12-12-2025, 12:00 AM
En los animales, la reacción ante un estímulo es, en mayor o menor medida, fruto de sus instintos. Estos constituyen pautas hereditarias de conducta, presentes en todos los miembros de la especie, mediante las cuales el animal responde siempre de modo semejante ante situaciones análogas. Son innatos y cumplen una función estrictamente adaptativa. En el ser humano, en cambio, ser no programado, ser inacabado, la existencia se articula desde la libertad; se forja a través de un proceso continuo sostenido por actos deliberados. El ser humano no está sometido a la rigidez del comportamiento animal: puede responder de múltiples formas, pues es el ser menos programado de la naturaleza; puede elegir. Ante un estímulo, no actúa de manera inmediata: piensa, reflexiona, sopesa ventajas e inconvenientes y, finalmente, actúa en consecuencia…, y puede errar, en cuyo caso intentará corregirse cuando enfrente de nuevo una situación semejante.
Entonces, según dicho lo redactado, ¿qué es la libertad? La libertad es la facultad de elegir que media entre el estímulo y la respuesta. Ser libre implica emanciparse de la necesidad que gobierna el reino animal. Entonces, ¿están ellos gobernados por ese mismo reino? Sí; su estímulo de jerarquía así lo evidenciaba, y aquello resultaba inconcebible. Si la libertad les fuera otorgada en términos absolutos, sus sueños dejarían de ser suicidas. La realidad, sin embargo, era cruda; pesaba tanto que dolía respirar…Y Shirel se negaba a permanecer de brazos cruzados: quería mirar hacia arriba sin sentir un hacha de guerra suspendida sobre su nuca, quería dejar de vigilar con quién hablaba o discutía… Deseaba desprenderse de todo impedimento propio de una lógica capitalista y normativista que prioriza el beneficio de unos pocos a costa de la felicidad común. Su lucha se dirigía contra eso, aunque no desde un impulso revolucionario. Era una rebelión individualizada del pueblo sufriente; eso encarnaba. E inspirarse en una concepción así era natural, pero debía comprenderse lo siguiente: había que aplastar aun sin querer hacerlo. Todo tiene un precio, un efecto y una consecuencia. Luchar implica sudor, implica sangre, implica grito e implica muerte, aun si la vida es firme y el reconocimiento preferible al olvido. Shirel no poseía un análisis social tan exhaustivo, pero esa era la idea que transmitía; su mensaje se trenzaba bajo dicha comprensión.
Advierte que sus palabras surten un efecto extraño, casi enigmático, tanto que el otro cobra color. Lo que era blanco y negro se vuelve gris; lo gris adquiere un matiz rojizo. ¡Ese era el ímpetu! ¡La fuerza del cambio! ¡El deseo de formar parte de algo incluso sin mapa! Y, al fin y al cabo, de algún punto hay que partir; para que haya fruto debe haber árbol, y para que el árbol crezca es necesaria una semilla. La semilla es la voluntad; el árbol, la guía; la fruta, el resultado. Aún quedaba lejos la fruta, pero quizá… la raíz, el primer brote, el primer paso hacia la mar, no estaban tan distantes. Bastarían un par de días, semanas si la suerte les fallaba, pero mejor comenzar que no pisar nunca un suelo firme y desnudo.
“Cuenta conmigo.”
No había mejor adición que esas dos palabras. Contar implicaba compromiso. Conmigo implicaba con él; con alguien. Con otra persona perdida en este confín del mundo donde la probabilidad de encontrarse era menor que ganar el mayor tesoro imaginable.
A Shirel también le brillan los ojos; se detiene, lo examina de arriba abajo y, sin más, lo abraza con todas sus fuerzas, levantándolo sin dificultad alguna.
⸻¡Joder, chati! ¡Qué bonito te ha quedao', hostias! ¡Parece que estamos en las viñetas del periódico!⸻no sabe leer, pero abre los periódicos para ver números, letras dispersas y rostros de gente que olvida en segundos.
⸻¡Eres casi como un producto de mi imaginación, joder! ¡Serás mi mano derecha porque eres el primero! ¡El del inicio! ¡Espero que no te mueras, chati, o me haré tan grande que destruiré el planeta!⸻exagera, claro.
Lo último le humedece los labios. ¿Compartían el mismo sueño? Ser libres. Aunque uno lo buscaba de manera ambulatoria y él de forma normativa, reconfortaba saber que quien caminaría a su lado, a su lado derecho, comprendía lo que era anhelar ese sentimiento. Después, lo deposita en el suelo, se lleva la nariz hacia atrás y sorbe, para que no advierta lo sentimental que puede llegar a ser por puro descuido.
⸻¡Bueno, pues está decidido! ¡Ahora somos dos! Si es que… soy un puto genio, joder, chati; si es que yo sabía que aquí encontraría a mi primer tripulante, ¡mi intuición nunca falla!⸻y, por ahora, no le había fallado. Vivir en el monte lo había obligado a reaccionar siempre bajo instinto y bajo intuición.
