El lenguaje de la gastronomía [Pasado|Priv.]
#7
Sus pequeñas alas mestizas se agitaron con leve temblor, como si hubieran entendido las palabras del joven. Aunque, en realidad, Bai lo sintió como si se tratara del gesto de un niño pequeño que intenta llamar la atención al grito de: «Yo, yo, yo. ¡Mírame!».

Y realmente fue así.

—«¿Acaso lo…? ¿Tiñes?»

Las palabras de Uker se perdieron en el aire. En realidad, ni siquiera le dio tiempo al marine a traducir, pues tan pronto como señaló su cabello estas parecieron ponerse celosas y se abrieron, buscando mostrar majestuosidad. Solo que, en vez de eso, mostraron torpeza. Y es que la derecha golpeó de lleno contra la pared, provocando un sonido sordo y un pequeño quejido por parte de Bai. La izquierda, en cambio, se comportó como una mano que intenta estirarse para atrapar algo, aunque esta vez era algo con nombre y apellido: Uker.

—¡Perdón!

Los ojos de Bai se abrieron, más sorprendidos que asustados, como si no terminara de aceptar que su propio cuerpo hubiera decidido actuar por iniciativa propia.

—¡Perdóname! —insistió, disculpándose tan pronto como pudo, juntando ambas palmas de la mano e inclinando la cabeza ligeramente hacia adelante.

Aunque, en realidad, apenas había motivo para hacerlo, pues, pequeñas en proporción, apenas alcanzaron a acariciar al joven.

—Tranquila, Bai —intermedió el marine—. No creo que le hayas molestado.

Bai lo miró a él.

—Pero…

—En serio —dijo el muchacho para luego dirigirse a Uker—: «Prostay» es la palabra que tienen ellos para pedir perdón. Se está disculpando por haberte golpeado.

Como si hubiera entendido lo que decía, Bai asintió con la cabeza y miró a Uker de la misma forma que un cachorro miraría a su amo para convencerlo de algo.

Y esperó.

Esperó inmóvil durante unos segundos más, como si aguardara una señal clara. Mientras tanto, sus alas, ya recogidas, se mantuvieron tensas a su espalda, demasiado quietas para alguien que quería estar tranquila.

—No fue a propósito —añadió en voz baja, aunque nadie se lo hubiera pedido—. A veces… se mueven solas.

El marine extendió su mano hacia Mudai, quien, sin quejarse, permitió que se la pusiera sobre el antebrazo.

—Vamos, Bai, no pasa nada. Además, no le has contestado.

El chico dibujó una sonrisa, tratando de calmarla.

—¿Yo?

—Sí, te ha preguntado si te… —se quedó en silencio por un momento— si te cambias el color a blanco tú sola.

—¿Si me qué? Oh, ¡ah! ¡Si me tiño!

Llevó una de sus manos al rostro y rió, tapándose la boca en un intento por contenerse.

—Sí, pero no el que piensan —confesó con total honestidad—. Mi cabello… —continuó, tomando un mechón blanco— es más parecido a este color que al oscuro.

Durante un instante hubo silencio, pese a que alrededor seguía habiendo bullicio. Después, un silbido rompió la atmósfera y el marine habló.

—Vaya… —parecía que le habían revelado algún misterio del universo—. Jamás lo hubiera imaginado —añadió, al tiempo que Bai soltaba el mechón y sonreía a Uker.

—¿Tú? —preguntó Bai, señalando hacia él.

—Se tiñe de moreno… —intervino el otro, como si aún no se lo creyera—. Entonces… —cambió al idioma de Bai— ¿es color amarillo?

Ella miró al marine y respondió:

—¿Amarillo? —hizo una mueca pensativa, intentando entender a qué color se refería—. Sí, soy rubia. Rozando lo blanco. El sol se encarga de volverlo completamente blanco.

Tras responder, volvió a mirar a Uker y se puso en pie para poder tocarlo. Al hacerlo, se volvió consciente de la tremenda diferencia de altura que había entre ambos.

—Es muy bonito —dijo por fin, hundiendo sus dedos en el cabello ajeno y jugueteando con él—. Me agrada mucho.

Los segundos pasaron volaron mientras la mujer, encandilada por el mechón, invadía el espacio ajeno. Por suerte, el marine hizo un amago de toser que le recordó que debía respetar al otro. Así que, despacio, mostrando quería estirar el gesto más de la cuenta, se separó de Uker y sus alas se acomodaron a su espalda  relajadas al fin.

—Gracias por dejarme tocarlo —añadió, sincera—. No cualquiera lo haría.

—No es para tanto —Se adelantó a decir el marine —Es sólo un mechón —añadió y, para que Uker le entendiera, la palabra mechón la dije en el idiona compartido por ambos hombres.

—Y es bonito —replicó Bai.

—Sí, claro —se medio burló mostrando que estaba celoso por no tener la atención de la mujer —Oye, ¿y tu no tienes nada qué hacer?

Bai se quedó de pie a medio paso sin saber qué hacer. Había algo en el tono del marine que no le gustaba pero tampoco terminaba de entenderlo del todo.
  Responder


Mensajes en este tema
RE: El lenguaje de la gastronomía [Pasado|Priv.] - por Bai Mudan - 16-12-2025, 08:23 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)