A la luz del gran faro [Aventura T1][Sigrid Birkisson][Presente Relativo]
#4
Según Sigrid, aquel iba a ser un viaje completamente tranquilo, incluso después de que le hablaran de esos supuestos maleantes que rondaban la zona, porque con el orgullo inflado de una recién nombrada marine sentía, sin la menor duda, que podía patearle el trasero a cualquiera que se atreviera a causar problemas. De hecho, mientras caminaba, se prometió a sí misma que no usaría su arma de reglamento, esa alabarda que quería como si fuera parte de su propia familia, al menos durante su primera semana en la isla; no porque no la necesitara, sino porque quería demostrar que la justicia también podía imponerse con presencia, palabra firme y una sonrisa honesta. Las palabras de la chica —Astutos y sex— resonaron un instante en su cabeza, suficientes para levantarle una ceja y torcerle un poco la sonrisa, pero Sigrid decidió no darles importancia. Con un resoplido alegre y un gesto despreocupado, apartó aquel pensamiento de su mente, convencida de que nada ni nadie arruinaría su primer día en Baterilla, y mucho menos cuando tenía una pequeña escolta que cumplir y un futuro que empezar a construir paso a paso.
 
Dentro de la diligencia, Sigrid iba prácticamente encajada, con las rodillas recogidas más de lo que le gustaría y los hombros tensos por lo reducido del espacio, una experiencia bastante incómoda para alguien de su tamaño, aunque jamás se quejaría en voz alta. El traqueteo inicial era normal, casi monótono, hasta que algo cambió. Los caballos comenzaron a moverse de forma irregular, con tirones torpes y un ritmo que no coincidía con un simple bache del camino, y aquello bastó para encender la atención de la vikinga. Sus sentidos, siempre alerta incluso cuando sonreía, captaron la inquietud en los animales y su buen humor se volvió concentración pura en un instante. —Esto no es un viaje tranquilo—, pensó, mientras acomodaba el cuerpo como podía. Sin perder tiempo, y sin pedir permiso a nadie, realizó un movimiento brusco que hizo estremecer toda la diligencia, la madera crujió, las ruedas rechinaron y, en el siguiente parpadeo, Sigrid ya estaba fuera del carruaje, erguida como una muralla viviente en medio del camino, con una sonrisa amplia dibujada en el rostro y la adrenalina despertándole la sangre. Al parecer, aquel trayecto tendría muy poco de tranquilo y la acción acababa de comenzar.
 
En el suelo se encontraba Billy, reducido y claramente superado, mientras una mujer de baja estatura lo mantenía inmovilizado desde arriba, apuntándole con una especie de palo o bastón improvisado, la escena congelada justo en el instante previo a que todo estallara. Fue entonces cuando la enorme sombra de Sigrid se proyectó sobre ellos, su presencia imponiéndose incluso antes de que hablara. Con la espalda recta, el uniforme tensándose sobre su cuerpo y una sonrisa tan grande como honesta, la vikinga dio un paso al frente y alzó la voz con total naturalidad, como si aquello fuera el trámite más sencillo del mundo

—¡En nombre de la Marina, están todos arrestados!— declaró, convencida de que unas palabras claras y una buena actitud podían solucionar cualquier conflicto. Su tono era amable, casi cordial, como si estuviera invitándolos a cooperar en lugar de detenerlos, aunque en el fondo todos sabían lo inevitable, aquella sonrisa no era una negociación, era el último aviso antes de que la justicia se impusiera por la fuerza.
 
—Caballero, no se acerque a la diligencia— advirtió Sigrid mientras avanzaba hacia el tipo musculoso que empuñaba un hacha, su enorme figura contrastando con la naturalidad de su sonrisa, como si aquello no fuera una amenaza sino una simple recomendación amable. No hubo tiempo para réplicas ni advertencias adicionales, en el instante siguiente, su brazo se movió con una contundencia brutal y un puñetazo directo impactó de lleno en el rostro del grandulón, haciendo crujir el aire y obligándolo a retroceder como si su tamaño no significara nada frente a la fuerza de la buccaner.
 
—Hay una señorita ahí dentro que debo proteger— añadió con total serenidad, como si acabara de explicar una obviedad absoluta, mientras el eco del golpe aún resonaba, entonces soltó su risa estruendosa, vibrante y completamente fuera de lugar para cualquiera que no la conociera —¡VIIIIIKYKYKYKYKY!—, una carcajada que acompañó perfectamente la justicia directa que acababa de impartir, dejando claro que aquel hombre, por grande que fuera, había cometido el error de interponerse entre una marine y su deber.
 
—No den ni un solo paso más— advirtió Sigrid con la misma sonrisa amplia de siempre, aunque esta vez había algo firme y absolutamente inamovible en su voz —o me veré obligada a golpearlos igual que al señor de aquí— explicó señalando al grandulón con un gesto despreocupado del pulgar, como si acabara de tropezarse solo, no había amenaza vacía en sus palabras, solo una promesa honesta, clara y directa, pronunciada con la tranquilidad de quien sabe exactamente de lo que es capaz y no necesita demostrarlo dos veces. —y tu chica, deja al enclenque de anteojos o tendré que golpearte con él mismo. — Era una extraña amenaza, pero conociendo a la vikinga era algo que probablemente si hiciera. 

Boxibotton
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]


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RE: A la luz del gran faro [Aventura T1][Sigrid Birkisson][Presente Relativo] - por Sigrid Birkisson - 13-12-2025, 05:51 PM

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