[Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social
#7

Su nombre resonó varias veces en su imaginario, mientras la conversación se desató entre halagos cómodos y coqueteos suaves.

“¿Diminutivos odiosos?” llegó a pensar sin apartar la mirada del rostro ajeno. “Bien, solo Runi, me gusta.” No era quien para contradecirla; de hecho, frente a su belleza no le interesaba ser nadie. Solo quiso prolongar su encuentro un poco más.

Quizá no fuera el momento más apropiado; era seguro que estaba cansada, incluso ofuscada. Pero no se controla quedar embelesado, mucho menos admirar con asombro aquello que es bello. Mientras ella se lo permitiera, quiso mantener la conversación, tratando de extenderla cuanto pudiera.

Y, al igual que ante un hermoso escenario, la contemplaría solo el tiempo que le permitiese, hasta que el tiempo mismo tomara su papel y el increíble atardecer se extinguiera.

Sonrió divertido ante sus ingeniosas respuestas. “¿Explorar nuevos horizontes? Quizás almas afines.” Alcanzo a pensar con la picardía que lo caracterizaba. Un pequeño atisbo de admiración nació en su interior, pues comenzaba a conocerla y en medio de cada vocablo, encontraba más razones para comenzar a apreciarla, mucho más interesantes que su desbordante encanto.

“Espero que creas que jamás lo dije tan en serio como te lo digo a ti.” Se estaba divirtiendo; pues sus vocablos eran rechazados con ingenio. Era lista, y eso le atraía. Pues en su interior no sentía la necesidad de mentir ni de actuar; de hecho, pese a ser leído como un libro abierto, esa franqueza le agradaba.

De repente, el rostro ajeno se acercó con seguridad; sus ojos y los de ella se reflejaron el uno en el otro mientras los sonidos los envolvían. La pregunta no lo sorprendió, aunque tampoco la esperaba. Solo mantuvo silencio, sabiendo que esa era la única respuesta que podía ofrecer, pues encasillarla habría sido una tontería. Ella no tenía igual, lo decían sus ojos, su forma de ser y su seguridad.

La distancia restante que quedaba entre ambos pronto se terminó de extinguirse. El tacto de la mano se posó sobre su hombro y los labios que tanto le estaban robando la atención rosaron los propios. Una suave caricia de paso para llegar hasta su oído y dejar en él sus provocaciones.

“Esta jugando conmigo.” Lo supo, pero no le molestó. Lejos de esa mezquina emoción, sintió tal diversión que ni las olas del mar se igualaron. De inmediato quiso contestar, pero su respuesta tuvo que esperar ante las notorias molestias de Runin. Lo que en un principio parecía un juego entre ambos, se mostró serio de repente.

“Espera, Runin ¿estas bien?” Quiso decir otra cosa, autoproclamarse el culpable del bochorno que ella poseía. Pero realmente se preocupó, el tacto caliente de la frente en su hombro lo hizo reaccionar. Ella necesitaba descanso, o al menos líquidos, pues quien sabe cuanto tiempo paso a la a deriva sobre aquella canoa.

Ella volvió a retomar la palabra, luchó por erigirse con el porte que la caracterizaba y con un juego de palabras ingenioso le pidió cargarla hasta el lugar que le había prometido. No importó si se sentía mal o bien, actuó como si fuera su deseo y designio que fuese de ese modo. “Qué mujer tan ruda… aun en estas condiciones se debe hacer lo que desea…” Pensó sintiendo el cálido abrazo que lo envolvió.

“Realmente eres única.” Confesó correspondiendo al abrazo para que no fuera a caerse por la debilidad de sus piernas. “No tengo otra cosa que hacer, más que ganarme ese derecho entonces.” Continúo el juego de la morena, permitiéndole aquella victoria con elegancia.

