11-12-2025, 08:15 AM
Silencio era lo único audible junto a las olas del mar y el graznido de gaviotas que volvían al nido tras una larga jornada. Hasta ellas tenían una cena que no pensaban compartir con nadie; pescado, algún roedor pequeño y, ¿una cartera? Sólo Dios sabrá de qué forma logran tantos éxitos, al contrario de Eoghan. Pasmado ante la orilla observó el "crucero" de Shirel, quién parecía orgulloso de lo que había conseguido, como un niño presumiendo un dibujo que a duras penas era un aprobado. No tenía palabras para expresar la broma que le parecía estar gastando. Una mano se dirigió a su propia testa y persiguió la forma del cráneo, con el movimiento tirándose del pelo hacia atrás tratando de rascar las últimas gotas de paciencia.
—¿¡Una tabla!? ¡Un tronco mal cortado, dirás! —Pateó de lado a lado, ahora una mano en su cintura y otra cubriendo su boca de punta a punta del mentón. Parecía estar balbuceando algo bajo la cobertura de su palma.— "Este tío se va a matar. No, ni llegará a la noche." —Se detuvo en seco ojeándole de lado por un momento antes de reanudar la nerviosa marcha.— "Y por algún motivo se ha encebollado conmigo. ¿Apenas puede el bote con el peso de ese martillo?"
Limpió su laringe con una corta tos antes de intentar un nuevo recurso para rechazar la oportunidad, pues la tentativa de desconfianza y desprestigio se quedó en el intento. El agua de coco ya se había diluido en la arena tras la breve inspección del bote, carne blanca y cascarón que habían desaparecido ya no por la misma sino porque un mono travieso había aprovechado la oportunidad para, de nuevo, dejar a Eoghan sin comida. Aquí quien no corre, vuela. Qué mas le daba ya.
—Pues, ¿sabes qué? —Esbozó una sonrisa ladina, a ver cómo se las ingeniaba Shirel para salirse con la suya ahora— Me llamo Eoghan Blackwater, pirata de la tripulación de los Brighty Brigs, ¡terror de los Siete Mares! —Efectivamente, no les conocía nadie excepto un par de habitantes del lugar que aún recordaban su primer y último asalto— ¡Y eso! Vayamos a la taberna y te dejaré claro que me muero de hambre por qué aunque vayas a ser pirata no debes reunir a gente como yo.
Realmente ya no sabía qué intentaba, quería a la vez irse aunque también prefería quedarse. Era una paradoja hecha navegante, un casi algo de persona. Las cartas estaban sobre la mesa, sólo hacía falta que el Destino les diera la vuelta. Y, conociendo a Eoghan, seguro que le iba a jugar una mala pasada, como siempre. Su futuro era aciago mirara por donde mirara y el sentimiento de vacío era neblina que no dejaba entrever nada a través de lo que era la ventana de la posibilidad. Ya estaba acostumbrado. Se preguntaba si en otra vida había torturado a mucha gente y el Karma se lo estaba pagando de vuelta aunque siempre con el tono de sátira que le acompañaba.
A su lado se encontraba la ilusión por antonomasia; parecía que sobre uno lloviera a borbotones y sobre el otro todo luciera como el mismo Sol pese a estar a escasos metros de distancia. No podía imaginarse qué pasado habría tenido "el Shirel este" para terminar como una cabra, aunque pese a todo empezó a notar un poco de calidez fruto de que alguien se dignara a no temerle. Antes de seguir avanzando se detuvo. Pensó que algo debían tener en común.
—A tí te da igual todo, ¿no? —Manos en los bolsillos, cuerpo algo encorvado para cubrirse de ese aguacero imaginario— ¿Por qué insistes tanto en ser un pirata? No trae nada bueno. Te perseguirá todo el mundo y jamás podrás descansar.
Porque, de descanso, Blackwater ya iba sobrado. Y desconfiaba. No por Shirel, sino por sí mismo. Era de la misma forma con todos. Señaló el martillo con la nariz desde lejos, levantando algo la cabeza. La indumentaria del chaval también parecía muy fuera de contexto para ser un pirata... Vamos, al menos uno como los que se llevaban viendo hasta ahora.
—Tienes pinta de esconder muchas cosas...
