But feathers are meant for the sky (Priv- Pasado)
#10
Morir atragantada por una mala bebida no estaba en su lista de fantasías íntimas, pero, cuando el cosmos conspira contra ti y una sensación absurda de invencibilidad empieza a trepar por la columna, creer que vas a ganar una segunda ronda se siente, de algún modo, lo más lógico que jamás hayas pensado.

Quizá por eso, cuando la segunda copa llegó hasta ella, Bai no avisó que no la quería. En cambio, volvió a imitar el gesto que había visto antes, aunque con una pequeña diferencia: ahora los tragos parecían tímidos, apenas un roce del líquido con la lengua, como quien prueba un volcán con la punta de un dedo.

Sí, se estaba asegurando de que no quemara tanto como la primera copa… y de paso de que seguía intacta.

Y claro, como la lógica interna de la embriaguez funciona de manera muy particular, esos pequeños tragos pronto se convirtieron en sorbos más largos. Al fin y al cabo, cuando el alcohol deja de quemar, la mente decide que todo es perfectamente seguro, aunque lo más probable es que los sentidos estén ligeramente adormecidos y el cuerpo flote en un estado intermedio entre la ligereza y esa extraña sensación de que la mente no sabe muy bien qué hacer con cosas importantes, como respirar o mantenerse en pie.

Quizás, por este mismo hecho, cuando vio a Kay mover la cabeza, se sintió confundida sin acabar de entender aquel gesto. Y es que, para su estado actual, se movía más rápido de lo que su cabeza podía procesar.

—Eeeeh… —ladeó la cabeza mientras sostenía la «E» como una nota.
Parecía un enorme cánido bobalicón mirando a su amo en un intento por comprenderlo.

—Entonces… ¿sí bailas? —preguntó, olvidando por completo que Kay no iba a entenderla.

Y, como si los dioses hubieran decidido intervenir, justo después de sus palabras la nívea alzó el pulgar, confirmándole que sí.

—¡Genial! —estalló Bai, para luego intentar levantarse y descubrir que el mundo avanzaba un poco más rápido que sus sentidos.

Hubo entonces un segundo de pausa. Su cabeza se recompuso como pudo y, cuando volvió a sentirse mínimamente estable, le tendió la mano a su joven acompañante para que la siguiera.

***

Por encima del constante tintineo de las jarras y el agrio olor a cerveza envejecida en madera, la música se filtraba entre mesas y bancos, serpenteando entre  cuerpos y trepando por las vigas ennegrecidas del techo. Una melodía que, a pesar del ritmo juguetón, parecía incapaz de mover a nadie.

Y es que, en medio de aquel caos vibrante que era el bullicio de la taberna, la pista de baile esperaba vacía únicamentr bañada por la luz cálida de los faroles.

Todos los parroquianos estaban demasiado ocupados con sus jarras o con sus discusiones.

Al menos hasta que sonó esa canción.


Una melodía viva y descarada. Alegre. Que con un par de notas hizo que un par de jóvenes se alzaran entre las mesas. Eran una dama y un varón. Que con la misma cantidad de torpeza que seguridad, decidieron ocupar aquel espacio vacío.
Ambos iban tomados de la mano, lanzándose miradas como si elnresto del mundo se hubiera disuelto y sólo quedaran ellos. Y cuando empezaron a bailar, lo hicieron con una entregándose enteramente. Se reían, giraban, se acercaban el uno al otro. Y la gente que los observaba los animaba.

Bai estaba entre esa gente, sin ser consciente de que, en algún momento, había tomado la mano de su compañera para arrastrarla detrás.

Tenía las mejillas encendidas, las orejas ardían y las vibraciones de la música y del baile le parecían un latido al que anhelaba unirse.

Y entonces lo hizo.

Tiró de Kay para llevarla hacia el centro, como una madre que arrastra a su hijo, y, al tenerla enfrente, dio un paso atrás con una ligereza casi felina y una sonrisa ladeada, cargada de picardía.
Alzó el brazo, la palma extendida en clara invitación y, justo antes de que Kay pudiera tomarla, dejó escapar una risa suave y traviesa… para luego escaparse de su alcance con un giro repentino.

La falda del vestido, las mangas y su cabello viraron junto a ella, describiendo un círculo fugaz, tan fugaz que, por un momento, presa de la sensación de euforia que regala el alcohol, se sintió liviana como una pluma. Completó el giro, se detuvo justo fuera del alcance de la mano de su compañera y volvió a sonreír como un niño travieso que juega a dejarse perseguir sin ser atrapado.
  Responder


Mensajes en este tema
RE: But feathers are meant for the sky (Priv- Pasado) - por Bai Mudan - 12-12-2025, 06:53 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)