Palm of the Wanderer [Presente absoluto / Tripu]
#9
No había oído el grito de “hemos llegado” de Lan, tal y como lo hacen los grandes. En mi caso estaba demasiado absorta en la imagen que se empezaba a vislumbrar frente a mí, la tripa me dio un vuelco. Ah, no, era hambre, sin lugar a dudas. Aunque también algo de entusiasmo por llegar a un puerto nuevo. El olor. La forma en la que el barco dejó de balancearse como si el mar, por fin, hubiese decidido soltarnos. Me asomé desde mi rincón, agarrándome a una cuerda con naturalidad, la cola enroscada por puro reflejo. Little Garden se alzaba ante nosotros como una mala idea demasiado grande para ignorarla. Verde, desmesurada, antigua. Nada de “little”. Nada de acogedora. 

— …qué sitio tan feo —murmuré para mí, con una sonrisa ladeada que no engañaba a nadie, mas esa reacción no quitaba el bombeo acelerado que había en mi pequeño corazón.

Quise lanzarme a tierra como si hubiese llegado al paraíso (mas no lo hice), y no pude evitar esbozar una sonrisa baja en cuanto la imagen se dibujó en mi cabeza. El contraste nuevo que se iba a presentar en Little Garden siempre me hacía gracia: criaturas diminutas (y esta vez no hablaba tan solo por mí) celebrando en islas que parecían capaces de tragarnos enteros. Zhang refunfuñaba y peleaba con Dong con ese sarcasmo suyo que ya empezaba a reconocer como una forma rara de cariño hacia el mundo (o eso quise pensar por lo menos). Y Kay… Kay gritaba promesas de muebles nuevos como si eso no fuera, objetivamente, la mayor motivación posible.

— Un mueble nuevo… —repetí en voz baja, pensativa—. Hay gente que mata por menos.

Me dejé caer sobre Han con un salto corto cuando la pasarela que nos llevaba a tierra firme estuvo sujeta, aterrizando con ligereza, sacudiéndome la ropa como si el viaje no hubiese sido nada. Parecía absorto en sus propios pensamientos. Miré alrededor. Bai, tranquila. Lan, al igual que Bai, con esa calma suya. Hasta ahora ninguna de las dos me había mostrado otra faceta. Mahou rebosando emoción, reaccionando ya a las extravagantes propuestas de Kay, esa acerca de gatos imposibles con colmillos enormes. No pude evitar girar la cabeza hacia la selva al oírlo, casi como si pudiera vislumbrar ese ser del que hablaban.

— Como ese gato exista, nos come primero a nosotros —comenté, medio en serio, medio divertida—. Pero oye, puntos por ambición.

Desde la perspectiva de alguien tan pequeño como yo, Little Garden no era una isla que se pisara sin permiso. Era imponente por todo lo que ahí habitaba, más aún que los gigantes que habitualmente me acompañaban. Se escuchaban cosas moviéndose ahí dentro. Cosas grandes. Cosas con peso. Enrollé la cola despacio alrededor de mi cintura, gesto automático cuando algo me ponía alerta, y me giré hacia el resto con una sonrisa que no era del todo inocente.

— Bueno… —dije, alzando un poco la voz para que me oyeran—. Si esta isla intenta comernos vivos en los próximos cinco minutos, propongo que al menos nos dé tiempo a bajar el equipaje. Sería de mala educación no avisar.

Di un par de pasos atrás, o lo que para mí eran pasos, acomodándome mejor sobre el hombro de Han, desde donde tenía una vista privilegiada del grupo y, sobre todo, de la vegetación exageradamente grande que nos rodeaba. Desde ahí arriba todo parecía aún más desproporcionado, como si la isla se estuviera burlando de mi tamaño a propósito.

— ¿Quién va primero? —pregunté, con ese tono ligero que siempre uso justo antes de que pasen cosas—. Porque yo puedo colarme sin hacer ruido… pero no prometo que la isla no me devuelva algo más grande, que no es difícil.

Como si Little Garden hubiera escuchado la provocación, una sombra enorme se deslizó entre los matorrales. No fue un rugido, ni un ataque épico. Fue algo mucho más absurdo: un lagarto gigantesco salió disparado de entre la maleza… solo para frenar en seco al vernos, ladeando la cabeza con expresión confusa, como si se hubiera topado con una escena que no entendía del todo. Yo me incliné un poco hacia delante desde el hombro de Han, tensa.

— Vale… —murmuré—. Primera regla de la isla: aquí hasta los lagartos te juzgan —el animal soltó un bufido, se rascó el costado contra un tronco enorme y desapareció de nuevo entre la vegetación, yéndose allá por donde vino. Me acomodé mejor, cruzando los brazos con una sonrisilla ladeada—. Bueno —añadí, ahora relajada—, de momento no nos ha comido nada. Diría que vamos bien.


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RE: Palm of the Wanderer [Presente absoluto / Tripu] - por Alana Sahiba - 13-12-2025, 11:54 AM

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