10-12-2025, 07:11 PM
Claro que Shirel era una persona despreocupada; y no solo eso, sino alguien a quien no le interesaba en absoluto lo que los demás pensaran de él, sino lo que era capaz de hacerles sentir. Eran planos distintos, y él lo tenía claro. Se responsabilizaba de aquellos actos que nacían del ejercicio consciente de su libertad y del efecto que estos tenían bajo su propia ética, pero nunca de las proyecciones ajenas añadidas a posteriori. No le importaba caer mal, ser rechazado, empujado o incluso apedreado, siempre que aquello fuera la consecuencia directa de una actitud suya. Comprendía que todo acto conlleva una consecuencia y que nadar sistemáticamente a contracorriente no era, por norma general, un ejercicio especialmente intelectual; salvo, claro está, en situaciones concretas y excepcionales, como la defensa de los derechos o la coherencia con una convicción profunda sobre el mundo.
El contrario, por su parte, era una persona indudablemente peculiar; agresiva, sí, pero también tajante. Distante, aunque más en lo emocional que en lo físico. Una mezcla extraña que, precisamente por eso, resultaba llamativa. Justo lo que Shirel buscaba. Se encoge de hombros y lanza con fuerza al frente la espina que había usado a modo de palillo, viéndola caer al agua a una distancia considerable. Luego se reincorpora, encoge las piernas y las abraza, apoyando la mejilla contra las rodillas. El martillo descansaba a su lado; uno enorme, desproporcionado. Por ahora solo podía cargarlo consigo, pues pesaba demasiado para utilizarlo como arma efectiva, pero... eso cambiaría. Era disciplinado, y el entrenamiento siempre se le había dado bien.
⸻En primer lugar, chati, no te rayes; soy amigo del camarero y seguro que mañana nos dan una buena comida. Soy majete, caigo bien⸻comenta, elevando la mirada mientras piensa en las cuestiones que el otro había puesto sobre la mesa. ¿Fiabilidad? Claro que era fiable. Nunca mentía y tenía un corazón entregado a la mar. Quería ser un pirata; una persona libre en todo lo demás. El conquistador de algo que no puede alcanzarse salvo que seas de los mejores. Quería ser imparable en acción, aunque no en lógica; usaba la razón y poseía una jerarquía de valores bien definida.
Inspira y, antes de responder, resopla.
⸻Vamos por partes, chati, que ahora mismo me acabas de soltar un par de preguntas bastante… filosóficas⸻se frota la mejilla contra la rodilla antes de continuar.
⸻Como ya te he dicho, soy una persona que va de frente. Prefiero llevarme un guantazo que cargar con el cúmulo de mierdas no dichas de alguien, ¿sabes? No sé, chati... las palabras se las lleva el viento, pero si estás a mi lado te aseguro que mis acciones te harán sentir, al menos, lo que significa la lealtad… ¡no, mejor! ¡El compañerismo!⸻infla los mofletes.
El barco era otro tema. ¿Cómo explicarle que tenía un bote de remo en mal estado de un tipo borracho que había tirado a la mar y que probablemente estuviera muerto por ahogamiento? Complicado. Aun así, ahí va.
⸻Tengo un barco; bueno… quien dice barco dice una tabla con forma de bote que está más pa'llá que pa'cá y que en el siguiente viaje se hunde. Pero, oye, que de aquí te saco⸻le mira a los ojos pese a la distancia. Y es, en ese momento, donde se le asoma el coco, y de un solo puñetazo lo parte en dos. Limpio, sin desperdiciar nada.
⸻Se lo robé a un viejo verde que hizo que quemaran viva a toda su familia y… ¡hey! Algo es algo. Hice un bien y también un mal, chati. Equilibrio lo llaman, ¿verdad?
Gira la cabeza, mostrándole la nuca al pelinegro, y extiende uno de los brazos que rodeaban sus rodillas. Estaban en la otra punta de la playa y, a lo lejos, su bote: pequeño, humilde, lamentable. No había mentido. Shirel nunca mentía.
