Mi aparición en escena empezó a desencadenar un sin fin de acontecimientos.
Podía sentir en total doce auras en esos cuarenta metros que estaba mapeando con mi haki de observación. En el barco había cuatro: La más potente, un aura suave como el viento, calmada de colores rojizos. Cercanas en poder y rango, una llameante verdosa, inestable, que albergaba dormido el poder de los reyes, y otra llameante de color rojo oscuro casi negro, muy turbia. Y junto a ellos un aura leve y débil, casi indetectable. Un pobre diablo que se había visto metido en todo esto seguramente sin quererlo ni comerlo.
Sentía las auras de los dos niños que me acompañaban: Él, llameante y anaranjada, muy vivaz, y ella también llameante, de un rosa blanquecino o un blanco rosado, que transmitía mucha paz. El chico era el más poderoso de los dos, y guardaba en su interior el poder más preciado de los mares.
A su vez, también sentía la de nuestros amigos del brazo de la ley - y acompañantes - quienes parecían querer estar escondidos para... ¿tender una trampa?. Era curioso porque tres de ellos escondían en su aura sin saberlo, la ambición de un conquistador. El primero y el más fuerte de los marines, el aura del rubio frente a mi, era electrizante y degradaba de un rojo sangre a un azul verdoso. Era potente y furiosa. Después alguien escondido, con un aura igual de electrizante que pasaba del morado al amarillo, aunque chispeante mucho más calmada que la de su compañero. Y finalmente el mink a su lado, con un aura confusa y sin color.
Las otras tres auras - también escondidas - carecían de la voluntad de los reyes. La más potente de todas era llameante y anaranjada, rezumaba poder en control, y posiblemente era la más poderosa de todas las presentes. Seguida de otra aura llameante de color rojizo con tendencia a oscurecer, menos concentrada que la anterior pero igualmente poderosa. Y la última era tan errática y poco definida como la del mink moteado que tenía frente a mis ojos.
Obviamente ninguno de ellos suponía una amenaza individual para mi, pero sabía que con el tiempo - varios de ellos - podrían ser realmente piezas interesantes.
Así que teníamos a doce personas en este lugar, trece contándome a mi. Cuatro a bordo de aquel barco, dos de pie frente a mi, otros cuatro escondidos en la maleza, y los dos muchachos que me acompañaban. Bueno, y Dürr, cómo olvidarlo.
A todas luces estaban tendiendo una emboscada a aquellos piratas o lo que fuera que fuesen, usando al rubio y al mink para atraerlos y saltar sobre ellos haciendo una maniobra envolvente... era inteligente. Lo más sensato sería disparar desde el barco y dejar que se acercasen ellos, pero en mi experiencia los piratas no eran demasiado sensatos.
Entonces empezó aquel caos particular. El primero en empezar a soltar improperios desde su boca fue Joven Juan, el niño pelirrojo que me acompañaba, y mira que me había costado tenerlo callado hasta ahora... Parecía que se conocía con los presentes, pero no presté mucha atención a sus palabras. Después de entre la maleza surgió un Lunarian, a quien le correspondía una de las auras más poderosas, la llameante rojiza con tendencia al negro. Este empezó a hablarme tanto y de tantas cosas que no pude por menos que desconectar. ¿Qué cojones estaba haciendo? ¿Quién coño era ese tío?
Llegó a finalizar su discurso, al que apenas presté atención, ofreciéndome un trato: Cazar a los presentes por mi y que yo les pagase por sus cabezas. Chasqueé la lengua. Ese tío era tonto o estaba demasiado confiado de si mismo.
El muchacho rubio y el mink moteado se dispusieron a hablarme. Se presentaron como Esteban e Ibai, del rango no se qué - ya veía que eran Marines perfectamente - y trataban de ser todo lo educados posibles, pero del barco emergió un hombre que llamó la atención del rubio y mantuvieron una breve conversación. Ese hombre era el aura más potente a bordo del navío, el que tenía una presencia calmada. Aterrizó en tierra firme para dar la cara por sus compañeros y camaradas a bordo de su navío. Ese tenía huevos.
Al mismo tiempo un mink gato negro o pantera o lo que fuera - quien tenía una de las auras más erráticas y poco definidas - se aceraba para ponerse junto al dúo de Marines que había visto inicialmente, sin decir ni una palabra, y para rematar la faena un tío pelirrojo con un arco apareció de entre el follaje - el del aura relampageante morada/amarilla - hablando sin parar presentándose como Beltrán García, del rango lo que fuera. Suspiré pesadamente agitando levemente la cabeza.
