Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax]
#6
Cuando él abrió la puerta y la lluvia rugió como una pared de agujas heladas, me di cuenta de mi error... Había actuado tan concentrada en ocultar mi naturaleza que ignoré todo lo que Angelito había dicho. Su comida, suofrecimiento de ayuda, incluso el hecho de que me había preguntado mi nombre... Y lo vi. Esa pequeña tensión en su ceño, la chispa de duda.
 
<< Demasiado pronto para levantar sospechas, demasiado pronto para arruinar mi oportunidad... >>

Entonces, lo vi detrás de él, en la distancia oscura… unas luces. 

<< Antorchas... La tribu, avanzando hacia la torre... Perfecto. >>

Pero esa información era solo mía. Me acerqué un poco, temblando a propósito, dejando que la luz de la vela resaltara mis moretones y cortes para hablarle...

- A... angelito... -susurré con voz rota, casi infantil- Si... si de verdad quieres ayudarme... Déjame recuperar mi colgante. No puedo... no puedo irme sin él...

Y me abracé los brazos, hundiendo la cabeza como si estuviera al borde del llanto.

- Está... cerca... yo sé dónde cayó cuando me arrastraron. Si... si salgo ahora... puedo encontrarlo antes de que empeore todo. No... no tardaré... por favor... no me mires así...

<< Ni una palabra sobre las luces. Ni una sola advertencia. Que el encuentro sea para ti una sorpresa de mi parte, tan desagradable como para aquellos salvajes... >>

Sin darle tiempo a objetar, di un paso hacia la cortina de lluvia. Ni siquiera volví la cara. Mi voz salió temblorosa, perfecta, estudiada.

- Q-quédate aquí... estarás más seguro... yo solo... necesito mi colgante...

Y antes de que pudiera intentar detenerme, me lancé a la selva. El trueno ocultó mis pasos. La oscuridad me tragó como a una sombra más. Las antorchas quedaban atrás, acercándose a la torre. Yo avanzaba en dirección contraria, deshaciendo su camino... Sigilosa, invisible, rebosante de una euforia sangrienta que hervía bajo mi piel. La aldea, mi verdadera meta. Y esta vez... nadie quedaría vivo para encadenarme otra vez.

[Imagen: la-lluvia-cae-sobre-peque%C3%B1os-arroyo...619272.jpg]


La jungla se fue abriendo poco a poco, cediendo terreno a un claro oscuro donde las primeras cabañas aparecieron silueteadas por la lluvia. Pequeñas estructuras de madera y barro, cada una con una tenue luz temblando en su interior. Fogatas débiles, sombras moviéndose detrás de cortinas hechas con pieles. El corazón de la aldea latía lento... dormido... desprevenido... Ideal. 

Me deslicé entre los arbustos, ligera como una serpiente bajo el aguacero. Mis pies no hacían sonido alguno en el barro empapado. Cada trueno cubría cualquier respiro que pudiera escapar de mí. El olor a humo, humedad y carne humana me guiaba. Y pronto lo vi... Un guardia solitario, encorvado bajo un techito improvisado, intentando proteger su lanza de la lluvia mientras cabeceaba cada poco. Su vigilancia era tan inútil que casi me ofendió...

Me coloqué detrás de él sin que siquiera el viento me delatara. Un relámpago iluminó el cielo y con ese destello le puse fin a su guardia. Mi pierna subió como un latigazo y mi talón chocó contra su espalda alta, justo entre los omóplatos. El golpe le expulsó el aire del pecho y lanzó la lanza al barro mientras él caía de bruces con un gemido ahogado. Antes de que pudiera siquiera entender qué había pasado, ya estaba sobre él. Agarré la lanza del suelo con un giro suave y, sin ceremonias, se la hundí entre las costillas, directa y precisa, destrozando su pulmón derecho al retorcerla y sacarla de forma brutal. El sonido de su gorgoteo ahogado se lo tragó la lluvia y un borbotón oscuro se mezcló con el agua que corría colina abajo.

Nadie miró... nadie oyó... nadie vino.

Me agaché junto a su cuerpo tibio y rebusqué en su cinto. Encontré un cuchillo pequeño, tosco, curvado… perfecto para cortar cuerdas... piel... tendones. Lo deslicé a mi propia cintura con una sonrisa que me calentó el alma. Con la lanza en una mano y el cuchillo en la otra, avancé hacia la cabaña más próxima. Había voces dentro. Voces pequeñas, niños, junto con una mujer que intentaba calmarlos. El sonido atravesaba la madera débil, tembloroso, vulnerable. Mis labios se curvaron solos, en una sonrisa malvada, dulce y deliciosamente sádica.

<< La diversión… por fin comienza. >>

La lluvia amortiguaba cada uno de mis pasos mientras me acercaba a la cabaña. La madera vieja crujía con el viento, pero no lo suficiente como para alertar a nadie. Desde dentro llegaban susurros nerviosos, respiraciones aceleradas… el sonido dulce del miedo antes de que siquiera comprendan que están en peligro. Me apoyé contra la pared, inclinándome para observar por la rendija entre dos tablones.

Una mujer, agotada y tensa, trataba de mantener a una docena de críos en silencio. Un fuego débil les daba calor… y me iluminaba sus cuellos, sus espaldas, sus puntos débiles... Me limpié una gota de sangre que había resbalado por mi muñeca, todavía caliente. Luego, con un movimiento suave, apenas un empujón... abrí la puerta. Chilló como un animal herido. Pero el trueno que cayó justo después la cubrió por completo. 

Las cabezas se alzaron y los ojos de la mujer se abrieron como platos. Por un segundo, un solo y absurdo segundo, creyó que podía hablarme, pedir algo, rogar... la sonrisa que se dibujó en mi cara fue imposible de contener. Cerré la puerta tras de mí con calma, apoyando la espalda en ella para asegurarme de que nadie escapara, y la lanza se inclinó en mi mano con el metal brillando a la luz del fuego.

- Shhh... -susurré con una suavidad casi maternal- Ya habéis hecho suficiente ruido niños...

El pánico se extendió entre los pequeños como un incendio. La mujer se puso de pie de golpe, temblando, colocándose entre mí y ellos en un acto de valentía inútil. Perfecto, ese era el terror que quería saborear... Avancé un paso. Luego otro. La cabaña entera parecía encogerse a mi alrededor mientras mis sombras, alargadas por las llamas, se movían tras de mí como criaturas hambrientas.

- Prometo que… no dolerá tanto si no corréis -mentí con una dulzura goteante-.

Los niños dieron un paso atrás. La mujer levantó una mano, quizás para suplicar… o quizás para intentar defenderlos. Quién sabe... No importaba.
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RE: Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - por Lelith Hesperax - 10-12-2025, 07:10 PM

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