18-12-2025, 02:42 AM
No se lo esperó para nada. Teniendo en cuenta la actitud que ambos parecían tener, uno chocando con el otro, no esperaba que blandiera su espada con habilidad para alcanzar no solo a defenderlo, sino también a saber defenderse. Ah, condenados sean aquellos insensatos que no pudieran ver el potencial de ese joven. ¿Dónde diantres estaba gente como él entre sus hombres? Sin duda ya no era solo la habilidad (posible) de poder reparar las armas, también la que demostraba ahora mismo en el combate. El hombre que inició todo el conflicto alzó la mano, abriendo los ojos de par en par, emitiendo un grito de dolor en el mismo instante que el contrario lo tomaba como escudo.
Un soplo de aire fresco. Sí, lo sintió así. El nivel no se comparaba con el suyo, ya que su experiencia lo llevó a blandir el arma a una velocidad de vértigo, algo que iba a demostrar en apenas un parpadeo, pero no en ese instante. Solo escuchó el halago del joven que lo acompañaba. Se mostraba sorprendentemente calmado, de nuevo, retirando la caja metálica de su bolsillo, abriéndola despreocupadamente.
—¿A QUÉ ESTÁIS ESPERANDO? ¡MATADLOS A LOS DOS! — El grito del moreno se elevaba, haciendo temblar a los presentes, quienes blandieron sus armas, incluido el que había entrado solo con el revolver. Pero la amenaza del joven Barald parecía surtir su efecto.
El sonido del mechero, la ceniza del cigarrillo que se encontraba entre sus labios, el humo que comenzaba a extenderse a su alrededor. Cualquiera que lo viera pensaría que estaba cargado o de locura, o de un exceso de confianza que no era para nada sano. Sin embargo, era lo segundo, con la gran diferencia de que no le importaba si era o no sano, porque podía con todo. El que sí se atrevió a hacer algo, con la valentía de poseer un arma a distancia a diferencia del que estaba fuera esperando a dar un balazo a cualquiera, era el segundo individuo dentro de la tienda. Pese a su “valentía”, las manos le temblaban, dudando en si iba a fallar o no. —¡DISPARA, MALDITO IMBÉCIL! — La presión solo lo hacía temblar más, ahora retirando el seguro del arma, con el dedo en el gatillo.
Y en el mismo parpadeo descrito, ahora el arma parecía no disparar. Una velocidad vertiginosa, un movimiento calculado, frío, veloz. Nadie lo había visto. Jin ni siquiera estaba detrás de los hombres, más bien justo al final de la hilera de hombres que se había formado. Por un segundo, al escuchar el paso aterrizar hizo que la hilera de hombres se volteara, en el mismo instante que el clic de la katana que el contrario le había cedido se escuchaba de nuevo entrar en su vaina. ¿Cuándo siquiera había salido de ella? Nadie lo llegó a ver, ni siquiera la lluvia de movimientos que habían realizado sus manos. Ahora era cuando las apreciarían, cuando un estallido de cortes de repente hizo gritar a los hombres al instante que Jin acomodaba la mano en sus labios, tomando el mismo cigarrillo que apenas hacía segundos había encendido, soplando el humo. Tras él, el caos, cortes en brazos, pecho, piernas, ropas rasgadas e incluso el revolver, por la zona de la boca, partida por la mitad, lo que hizo que el terror del individuo solo incrementara, soltando el arma como si le quemara a la vez que comenzó a sentir la sangre pasarle por su abdomen. La sangre de muchos de ellos, que comenzaban a caer al suelo, doloridos. Las heridas no eran profundas, no al menos lo suficiente.
Sus pasos se acercaron, siempre calculados, a un lateral de la tienda, siempre procurando evitar estar en la mira directa del hombre que se encontraba en el exterior. —O no garantizo que salga ninguno de ustedes de aquí con vida, incluyéndolo. Por supuesto, tendrá que explicárselo a su grupo. Me pregunto qué pensarán de usted cuando le vean sin su preciosa mano. — la furia se dibujaba en el rostro del mafioso, quien de nuevo comenzó a cargar con venas de ira sobre su calvicie oscura. —Y, desde luego, los destrozos que ha provocado en la tienda correrán por su cuenta, y no dude que lo perseguiré si es necesario. ¿Quiere zanjar las cosas? Que no sea en un horario de civiles, ni en un lugar con civiles. Le recuerdo que tenemos un código que mantener.
