09-12-2025, 05:35 AM
El viaje no había sido nada del otro mundo y ese era precisamente el problema. Para Sigrid, cinco metros de energía vikinga amarrados a la disciplina de soldado raso, estar en un barco durante días sin poder beber, entrenar como quería, porque podía romper la cubierta o siquiera unirse a los desarreglos de los civiles era una prueba de paciencia más dura que cualquier combate. Su deber era mantenerse firme, alerta, erguida y con la sonrisa lista para cualquier emergencia, pero nada ocurrió. Ni una pésima tormenta, ni un pirata despistado, ni un monstruo marino buscando desayuno. Solo olas tranquilas, brisa constante y un silencio que se le metía en los huesos. Eso y el rechinido de la madera que, si ella no fuera tan olvidadiza, probablemente hubiera bautizado con nombres propios. Aun así, llegaron a Baterilla el viernes 45 de Invierno sin contratiempos, aunque corrió el rumor de un par de muertes repentinas que el capitán tendría que explicar más tarde. Pero incluso eso había pasado lejos de su alcance. Nada emocionante, nada que pudiera resolver con una gran sonrisa o con un golpe bien dado, solo viaje.
Un par de personas intentaron hablarle durante la travesía, pero Sigrid, siempre amable, solo podía pensar en una cosa: llegar al cuartel de la Marina. Era su primer día oficial como soldado, el verdadero inicio de la historia que quería escribir, la oportunidad de demostrar que los buccaneers no eran solo fuerza salvaje, sino lealtad, justicia y una sonrisa gigantesca. Por eso, cuando pusieron pie en tierra, no se permitió perder tiempo. Ajustó el uniforme especialmente confeccionado para su altura, estiró la espalda como si despertara de una larga siesta y se dispuso a caminar hacia el cuartel. La distancia era larga incluso para ella, pero Sigrid la vio como un calentamiento ligero, hasta que aquella chica se le acercó. Habían viajado en el mismo barco, pero no habían intercambiado palabra alguna. Aun así, la muchacha, quizás con algo de timidez, le pidió ayuda.
La respuesta de Sigrid fue inmediata, explosiva y llena de entusiasmo sincero. Su rostro se iluminó, sus ojos brillaron y soltó una risita de esas que solo ella tenía: —¡Awwwwww! ¡Claro que sí! VIKYKYKYKY. ¡Yo también voy al cuartel de la Marina! ¡Será un honor ayudarte!—. La sola idea de que alguien necesitara de ella le calentó el pecho como si el Invierno no existiera. Era honrada, humilde, auténtica hasta el hueso. Que alguien confiara en ella tan rápido la hizo sentir como si le hubieran dado una pequeña misión, su primera misión oficial, y no pensaba decepcionar. Enderezó los hombros, sonrió con fuerza y se dispuso a caminar junto a la chica, lista para enfrentar lo que viniera, aunque fuera simplemente una caminata hacia el futuro.
—¡Yo estaba dentro desde que dijiste “disculpe”!— dijo Sigrid con esa voz que retumbaba como un tambor de guerra alegre, inclinándose un poco para poder mirar mejor a la chica, aunque seguía sonriendo de oreja a oreja —¡Pero si hay música y comida es aún mejor! VIKYKYKYKYKY— añadió con una risa vibrante que hizo girar más de una cabeza en el muelle, sin perder el entusiasmo, dio el primer paso para caminar junto a la muchacha, acomodando la alabarda en su espalda como si fuera un simple palito de madera, para ella, hacer buenas migas con todos era tan importante como respirar; un marine debía proteger, servir y sonreír a cualquiera, incluso a los comerciantes que solo venían a ofrecer sus productos.
Ahora que por fin estaba en Baterilla, y que el cielo parecía rendirse al invierno igual que el mar al silencio, Sigrid sentía que había llegado el momento de demostrar todo lo que había aprendido desde aquellos días como recluta en el North Blue. Así que, sin dudarlo ni un segundo, enderezó la espalda, infló el pecho y declaró con orgullo silencioso, aunque su volumen jamás fuese realmente silencioso, que su primera tarea sería escoltar sana y salva a aquella chica y a su grupo, como una verdadera hija del Norte y soldado de la justicia que era.
Un par de personas intentaron hablarle durante la travesía, pero Sigrid, siempre amable, solo podía pensar en una cosa: llegar al cuartel de la Marina. Era su primer día oficial como soldado, el verdadero inicio de la historia que quería escribir, la oportunidad de demostrar que los buccaneers no eran solo fuerza salvaje, sino lealtad, justicia y una sonrisa gigantesca. Por eso, cuando pusieron pie en tierra, no se permitió perder tiempo. Ajustó el uniforme especialmente confeccionado para su altura, estiró la espalda como si despertara de una larga siesta y se dispuso a caminar hacia el cuartel. La distancia era larga incluso para ella, pero Sigrid la vio como un calentamiento ligero, hasta que aquella chica se le acercó. Habían viajado en el mismo barco, pero no habían intercambiado palabra alguna. Aun así, la muchacha, quizás con algo de timidez, le pidió ayuda.
La respuesta de Sigrid fue inmediata, explosiva y llena de entusiasmo sincero. Su rostro se iluminó, sus ojos brillaron y soltó una risita de esas que solo ella tenía: —¡Awwwwww! ¡Claro que sí! VIKYKYKYKY. ¡Yo también voy al cuartel de la Marina! ¡Será un honor ayudarte!—. La sola idea de que alguien necesitara de ella le calentó el pecho como si el Invierno no existiera. Era honrada, humilde, auténtica hasta el hueso. Que alguien confiara en ella tan rápido la hizo sentir como si le hubieran dado una pequeña misión, su primera misión oficial, y no pensaba decepcionar. Enderezó los hombros, sonrió con fuerza y se dispuso a caminar junto a la chica, lista para enfrentar lo que viniera, aunque fuera simplemente una caminata hacia el futuro.
—¡Yo estaba dentro desde que dijiste “disculpe”!— dijo Sigrid con esa voz que retumbaba como un tambor de guerra alegre, inclinándose un poco para poder mirar mejor a la chica, aunque seguía sonriendo de oreja a oreja —¡Pero si hay música y comida es aún mejor! VIKYKYKYKYKY— añadió con una risa vibrante que hizo girar más de una cabeza en el muelle, sin perder el entusiasmo, dio el primer paso para caminar junto a la muchacha, acomodando la alabarda en su espalda como si fuera un simple palito de madera, para ella, hacer buenas migas con todos era tan importante como respirar; un marine debía proteger, servir y sonreír a cualquiera, incluso a los comerciantes que solo venían a ofrecer sus productos.
Ahora que por fin estaba en Baterilla, y que el cielo parecía rendirse al invierno igual que el mar al silencio, Sigrid sentía que había llegado el momento de demostrar todo lo que había aprendido desde aquellos días como recluta en el North Blue. Así que, sin dudarlo ni un segundo, enderezó la espalda, infló el pecho y declaró con orgullo silencioso, aunque su volumen jamás fuese realmente silencioso, que su primera tarea sería escoltar sana y salva a aquella chica y a su grupo, como una verdadera hija del Norte y soldado de la justicia que era.
BOXIBOTTON
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