Demasiada información, demasiados discursos, demasiadas presentaciones, demasiadas puestas en escena y ni tan siquiera uno de ellos se había ganado mi atención como para ponerse a importunarme así. ¿Qué coño les importaba a estos cuatro mierdas lo que hiciera yo en este lugar? ¿Desde cuanto yo tenía que rendirle cuentas a los payasos de la Marina? ¿Y de qué cojones iba el emplumao ese ofreciéndome a mi un trato?. Me había metido en un gallinero rarísimo, con todas las aves cacareando y saltando de un lado a otro como cuando entra un zorro... pero el zorro era el que ponía el silencio.
— A ver a ver... — dije en tono leve, mirando hacia Dürr y haciendo un gesto con la cabeza para que se fuera hacia el barco de la costa, chascando la lengua sonoramente como el que arrea a un caballo, gesto que el lagarto obedeció y salió corriendo liberando el agarre de las bridas del chico pelirrojo dirigiéndose con la muchacha ciega hacia el hombre que acababa de aterrizar — ...un poco de silencio — añadí cuando se hubo ido, alzando una mano como pidiendo la vez para hablar, y entonces liberando una oleada de calor concentrada y potente y anulando mi haki de la observación, pronuncié dos palabras más — Breath Death — el ambiente se sintió pesado de golpe, cubriendo cuarenta metros a la redonda y disparé el puño de Emperor en dirección al único que seguía escondido, dando de lleno en él y agarrándole del mullido y peludo pecho que resultó tener, aquel mink tigre, que comencé a arrastrar hacia mi por el suelo activando el mecanismo de recogida de la cadena que ataba al puño, produciendo el crepitar de los eslabones de bakumetal como único sonido en esa jungla aparte del cuerpo arrastrado del tigre — No seas tímido, no me gusta la gente que se queda escondida — dije refiriéndome a él y entonces pasé mi atención al pelirrojo que iba conmigo — Cállate y vete con la ciega — dando una orden sencilla, pasando la mirada al dúo del rubio y el mink - ahora con otro mink más a su lado, de color negro - y les dediqué una llamada de atención — Tú — y me giré para mirar al pelirrojo del arco — Y tú — y volví a mirar al rubio — Lo que haga yo en esta isla es asunto mío, Marines, así que cerrad el pico — eché los ojos sobre la mano del felino que agarraba su espada y lo ignoré, pasando a mirar al lunarian — Ahora tú, crujipollo — le señalé con el índice de mi única mano mientras la cadena seguía trayendo a aquel tigre enorme — ¿Quién coño te crees que soy?. No. ¿Quién coño te crees tú para pensar que estás en condiciones de proponerme a mi un trato? ¿Te crees que me hace falta que unos mataos como vosotros se carguen a nadie para cobrar la mitad de cuatro berries? ¿Y encima crees que me estás haciendo un favor? — chasqueé la lengua, la cadena dejó de sonar con un estruendoso "clanck" que confirmaba que el brazo se había vuelto a anclar. Ahora tenía a un tigre - el del aura más poderosa de todos los presentes - agarrado del pecho delante de mi, en el suelo. Lo miré con resignación y volví a mirar al lunarian — Puedo mataros yo mismo a todos los que estáis en esta playa antes de que digas 'mucha trucha en Apaloocha' y ordenar a mis hombres que carguen en el barco a los que valgan la misera que valgan... y a los que no, os habrá comido la jungla — entonces alcé el cuerpo del tigre en paralelo a mi cuerpo — Así que me vas a contar qué es eso que ha pasado en los Cabos Gemelos, o empiezo cargándome al tigre tímido aquí presente — y bajé su cuerpo al suelo nuevamente esperando la respuesta del Lunarian.
Tras esas palabras usando el control y las habilidades que me había dado dominar el despertar de mi akuma no mi, liberé la zona en la que él estaba - y sólo él - de la presión de mi calor, como si la oleada que estaba emitiendo quisiera evitarle, para poder permitirle hablar y expresarse ante las demandas que tenía. Y más le valía hacerlo mucho mejor que antes si no quería que le estampase este gato rayado en la cabeza hasta que uno de los dos dejase de respirar... bueno, dejase de respirar más que ahora.