⸻Ahí está, ¿ves? Nosotros dos entramos de puta madre, chati. Ser avariciosos solo nos traerá desgracias… y, viendo los precios de un puto barco, creo que tendremos que ahorrar como hijos de puta si queremos algo decente. Pero está bien. Es lo que hay. Hay que espabilar... ¡Joder! Casi se me olvida… ¿cómo te llamas?
El contrario, por su parte, era una persona indudablemente peculiar; agresiva, sí, pero también tajante. Distante, aunque más en lo emocional que en lo físico. Una mezcla extraña que, precisamente por eso, resultaba llamativa. Justo lo que Shirel buscaba. Se encoge de hombros y lanza con fuerza al frente la espina que había usado a modo de palillo, viéndola caer al agua a una distancia considerable. Luego se reincorpora, encoge las piernas y las abraza, apoyando la mejilla contra las rodillas. El martillo descansaba a su lado; uno enorme, desproporcionado. Por ahora solo podía cargarlo consigo, pues pesaba demasiado para utilizarlo como arma efectiva, pero... eso cambiaría. Era disciplinado, y el entrenamiento siempre se le había dado bien.
⸻En primer lugar, chati, no te rayes; soy amigo del camarero y seguro que mañana nos dan una buena comida. Soy majete, caigo bien⸻comenta, elevando la mirada mientras piensa en las cuestiones que el otro había puesto sobre la mesa. ¿Fiabilidad? Claro que era fiable. Nunca mentía y tenía un corazón entregado a la mar. Quería ser un pirata; una persona libre en todo lo demás. El conquistador de algo que no puede alcanzarse salvo que seas de los mejores. Quería ser imparable en acción, aunque no en lógica; usaba la razón y poseía una jerarquía de valores bien definida.
Inspira y, antes de responder, resopla.
⸻Vamos por partes, chati, que ahora mismo me acabas de soltar un par de preguntas bastante… filosóficas⸻se frota la mejilla contra la rodilla antes de continuar.
⸻Como ya te he dicho, soy una persona que va de frente. Prefiero llevarme un guantazo que cargar con el cúmulo de mierdas no dichas de alguien, ¿sabes? No sé, chati... las palabras se las lleva el viento, pero si estás a mi lado te aseguro que mis acciones te harán sentir, al menos, lo que significa la lealtad… ¡no, mejor! ¡El compañerismo!⸻infla los mofletes.
El barco era otro tema. ¿Cómo explicarle que tenía un bote de remo en mal estado de un tipo borracho que había tirado a la mar y que probablemente estuviera muerto por ahogamiento? Complicado. Aun así, ahí va.
⸻Tengo un barco; bueno… quien dice barco dice una tabla con forma de bote que está más pa'llá que pa'cá y que en el siguiente viaje se hunde. Pero, oye, que de aquí te saco⸻le mira a los ojos pese a la distancia. Y es, en ese momento, donde se le asoma el coco, y de un solo puñetazo lo parte en dos. Limpio, sin desperdiciar nada.
⸻Se lo robé a un viejo verde que hizo que quemaran viva a toda su familia y… ¡hey! Algo es algo. Hice un bien y también un mal, chati. Equilibrio lo llaman, ¿verdad?
Gira la cabeza, mostrándole la nuca al pelinegro, y extiende uno de los brazos que rodeaban sus rodillas. Estaban en la otra punta de la playa y, a lo lejos, su bote: pequeño, humilde, lamentable. No había mentido. Shirel nunca mentía.
⸻Ahí está, ¿ves? Nosotros dos entramos de puta madre, chati. Ser avariciosos solo nos traerá desgracias… y, viendo los precios de un puto barco, creo que tendremos que ahorrar como hijos de puta si queremos algo decente. Pero está bien. Es lo que hay. Hay que espabilar... ¡Joder! Casi se me olvida… ¿cómo te llamas?
