Palm of the Wanderer [Presente absoluto / Tripu]
#3
La luna salía, ascendía y volvía a ocultarse mientras el Wu Wey mantenía su rumbo firme, cortando las petróleas aguas con un suave silbido. A aquellas noches les seguía siempre el amanecer, que se extendía sobre el barco y rozaba palos y velas con un tenue resplandor anaranjado, haciendo que todo el buque pareciera despertar junto a la tripulación.

Así escapaban los días.
El tiempo avanzaba sin sobresaltos, marcado —quizá— por algún grito de gaviota o por los peces que aparecían un instante bajo la superficie, como si saludaran al pasar. Era, en pocas palabras, como navegar sobre una calma vasta e infinita.

Pero no todo había sido tan sereno.

Una noche, durante uno de sus paseos por la alcázar, mientras contemplaba el inmutable estado de la mar desde la proa, Bai sintió —por un instante— un olor que no tenía por qué estar allí: una mezcla de humo de pipa y humedad salada. Incluso creyó ver la silueta de un hombre aproximándose a ella entre las sombras.
No podía ser. A quien creyó ver ya no estaba.

Sí, lo habían perdido. El mar bravo lo había engullido con sus fauces de espuma blanquecina. Era imposible que fuese él… ¿o no? Bai buscó alrededor en un impulso nervioso. Solo la luz vacilante de una linterna proyectaba sombras caprichosas sobre las vigas del techo.
Debía de ser eso.
Eso… o la culpa.

Culpa por no haberle agradecido lo suficiente lo que él había hecho por ella aquel día en el mercado. Culpa por seguir avanzando cuando él ya no podía hacerlo.

Desde esa noche, Bai había intentado no pensar más en él; reprimir lo que sentía para continuar adelante con aquel grupo tan variopinto de compañeros. Pero si a ella ya le costaba… ¿cuánto debía de dolerle a la joven humana de cabello blanco? Ella sí lo había perdido de verdad.

Y aunque Bai no solía meterse en asuntos del corazón, el mar tenía una forma peculiar de unirla a quienes lo atravesaban con ella, creando una camaradería que nacía de afrontar juntos el viento, la sal y las pérdidas. Dentro de esa fraternidad callada comprendió que había alguien que necesitaba apoyo. Por eso, en aquella frágil igualdad donde todos cargaban con algo, Bai empezó a fijarse un poco más en Kay, aunque pudiera parecer que no era así. La buscaba con la mirada cuando subían a cubierta, comprobando si necesitaba compañía en silencio. Le dejaba, sin mencionarlo, el cuenco menos abollado en las comidas o una manta extra cuando el viento se volvía más áspero de lo habitual. No eran grandes actos, apenas gestos que podían confundirse con rutina… pero para Bai eran su manera de cuidar, de asegurarse de que aquella muchacha de cabellos blancos no se hundiera sola entre las olas de su propio duelo.

Otras veces, cuando Kay no estaba cerca, Bai dejaba que su atención se desviara hacia Han o Lan, observándolos interactuar mientras intentaba descifrar, por enésima vez, lo que el joven le había confesado en Cabos Gemelos.
Y sí, era cierto que no había entendido nada, pero algunas palabras se le habían quedado enganchadas en la memoria como algas al casco: frases cuyo sentido intuía, aunque aún no lograba desentrañar del todo. Quizá por eso —o quizá por su naturaleza curiosa— sentía que debía averiguar qué ocurría entre ambos.

Pero, en las ocasiones más frecuentes, Bai terminaba junto a Dong y Zhang, acompañándolos en un silencio cómodo mientras dirigían el barco desde la zona de mando. A Dong lo escuchaba mascullar entre dientes, a veces hablarle al timón, siempre atento al vaivén del mar. Zhang, en cambio, aportaba su ya característica muletilla, una especie de rebuzno breve que escapaba sin previo aviso. Y aunque Bai no aportaba gran cosa allí, su presencia encajaba sin esfuerzo: un par de ojos más vigilando el horizonte o unas manos listas para ayudar si algo se complicaba.

Eran momentos tranquilos.

Al menos hasta que escuchaba a Mahou tener algún desliz de torpeza o rompía ella misma el silencio con un grito ahogado al descubrir a Alana justo a su lado: aquella diminuta presencia que siempre parecía materializarse sin previo aviso y que, por alguna razón desconocida, lograba asustarla más que cualquier ola traicionera.

Así transcurrieron sus días a bordo del Wu Wey hasta que llegaron a Little Garden.


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RE: Palm of the Wanderer [Presente absoluto / Tripu] - por Bai Mudan - 09-12-2025, 06:39 PM

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