Podía sentir en total doce auras en esos cuarenta metros que estaba mapeando con mi haki de observación. En el barco había cuatro: La más potente, un aura suave como el viento, calmada de colores rojizos. Cercanas en poder y rango, una llameante verdosa, inestable, que albergaba dormido el poder de los reyes, y otra llameante de color rojo oscuro casi negro, muy turbia. Y junto a ellos un aura leve y débil, casi indetectable. Un pobre diablo que se había visto metido en todo esto seguramente sin quererlo ni comerlo.
Sentía las auras de los dos niños que me acompañaban: Él, llameante y anaranjada, muy vivaz, y ella también llameante, de un rosa blanquecino o un blanco rosado, que transmitía mucha paz. El chico era el más poderoso de los dos, y guardaba en su interior el poder más preciado de los mares.
A su vez, también sentía la de nuestros amigos del brazo de la ley - y acompañantes - quienes parecían querer estar escondidos para... ¿tender una trampa?. Era curioso porque tres de ellos escondían en su aura sin saberlo, la ambición de un conquistador. El primero y el más fuerte de los marines, el aura del rubio frente a mi, era electrizante y degradaba de un rojo sangre a un azul verdoso. Era potente y furiosa. Después alguien escondido, con un aura igual de electrizante que pasaba del morado al amarillo, aunque chispeante mucho más calmada que la de su compañero. Y finalmente el mink a su lado, con un aura confusa y sin color.
Las otras tres auras - también escondidas - carecían de la voluntad de los reyes. La más potente de todas era llameante y anaranjada, rezumaba poder en control, y posiblemente era la más poderosa de todas las presentes. Seguida de otra aura llameante de color rojizo con tendencia a oscurecer, menos concentrada que la anterior pero igualmente poderosa. Y la última era tan errática y poco definida como la del mink moteado que tenía frente a mis ojos.
Obviamente ninguno de ellos suponía una amenaza individual para mi, pero sabía que con el tiempo - varios de ellos - podrían ser realmente piezas interesantes.
Así que teníamos a doce personas en este lugar, trece contándome a mi. Cuatro a bordo de aquel barco, dos de pie frente a mi, otros cuatro escondidos en la maleza, y los dos muchachos que me acompañaban. Bueno, y Dürr, cómo olvidarlo.
A todas luces estaban tendiendo una emboscada a aquellos piratas o lo que fuera que fuesen, usando al rubio y al mink para atraerlos y saltar sobre ellos haciendo una maniobra envolvente... era inteligente. Lo más sensato sería disparar desde el barco y dejar que se acercasen ellos, pero en mi experiencia los piratas no eran demasiado sensatos.
Entonces empezó aquel caos particular. El primero en empezar a soltar improperios desde su boca fue Joven Juan, el niño pelirrojo que me acompañaba, y mira que me había costado tenerlo callado hasta ahora... Parecía que se conocía con los presentes, pero no presté mucha atención a sus palabras. Después de entre la maleza surgió un Lunarian, a quien le correspondía una de las auras más poderosas, la llameante rojiza con tendencia al negro. Este empezó a hablarme tanto y de tantas cosas que no pude por menos que desconectar. ¿Qué cojones estaba haciendo? ¿Quién coño era ese tío?
Llegó a finalizar su discurso, al que apenas presté atención, ofreciéndome un trato: Cazar a los presentes por mi y que yo les pagase por sus cabezas. Chasqueé la lengua. Ese tío era tonto o estaba demasiado confiado de si mismo.
El muchacho rubio y el mink moteado se dispusieron a hablarme. Se presentaron como Esteban e Ibai, del rango no se qué - ya veía que eran Marines perfectamente - y trataban de ser todo lo educados posibles, pero del barco emergió un hombre que llamó la atención del rubio y mantuvieron una breve conversación. Ese hombre era el aura más potente a bordo del navío, el que tenía una presencia calmada. Aterrizó en tierra firme para dar la cara por sus compañeros y camaradas a bordo de su navío. Ese tenía huevos.
Al mismo tiempo un mink gato negro o pantera o lo que fuera - quien tenía una de las auras más erráticas y poco definidas - se aceraba para ponerse junto al dúo de Marines que había visto inicialmente, sin decir ni una palabra, y para rematar la faena un tío pelirrojo con un arco apareció de entre el follaje - el del aura relampageante morada/amarilla - hablando sin parar presentándose como Beltrán García, del rango lo que fuera. Suspiré pesadamente agitando levemente la cabeza.