Un soplo de aire fresco. Sí, lo sintió así. El nivel no se comparaba con el suyo, ya que su experiencia lo llevó a blandir el arma a una velocidad de vértigo, algo que iba a demostrar en apenas un parpadeo, pero no en ese instante. Solo escuchó el halago del joven que lo acompañaba. Se mostraba sorprendentemente calmado, de nuevo, retirando la caja metálica de su bolsillo, abriéndola despreocupadamente.
—¿A QUÉ ESTÁIS ESPERANDO? ¡MATADLOS A LOS DOS! — El grito del moreno se elevaba, haciendo temblar a los presentes, quienes blandieron sus armas, incluido el que había entrado solo con el revolver. Pero la amenaza del joven Barald parecía surtir su efecto.
Clic. Clic.
![[Imagen: TB7kAuG.png]](https://i.imgur.com/TB7kAuG.png)
Tssss.
El sonido del mechero, la ceniza del cigarrillo que se encontraba entre sus labios, el humo que comenzaba a extenderse a su alrededor. Cualquiera que lo viera pensaría que estaba cargado o de locura, o de un exceso de confianza que no era para nada sano. Sin embargo, era lo segundo, con la gran diferencia de que no le importaba si era o no sano, porque podía con todo. El que sí se atrevió a hacer algo, con la valentía de poseer un arma a distancia a diferencia del que estaba fuera esperando a dar un balazo a cualquiera, era el segundo individuo dentro de la tienda. Pese a su “valentía”, las manos le temblaban, dudando en si iba a fallar o no. —¡DISPARA, MALDITO IMBÉCIL! — La presión solo lo hacía temblar más, ahora retirando el seguro del arma, con el dedo en el gatillo.
Y en el mismo parpadeo descrito, ahora el arma parecía no disparar. Una velocidad vertiginosa, un movimiento calculado, frío, veloz. Nadie lo había visto. Jin ni siquiera estaba detrás de los hombres, más bien justo al final de la hilera de hombres que se había formado. Por un segundo, al escuchar el paso aterrizar hizo que la hilera de hombres se volteara, en el mismo instante que el clic de la katana que el contrario le había cedido se escuchaba de nuevo entrar en su vaina. ¿Cuándo siquiera había salido de ella? Nadie lo llegó a ver, ni siquiera la lluvia de movimientos que habían realizado sus manos. Ahora era cuando las apreciarían, cuando un estallido de cortes de repente hizo gritar a los hombres al instante que Jin acomodaba la mano en sus labios, tomando el mismo cigarrillo que apenas hacía segundos había encendido, soplando el humo. Tras él, el caos, cortes en brazos, pecho, piernas, ropas rasgadas e incluso el revolver, por la zona de la boca, partida por la mitad, lo que hizo que el terror del individuo solo incrementara, soltando el arma como si le quemara a la vez que comenzó a sentir la sangre pasarle por su abdomen. La sangre de muchos de ellos, que comenzaban a caer al suelo, doloridos. Las heridas no eran profundas, no al menos lo suficiente.
![[Imagen: egQsoqD.jpg]](https://i.imgur.com/egQsoqD.jpg)
—Le recomiendo, señor Deluca, que avise al que está allí fuera de bajar el arma.
Sus pasos se acercaron, siempre calculados, a un lateral de la tienda, siempre procurando evitar estar en la mira directa del hombre que se encontraba en el exterior. —O no garantizo que salga ninguno de ustedes de aquí con vida, incluyéndolo. Por supuesto, tendrá que explicárselo a su grupo. Me pregunto qué pensarán de usted cuando le vean sin su preciosa mano. — la furia se dibujaba en el rostro del mafioso, quien de nuevo comenzó a cargar con venas de ira sobre su calvicie oscura. —Y, desde luego, los destrozos que ha provocado en la tienda correrán por su cuenta, y no dude que lo perseguiré si es necesario. ¿Quiere zanjar las cosas? Que no sea en un horario de civiles, ni en un lugar con civiles. Le recuerdo que tenemos un código que mantener.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