⸻Venga, entra⸻señala la puerta frente a ellos⸻¡que te voy a enseñar cómo yo, Shirel L. Cariban, consigo la mejor puta cena del momento porque soy genial y le caigo bien a la peña de este bareto! Que les ayudé con un lío de ratas y también con el problema de unos tíos que se estaban dando de hostias, etcétera, etcétera, como dirían los catedráticos.
Entonces, según dicho lo redactado, ¿qué es la libertad? La libertad es la facultad de elegir que media entre el estímulo y la respuesta. Ser libre implica emanciparse de la necesidad que gobierna el reino animal. Entonces, ¿están ellos gobernados por ese mismo reino? Sí; su estímulo de jerarquía así lo evidenciaba, y aquello resultaba inconcebible. Si la libertad les fuera otorgada en términos absolutos, sus sueños dejarían de ser suicidas. La realidad, sin embargo, era cruda; pesaba tanto que dolía respirar…Y Shirel se negaba a permanecer de brazos cruzados: quería mirar hacia arriba sin sentir un hacha de guerra suspendida sobre su nuca, quería dejar de vigilar con quién hablaba o discutía… Deseaba desprenderse de todo impedimento propio de una lógica capitalista y normativista que prioriza el beneficio de unos pocos a costa de la felicidad común. Su lucha se dirigía contra eso, aunque no desde un impulso revolucionario. Era una rebelión individualizada del pueblo sufriente; eso encarnaba. E inspirarse en una concepción así era natural, pero debía comprenderse lo siguiente: había que aplastar aun sin querer hacerlo. Todo tiene un precio, un efecto y una consecuencia. Luchar implica sudor, implica sangre, implica grito e implica muerte, aun si la vida es firme y el reconocimiento preferible al olvido. Shirel no poseía un análisis social tan exhaustivo, pero esa era la idea que transmitía; su mensaje se trenzaba bajo dicha comprensión.
Advierte que sus palabras surten un efecto extraño, casi enigmático, tanto que el otro cobra color. Lo que era blanco y negro se vuelve gris; lo gris adquiere un matiz rojizo. ¡Ese era el ímpetu! ¡La fuerza del cambio! ¡El deseo de formar parte de algo incluso sin mapa! Y, al fin y al cabo, de algún punto hay que partir; para que haya fruto debe haber árbol, y para que el árbol crezca es necesaria una semilla. La semilla es la voluntad; el árbol, la guía; la fruta, el resultado. Aún quedaba lejos la fruta, pero quizá… la raíz, el primer brote, el primer paso hacia la mar, no estaban tan distantes. Bastarían un par de días, semanas si la suerte les fallaba, pero mejor comenzar que no pisar nunca un suelo firme y desnudo.
“Cuenta conmigo.”
No había mejor adición que esas dos palabras. Contar implicaba compromiso. Conmigo implicaba con él; con alguien. Con otra persona perdida en este confín del mundo donde la probabilidad de encontrarse era menor que ganar el mayor tesoro imaginable.
A Shirel también le brillan los ojos; se detiene, lo examina de arriba abajo y, sin más, lo abraza con todas sus fuerzas, levantándolo sin dificultad alguna.
⸻¡Joder, chati! ¡Qué bonito te ha quedao', hostias! ¡Parece que estamos en las viñetas del periódico!⸻no sabe leer, pero abre los periódicos para ver números, letras dispersas y rostros de gente que olvida en segundos.
⸻¡Eres casi como un producto de mi imaginación, joder! ¡Serás mi mano derecha porque eres el primero! ¡El del inicio! ¡Espero que no te mueras, chati, o me haré tan grande que destruiré el planeta!⸻exagera, claro.
Lo último le humedece los labios. ¿Compartían el mismo sueño? Ser libres. Aunque uno lo buscaba de manera ambulatoria y él de forma normativa, reconfortaba saber que quien caminaría a su lado, a su lado derecho, comprendía lo que era anhelar ese sentimiento. Después, lo deposita en el suelo, se lleva la nariz hacia atrás y sorbe, para que no advierta lo sentimental que puede llegar a ser por puro descuido.
⸻¡Bueno, pues está decidido! ¡Ahora somos dos! Si es que… soy un puto genio, joder, chati; si es que yo sabía que aquí encontraría a mi primer tripulante, ¡mi intuición nunca falla!⸻y, por ahora, no le había fallado. Vivir en el monte lo había obligado a reaccionar siempre bajo instinto y bajo intuición.
⸻Venga, entra⸻señala la puerta frente a ellos⸻¡que te voy a enseñar cómo yo, Shirel L. Cariban, consigo la mejor puta cena del momento porque soy genial y le caigo bien a la peña de este bareto! Que les ayudé con un lío de ratas y también con el problema de unos tíos que se estaban dando de hostias, etcétera, etcétera, como dirían los catedráticos.