Tras un pequeño esfuerzo por parte de ambos, Ryota consiguió colocar a Runin sobre su espalda. El que ella no pudiera sostenerse de sus hombros no sería un problema; la sujetaba con firmeza por las piernas, inclinando el torso hacia adelante para que la gravedad no la arrastrara hasta el suelo. Quizá fue cuestión de segundos o de minutos, pero en algún momento el estado de la morena la hizo quedarse dormida en la espalda del muchacho, dejando su destino incierto a un joven lanzado que apenas conoció hace unos minutos…


Justo en el momento en que Runin volvió a abrir los ojos, tras haberse quedado dormida en la espalda de Ryota, sintió cómo una suavidad familiar la envolvía. A su alrededor pudo notar que se encontraba sobre una cama; solo ella sabía cuántos días habían pasado desde la última vez que descansó en una. Aquella era cómoda, y su cabeza reposaba sobre almohadas de plumas, o al menos eso le sugirió su delicadeza.

“Oh, despertaste.” Una voz femenina hizo eco en el lugar donde se encontraba. Cuando ella desvió la mirada, observó a una hermosa mujer madura, de cabellos rizados y negros, con una flor delicada adornando su cabello. La mujer se encontraba junto a la cama, arrodillada frente a una pequeña mesa cortando fruta en un cuenco.


“¿Cómo te encuentras?” Pregunto con genuina preocupación. “Espero que el suero para la deshidratación te sirviera, tuve que dártelo de beber mientras dormías y me tomé el atrevimiento de cambiarte la ropa.” Las mejillas de la dama se tornan de un tono rojizo. “Te puse uno de mis vestidos viejos, ya no me quedan tan bien ,asi que espero no te molestes.”

La habitación en la que se encontraba estaba finamente adornada; todo estaba bien confeccionado y trabajado, lo que le daba un aire natural pero sofisticado. A juzgar por la puerta de entrada, que daba a un pasillo, parecía tratarse de una casa más grande. Pero ¿quién carajos era esa mujer?



“¿Ya despertaste Runin?”

Una voz familiar resonó, Ryota acababa de aparecer en la puerta, acompañado por Cardan, que parecía enroscarse en sus hombros pese a lo pesada que pudiera resultar. Junto al de cabellos castaños había un par de niños rodeándolo, ambos similares a él, aunque con rasgos y peinados distintos: uno de siete y otro de cinco años, que saltaban a su alrededor tratando de atrapar la cola de la serpiente.

“¡Vamos, hermano, déjanos jugar con Cardan!” Pedían ambos muy interesados. “Sí, Ryo, déjanos jugar con ella, prometemos que no le haremos daño.”

“Ya les dije que no, el pobre no se separa de mí desde que trató de jugar con ustedes ayer, váyanse a buscar caracolas o algo… a ver si la marrana ya puso.” Respondió el castaño con gesto molesto, empujando a los niños para que se apartaran. Al final terminaron yéndose, no sin antes dedicarle gestos de malestar y burla.

“Ah bro… Papá debería ser más duro con ellos, esos niños van a descarriarse tarde o temprano, ma…” Comento genuinamente preocupado por el futuro de sus hermanos, como si él fuera alguien digno de criticar a otros.

“Ya… igual que como pasó contigo… ayer no fuiste al mercado ¿y hoy tienes el valor moral de actuar así?” Su madre no tardó en reprenderlo, suspirando desde su posición para luego ofrecer el plato con fruta a Runin. “Come mi niña y será mejor que te aparte de este, es un Kāne pāʻani wahine”

“¡Oye!, si no fuera por mí, esta pobre y hermosa mujer habría sido presa de quien sabe qué depravado, soy prácticamente un santo.” Sobreexageró su forma de hablar para sonar más dramático, mientras avanzaba hasta la cama para sentarse a los pies de Runin.

“Seh, claro, el único peligro en esa playa eras tú.” Se burló nuevamente del hijo, para luego reír. “Aunque un punto tienes, al menos Runin pudo descansar tras su viaje. Cuéntanos pequeña, ¿de dónde vienes?”
[Imagen: ELRAliP.png]
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RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - por Ryota Miyamoto - 17-12-2025, 08:37 AM

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