09-12-2025, 01:31 PM
Frondosas selvas, y titánicos árboles en antaño arropaban aquella isla, las leyendas de grandes reptiles que reinaban hace muchos siglos poblaban la ínsula. Las olas arrullaban y mecían el barco con gracilidad, mientras la brisa matutina empujaba el navío, recio y poderoso, erguido sobre la mar. No fue el primer barco que tuvimos, pero era el que nos conducía en aquel momento a la tierra de las leyendas, aunque qué isla no tiene su leyenda en este mar lleno de peligros. Navegando por el cementerio de piratas, el Grand Line, aguas misteriosas con grandes tesoros por hallar.
“Tierra a la vista” Gritan al timonel, tuerto de un ojo y frío como el invierno, viraba y surcaba las aguas sin temor alguno. Las secuoyas se veían de lejos, y sin nadie en la costa, helechos gigantes por faldas y ruidos extraños desde el corazón del terreno. Sin idea de qué encontrarnos, Larry alza la vista y parece que algo recuerda, quizás a su familia, o tal vez un hogar solitario, sólo Dios descifraba su mirada. Los demás observaban tranquilos, al igual que yo, tan solo deseosos de bajar a las playas de Little Garden y vivir grandes y nuevas aventuras.
Quizás habría bandidos, o tal vez un tirano, o solo hubiera calma, solo lo diría el destino. Las nubes se movían perezosas, por el viento soplado, y el sol se abría camino, entre todos esos nimbos. Con azul vivo y reluciente brillaba el cielo, y con los rayos del alba entonaba colores naranjas en el alzamiento del astro rey. Dong llevaba tiempo dolido, por la operación en aquel cabo, y los demás con menos heridas, solo nos quedaba recuperar la paz en nuestras mentes. A Cao habíamos perdido, y eso dejaba marcas y mellas, donde había un compañero había ahora un hueco vacío, aunque el puesto se había cubierto, era un camarada fallecido. Despedidas y encuentros, ese era uno de los ciclos de la vida, llorar por los que murieron y celebra a los que llegan, poco más se podía hacer realmente.
“Tierra a la vista” Gritan al timonel, tuerto de un ojo y frío como el invierno, viraba y surcaba las aguas sin temor alguno. Las secuoyas se veían de lejos, y sin nadie en la costa, helechos gigantes por faldas y ruidos extraños desde el corazón del terreno. Sin idea de qué encontrarnos, Larry alza la vista y parece que algo recuerda, quizás a su familia, o tal vez un hogar solitario, sólo Dios descifraba su mirada. Los demás observaban tranquilos, al igual que yo, tan solo deseosos de bajar a las playas de Little Garden y vivir grandes y nuevas aventuras.
Quizás habría bandidos, o tal vez un tirano, o solo hubiera calma, solo lo diría el destino. Las nubes se movían perezosas, por el viento soplado, y el sol se abría camino, entre todos esos nimbos. Con azul vivo y reluciente brillaba el cielo, y con los rayos del alba entonaba colores naranjas en el alzamiento del astro rey. Dong llevaba tiempo dolido, por la operación en aquel cabo, y los demás con menos heridas, solo nos quedaba recuperar la paz en nuestras mentes. A Cao habíamos perdido, y eso dejaba marcas y mellas, donde había un compañero había ahora un hueco vacío, aunque el puesto se había cubierto, era un camarada fallecido. Despedidas y encuentros, ese era uno de los ciclos de la vida, llorar por los que murieron y celebra a los que llegan, poco más se podía hacer realmente.