Demasiada información, demasiados discursos, demasiadas presentaciones, demasiadas puestas en escena y ni tan siquiera uno de ellos se había ganado mi atención como para ponerse a importunarme así. ¿Qué coño les importaba a estos cuatro mierdas lo que hiciera yo en este lugar? ¿Desde cuanto yo tenía que rendirle cuentas a los payasos de la Marina? ¿Y de qué cojones iba el emplumao ese ofreciéndome a mi un trato?. Me había metido en un gallinero rarísimo, con todas las aves cacareando y saltando de un lado a otro como cuando entra un zorro... pero el zorro era el que ponía el silencio.
— A ver a ver... — dije en tono leve, mirando hacia Dürr y haciendo un gesto con la cabeza para que se fuera hacia el barco de la costa, chascando la lengua sonoramente como el que arrea a un caballo, gesto que el lagarto obedeció y salió corriendo liberando el agarre de las bridas del chico pelirrojo dirigiéndose con la muchacha ciega hacia el hombre que acababa de aterrizar — ...un poco de silencio — añadí cuando se hubo ido, alzando una mano como pidiendo la vez para hablar, y entonces liberando una oleada de calor concentrada y potente y anulando mi haki de la observación, pronuncié dos palabras más — Breath Death — el ambiente se sintió pesado de golpe, cubriendo cuarenta metros a la redonda y disparé el puño de Emperor en dirección al único que seguía escondido, dando de lleno en él y agarrándole del mullido y peludo pecho que resultó tener, aquel mink tigre, que comencé a arrastrar hacia mi por el suelo activando el mecanismo de recogida de la cadena que ataba al puño, produciendo el crepitar de los eslabones de bakumetal como único sonido en esa jungla aparte del cuerpo arrastrado del tigre — No seas tímido, no me gusta la gente que se queda escondida — dije refiriéndome a él y entonces pasé mi atención al pelirrojo que iba conmigo — Cállate y vete con la ciega — dando una orden sencilla, pasando la mirada al dúo del rubio y el mink - ahora con otro mink más a su lado, de color negro - y les dediqué una llamada de atención — Tú — y me giré para mirar al pelirrojo del arco — Y tú — y volví a mirar al rubio — Lo que haga yo en esta isla es asunto mío, Marines, así que cerrad el pico — eché los ojos sobre la mano del felino que agarraba su espada y lo ignoré, pasando a mirar al lunarian — Ahora tú, crujipollo — le señalé con el índice de mi única mano mientras la cadena seguía trayendo a aquel tigre enorme — ¿Quién coño te crees que soy?. No. ¿Quién coño te crees tú para pensar que estás en condiciones de proponerme a mi un trato? ¿Te crees que me hace falta que unos mataos como vosotros se carguen a nadie para cobrar la mitad de cuatro berries? ¿Y encima crees que me estás haciendo un favor? — chasqueé la lengua, la cadena dejó de sonar con un estruendoso "clanck" que confirmaba que el brazo se había vuelto a anclar. Ahora tenía a un tigre - el del aura más poderosa de todos los presentes - agarrado del pecho delante de mi, en el suelo. Lo miré con resignación y volví a mirar al lunarian — Puedo mataros yo mismo a todos los que estáis en esta playa antes de que digas 'mucha trucha en Apaloocha' y ordenar a mis hombres que carguen en el barco a los que valgan la misera que valgan... y a los que no, os habrá comido la jungla — entonces alcé el cuerpo del tigre en paralelo a mi cuerpo — Así que me vas a contar qué es eso que ha pasado en los Cabos Gemelos, o empiezo cargándome al tigre tímido aquí presente — y bajé su cuerpo al suelo nuevamente esperando la respuesta del Lunarian.
Tras esas palabras usando el control y las habilidades que me había dado dominar el despertar de mi akuma no mi, liberé la zona en la que él estaba - y sólo él - de la presión de mi calor, como si la oleada que estaba emitiendo quisiera evitarle, para poder permitirle hablar y expresarse ante las demandas que tenía. Y más le valía hacerlo mucho mejor que antes si no quería que le estampase este gato rayado en la cabeza hasta que uno de los dos dejase de respirar... bueno, dejase de respirar más que ahora.
Aclaraciones
Información
Bélico

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)