One Last Time - Pasado - Hyakinthos
#8
Normalmente, ante la lógica simplista de Jensen de ver a los marines como enemigos en lugar de como potenciales aliados, habría protestado y, por supuesto, habría dado su punto de vista más neutral o, mejor dicho, más conveniente; sin embargo, no había caso y tampoco tiempo para perder, pues, dentro de todo lo que dijo el pelinegro, tenía razón, debían irse y, a estas alturas, le daba igual si era para saquear o para volver al barco, pero debía alejarse de ese cadáver si no quería ser relacionado con el crimen.
 
Malditos piratas. Siempre tan salvajes en su actuar.
 
Y, aun así, él era uno de ellos y, por si fuera poco, se estaba dejando guiar por otro hacia algún punto marcado en el dichoso mapa que, lamentablemente, se le había ocurrido recoger del suelo minutos antes. Ojalá pudiera retroceder el tiempo.
 
Más explosiones, más ruido de pólvora. Gritos de personas insultándose o tal vez llorando, a estas alturas era imposible de saber y, si tenía que ser sincero, tampoco era algo que le interesara, si había una guerra entre grupos mafiosos y los marines, pues que se mataran entre ellos, a fin de cuentas, tanto su compañero como él solo serían los oportunistas que se encargarían de llevarse lo que otros deseaban antes de que esos otros llegaran a la escena.
 
—¿Por qué te saltas tantos puntos del mapa? Hasta yo puedo ver que hemos pasado por varios puntos rojos… ¿Ya te dio miedo seguir con tu propia idea? —La malicia con la que dirigió la pregunta tuvo que tragársela cuando llegaron a una casa enorme situada justo al lado de un risco que, por lo que podía ver, conectaba con un canal que tenía salida al mar. Un buen escondite si le preguntaban al médico, a fin de cuentas, parecía una casa común y corriente, con la única diferencia de tener un par de guardias en la entrada.
 
—Tsk…no pienso perderme, no es como que tenga cinco años —. Si en algo era bueno era siendo sigiloso, así que, se mordió sus labios con fuerza para evitar hablar y, tal como le dijo Jensen, se quedó un par de pasos atrás de él, aunque no necesariamente estaba quieto, después de todo, se encargaba de vigilar los alrededores. Todo estaba desperado, pero algo no cuadraba del todo. —¿Solo un par de guardias? Imposible —. Su voz salió en un susurro que, aunque de por si fue bajo, fue aplacado por el ruido de la roca que el pistolero pelinegro lanzó hacia los árboles. —Espera… ¡Johan!
 
Tarde. Su advertencia llegó tarde. La acción había empezado y, con ello, no le quedaba más que actuar en consecuencia a los actos del otro pirata.
 
—¡Maldición! —Siguió a Jensen, quien rápidamente se encargó de uno de los sujetos; sin embargo, el otro…notó como lo noqueó de una patada, pero eso no era suficiente. —Si vas a hacer algo termínalo al menos —dijo antes de sacar de su bolsillo un bisturí y agacharse para cortar, primero, con una precisión digna de cirujano, la piel del cuello, para luego, con un poco más de presión, traspasar la carne, los músculos y llegar a las venas yugulares.
 
La sangre empezó a salir sin control, sin nada que la frenara, el cuello del guardia se había convertido en una fuente que nadie llegaría a detener. No era necesario que el médico se quedara para saber que ese hombre moriría más temprano que tarde, así que se levantó, limpió el bisturí con su pantalón y lo volvió a guardar en su bolsillo, no sin antes meterlo en un pequeño estuche, para no cortarse él mismo por descuido.
 
—¿Llave? ¡Ah sí! La cosa esa que encontramos —. De su otro bolsillo sacó la llave que el pelinegro solicitaba y la entregó sin poner ninguna excusa, aunque algo seguía incomodándolo demasiado…No podía creer que el lugar más llamativo en el mapa fuera el que tuviera menos vigilancia… ¿En verdad todos se habían movilizado por culpa de la explosión de antes? Si era así, no podía convenirles más, pero, no dejaba de ser extraño. —¿De verdad crees que esa llave funcione aquí? Había muchos otros sitios en el mapa…
 
De nuevo tuvo que tragarse sus palabras al ver la puerta del depósito trasero de la casa, a la que habían logrado entrar con demasiada facilidad, se abrió sin poner ninguna resistencia. Suspiró. No tenía más remedio que seguir con el saqueo, solo esperaba que en verdad hubiera algo interesante.
 
—Más te vale que el tesoro de esta gente valga la…
 
Sin palabras. Si antes tuvo que tragarse sus palabras, ahora simplemente se las arrebataban, no había manera de que pudiera terminar la frase que tenía en su mente cuando dio el primer vistazo al interior del depósito.
 
Era enorme. No, no solo era enorme. Era brillante, era una fortuna, una digna de una familia tan importante como la que supuestamente eran estos tipos a los que perseguía la marina.
 
Tragó saliva mientras avanzaba por el sitio, no sin antes haber cerrado la puerta. No podía creer lo que veía, casi que sus ojos tenían el símbolo de “berries” dibujados, con eso tendrían para sobrevivir mucho tiempo en esta o en cualquier otra isla sin tener que esforzarse en hacer algún tipo de trabajo.
 