Quería esperar la reacción adversa para saber qué paso dar en el siguiente movimiento, para decidir de una vez por todas si el chico era de fiar. Quería creer que sí, pero ya era para disipar los "tal vez". ¿Y qué más? Lo que quería es que no le pasara nada al chaval por jugar a los piratillas. Y si para ello lo debía desmoralizar, lo haría, aunque se estuviera animando más y más cada segundo cerca de Shirel.
—¿¡Una tabla!? ¡Un tronco mal cortado, dirás! —Pateó de lado a lado, ahora una mano en su cintura y otra cubriendo su boca de punta a punta del mentón. Parecía estar balbuceando algo bajo la cobertura de su palma.— "Este tío se va a matar. No, ni llegará a la noche." —Se detuvo en seco ojeándole de lado por un momento antes de reanudar la nerviosa marcha.— "Y por algún motivo se ha encebollado conmigo. ¿Apenas puede el bote con el peso de ese martillo?"
Limpió su laringe con una corta tos antes de intentar un nuevo recurso para rechazar la oportunidad, pues la tentativa de desconfianza y desprestigio se quedó en el intento. El agua de coco ya se había diluido en la arena tras la breve inspección del bote, carne blanca y cascarón que habían desaparecido ya no por la misma sino porque un mono travieso había aprovechado la oportunidad para, de nuevo, dejar a Eoghan sin comida. Aquí quien no corre, vuela. Qué mas le daba ya.
—Pues, ¿sabes qué? —Esbozó una sonrisa ladina, a ver cómo se las ingeniaba Shirel para salirse con la suya ahora— Me llamo Eoghan Blackwater, pirata de la tripulación de los Brighty Brigs, ¡terror de los Siete Mares! —Efectivamente, no les conocía nadie excepto un par de habitantes del lugar que aún recordaban su primer y último asalto— ¡Y eso! Vayamos a la taberna y te dejaré claro que me muero de hambre por qué aunque vayas a ser pirata no debes reunir a gente como yo.
Realmente ya no sabía qué intentaba, quería a la vez irse aunque también prefería quedarse. Era una paradoja hecha navegante, un casi algo de persona. Las cartas estaban sobre la mesa, sólo hacía falta que el Destino les diera la vuelta. Y, conociendo a Eoghan, seguro que le iba a jugar una mala pasada, como siempre. Su futuro era aciago mirara por donde mirara y el sentimiento de vacío era neblina que no dejaba entrever nada a través de lo que era la ventana de la posibilidad. Ya estaba acostumbrado. Se preguntaba si en otra vida había torturado a mucha gente y el Karma se lo estaba pagando de vuelta aunque siempre con el tono de sátira que le acompañaba.
A su lado se encontraba la ilusión por antonomasia; parecía que sobre uno lloviera a borbotones y sobre el otro todo luciera como el mismo Sol pese a estar a escasos metros de distancia. No podía imaginarse qué pasado habría tenido "el Shirel este" para terminar como una cabra, aunque pese a todo empezó a notar un poco de calidez fruto de que alguien se dignara a no temerle. Antes de seguir avanzando se detuvo. Pensó que algo debían tener en común.
—A tí te da igual todo, ¿no? —Manos en los bolsillos, cuerpo algo encorvado para cubrirse de ese aguacero imaginario— ¿Por qué insistes tanto en ser un pirata? No trae nada bueno. Te perseguirá todo el mundo y jamás podrás descansar.
Porque, de descanso, Blackwater ya iba sobrado. Y desconfiaba. No por Shirel, sino por sí mismo. Era de la misma forma con todos. Señaló el martillo con la nariz desde lejos, levantando algo la cabeza. La indumentaria del chaval también parecía muy fuera de contexto para ser un pirata... Vamos, al menos uno como los que se llevaban viendo hasta ahora.
—Tienes pinta de esconder muchas cosas...
Quería esperar la reacción adversa para saber qué paso dar en el siguiente movimiento, para decidir de una vez por todas si el chico era de fiar. Quería creer que sí, pero ya era para disipar los "tal vez". ¿Y qué más? Lo que quería es que no le pasara nada al chaval por jugar a los piratillas. Y si para ello lo debía desmoralizar, lo haría, aunque se estuviera animando más y más cada segundo cerca de Shirel.
