceso al mercado negro y controlaba prácticamente la totalidad del mercado financiero del mundo, y por si fuera poco tenía las suficientes capacidades de aumentar mi fortuna cazando a una que otra cabeza de cuando en cuando... pues mi licencia de gremio seguía activa y actualizada en los registros del Gobierno Mundial.
Pero entonces sí que dijo algo que llamó mi atención. Dijo... no, aseguró que podía ayudarme a encontrar los lagartos que estaba buscando. Paré en seco y Dürr conmigo, abriendo y cerrando el collar o las aletas de su cuello haciendo un ruido gutural, que hizo que mis soldados se detuviesen también — ¿Qué? — pregunté en seco, tras lo que la chica se presentó con dándome su nombre y preguntaba mi nombre, pero antes de poder responder, el muchacho hiperactivo cabezahueca se unió a la conversación, se presentó con su nombre y apostó conmigo cincuenta mil berries a que podíamos encontrar un sin fin de criaturas del estilo, cada vez exagerando más el número e impidiéndome concentrarme en la conversación que nos acontecía, preguntándome si me pensaría el ayudarla si me ayudaban a encontrar lagartos gordos, mientras yo miraba fijamente a la chica de ojos vendados.
Suspiré y encaré al chico — Tú. Cállate, ahora — dije señalando con el índice de mi mano izquierda al muchacho hablador, y pasé a señalar a la chica — Y tú, Buen Shaolín Juan, ¿puedes garantizar que encontraremos un lagarto bien gordo en menos de un par de días? — pregunté sin miramientos esperando su respuesta — Quiero uno enorme, con escamas grandes y duras. Que tenga cuernos, o pinchos... o una cola chula — mi brazo emitió una pequeña bocanada de humo de nuevo con una pequeña vibración — Pero ¿acaso ves algo debajo de esas telas? ¿cómo cojones va a encontrarlos si no está mirando? — volví a preguntar, primero a ella y luego a él, alzando de nuevo el índice hacia el chico — No respondas, calla — y pasé a señalar a la chica por segunda vez — Bueno, no necesito saberlo. Si él se calla y tú encuentras lo que busco, os devolveré el favor — finalicé, esperando por ver qué era lo que aquella pareja de no primos tenía que decirme.
Mientras nos desplazábamos hacia la maleza para proseguir con nuestra ruta, la muchacha comenzó a hablar diciendo que ella tenía una fruta que producía frío - curioso paralelismo, pero nada sorprendente habiendo pasado tanto tiempo con Viktor - y que quería aprender a usarla y que podría ofrecerme algo si la enseñaba a usar sus poderes... ¡Idiota! ¿Qué iba a necesitar que no pudiera conseguir por mi mismo? Era un Emperador del Inframundo, tenía contactos con la Marina en el más alto nivel, tenía acceso al mercado negro y controlaba prácticamente la totalidad del mercado financiero del mundo, y por si fuera poco tenía las suficientes capacidades de aumentar mi fortuna cazando a una que otra cabeza de cuando en cuando... pues mi licencia de gremio seguía activa y actualizada en los registros del Gobierno Mundial.
Pero entonces sí que dijo algo que llamó mi atención. Dijo... no, aseguró que podía ayudarme a encontrar los lagartos que estaba buscando. Paré en seco y Dürr conmigo, abriendo y cerrando el collar o las aletas de su cuello haciendo un ruido gutural, que hizo que mis soldados se detuviesen también — ¿Qué? — pregunté en seco, tras lo que la chica se presentó con dándome su nombre y preguntaba mi nombre, pero antes de poder responder, el muchacho hiperactivo cabezahueca se unió a la conversación, se presentó con su nombre y apostó conmigo cincuenta mil berries a que podíamos encontrar un sin fin de criaturas del estilo, cada vez exagerando más el número e impidiéndome concentrarme en la conversación que nos acontecía, preguntándome si me pensaría el ayudarla si me ayudaban a encontrar lagartos gordos, mientras yo miraba fijamente a la chica de ojos vendados.
Suspiré y encaré al chico — Tú. Cállate, ahora — dije señalando con el índice de mi mano izquierda al muchacho hablador, y pasé a señalar a la chica — Y tú, Buen Shaolín Juan, ¿puedes garantizar que encontraremos un lagarto bien gordo en menos de un par de días? — pregunté sin miramientos esperando su respuesta — Quiero uno enorme, con escamas grandes y duras. Que tenga cuernos, o pinchos... o una cola chula — mi brazo emitió una pequeña bocanada de humo de nuevo con una pequeña vibración — Pero ¿acaso ves algo debajo de esas telas? ¿cómo cojones va a encontrarlos si no está mirando? — volví a preguntar, primero a ella y luego a él, alzando de nuevo el índice hacia el chico — No respondas, calla — y pasé a señalar a la chica por segunda vez — Bueno, no necesito saberlo. Si él se calla y tú encuentras lo que busco, os devolveré el favor — finalicé, esperando por ver qué era lo que aquella pareja de no primos tenía que decirme.
Resumen
Olvidadizo
Inventario
Compañia

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