—Imposible…pensé que sería una pérdida de tiempo, pero te has lucido, Johan —. Al mirar a su alrededor podían notarse estantes ordenados, baúles y cajas acomodados de tal manera que era fácil entender que, quien sea que hubiera dispuesto los tesoros en la habitación, no contemplaba perder nada, pues, incluso, había joyas que tenían el nombre del artesano que las confeccionó y, en los baúles, se podía leer la cantidad de berries de los que disponían o, bien, el tipo de piedra preciosa que guardaban.
 
Así como le dijo Jensen, tomó una bolsa que, como todo lo demás, estaban bien dispuestas en uno de los estantes, tal vez las usaban para transportar riquezas de vez en cuando y ahora ellos, los oportunistas, las usarían para llevar esas mismas riquezas hacia su barco… ¿Sería necesario compartirlas o podría ser su pequeño secreto?
 
Abrió uno de los baúles y dentro encontró varias joyas, entre ellas collares de oro, anillos, aretes, incluso cinturones con buenas hebillas.
 
—¿Qué dices, Johan? —Se colocó un choker de plata con intrínsecos tallados y una joya de un intenso rojo en el centro, un par de brazaletes que le iban a juegos y unos aretes que parecían estar hechos con la misma joya que brillaba en el collar. —¿Crees que debamos compartir esto con nuestro compañeros? Porque desde mi punto de vista, aunque no haya visto mi reflejo, sé que a mi y solo a mí, estas joyas me quedarían así de bien —. Terminó de arreglarse colocándose varios anillos en sus dedos y, el resto, lo metió en la bolsa que antes había agarrado de uno de los estantes, para luego moverse hacia otro de los baúles en los que no abundaban joyas, pero si billetes, no monedas, billetes.
 
Metió cuantos pudo en la bolsa y, cuando notó que esta estaba lo bastante llena, tomó otra, casi olvidándose por completo que estaban en territorio delicado, ahora se dedicaba a examinar con paciencia el tesoro como si se tratara de alguna de sus víctimas y, por él, podía seguir así toda la tarde…o al menos eso es lo que tenía en mente, pero, como siempre, las cosas nunca salen como las planea…aunque, para empezar, ni siquiera había planeado esto…ni siquiera debería estar ahí.
 
Ruido.
 
De nuevo ruido.
 
Esta vez no venía desde las calles que habían dejado atrás, venía de cerca, demasiado cerca.
 
—¡Johan! —Fue un grito de alerta que buscaba advertirle al pelinegro que dejara de hacer lo que sea que estuviera haciendo. —Debemos irnos, ahora —. Tal vez el pelinegro también había escuchado la conmoción afuera, las palabras que no llegaban a escucharse del todo pero que indicaban que ya no estaban solos.
 
Dio un par de pasos hacia atrás, eso sí, sin soltar ninguna de las dos bolsas que tenía en sus manos, a fin de cuentas, no iba a dejar el tesoro por el que “lucharon”, por más que se sintiera acorralado en ese momento.
 
Había escaneado el lugar con su mirada y, en apariencia, la única salida era la misma puerta por la que habían entrado, pero no estaba seguro si sería una buena idea salir como si nada estuviera ocurriendo en el exterior. Sopesó sus opciones, tenía que poner sobre la balanza la situación, tampoco es como que pudieran quedarse dentro de esa bodega demasiado tiempo.
 
—¡Hey, Rojo! ¿Aún tienes balas? Tal vez las necesitemos y… ¿Ah? —Sin querer había dado otro paso más hacia atrás cuando una voz autoritaria en el exterior, de alguien que parecía comandar a un grupo de soldados y que, definitivamente, sonaba como un marine dando órdenes, se escuchó en el interior de la bodega…en otro momento habría maldecido su suerte, pero tuvo que dar gracias por haber dado ese paso, después de todo, algo importante descubrió. —¿Qué es esto?
 
Miró hacia el suelo mientras que con uno de sus pies golpeaba con suavidad el lugar en donde estaba parado. El ruido que hacía no se escuchaba como el cemento firme, de hecho, ni siquiera tenía que hacerlo sonar para darse cuenta de que no era cemento, eso era madera y, por el sonido que hacía, del otro lado no había nada o, al menos, eso aparentaba.
 
—Una puerta…es una puerta… ¡Ayúdame a abrirla! —Le ordenó a Jensen casi con desesperación y esperó a que el chico estuviera a su lado para mover la pesada puerta en el suelo que, al abrirla del todo, dejó ver que bajo ellos estaba ese mismo canal que habían visto cuando llegaron a la casa por primera vez —. Una ruta de escape…
 
Fue lo único que alcanzó a decir antes de que la puerta de entrada fuera derribada con una patada.
 
No hubo tiempo para pensar, tomó al pelinegro de la mano, y se echó sus bolsas al hombro antes de saltar al canal que, si mal no recordaba los llevaría al océano.
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RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - por Hyákinthos - 19-12-2025, 05:10 AM

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