20-12-2025, 06:33 AM
Aun no había caído la noche y Eros ya la anhelaba, estaba cansado en cuerpo y alma. Sus botas yacían en el campamento cercano junto con su abrigo. Hace un rato casi por providencia había llegado flotando desde lo que sería el naufragio del Crimson Stage un par de botellas de vino traídas por la marea, y cierto era que Eros no bebía pero cuando tuvo una de esas botellas en las manos en su vidrio oscuro pudo contemplar el pasado, la memoria de aquellos que ya no estaban, el mismo Crimson Stage. Inspiró profundamente descorchando una de las botellas que habían llegado, usó sus dientes para remover el corcho ante la falta de cualquier tipo de utensilio para ello. Le volcó un poco de vino al mar para brindar con los caídos, y procedió a tomar un buen trago de corazón.
Sentado cerca de la orilla del mar, no muy lejos de su campamento, el carpintero tomó un segundo trago. Por su pésima tolerancia al alcohol ya estaba lo suficientemente ebrio para que su mirada buscase la semejanza de sus compañeros en las olas, dispuesto a saltar para salvar lo que en su momento no pudo. — Otros muertos más que no estarán en lindos ataúdes, eh? Eros, Eros... —Dijo para si mismo tomando el trago más largo que pudo de vino, antes de empezar a toser por el amargor del mismo escupiendo un poco de la bebida en la arena.
Su mano acarició la arena, inspirando y se levantó molesto pegando una patada a la arena. Entonces vino otra. Molesto levantaba arena hasta que finalmente se agachó para comenzar a pegar puñetazos en la arena, y esto se mantuvo por unos minutos... Que se volvieron horas.
Finalmente allí estaba. Él y tres botellas de vino más que había recuperado gracias la corriente, con su espalda contra la arena rodeado de un agujero enorme que él mismo, con sus garras como topo, había cavado en esa playa. La luz naranja entraba por el agujero, Eros podía observar los colores del cielo y nada más tendido de brazos abiertos contra el suelo de tal foso. — ¡No los necesito! —Levantó el puño como si quisiera golpear el aire, pero finalmente su brazo calló lentamente y él, antes de poder enojarse también con su brazos, escuchó una voz conocida asomando por el agujero. Era Varo.
Se sentía más en paz ahora que el veterano había llegado, alguien que verdaderamente entendía la perdida, alguien que verdaderamente sufría en carne propia lo mismo que él. — Varo... Varito... Ven conmigo amigo, nos construí una casita que no se va a hundir nunca más... Te lo prometo —Espetó el borracho, comenzando a reír como un niño que acababa de decir algo que los adultos les habían prohibido. Pícaro, y jocoso ante la desgracia que colmaba su pecho.
Se sentó, extendiendo la zurda para tomar una botella y la ondeó para mostrársela al mink con una sonrisa en el rostro. — De la reserva de... hic... Rosse —Se la estaba ofreciendo a cambio de la compañía, obviamente.
Sentado cerca de la orilla del mar, no muy lejos de su campamento, el carpintero tomó un segundo trago. Por su pésima tolerancia al alcohol ya estaba lo suficientemente ebrio para que su mirada buscase la semejanza de sus compañeros en las olas, dispuesto a saltar para salvar lo que en su momento no pudo. — Otros muertos más que no estarán en lindos ataúdes, eh? Eros, Eros... —Dijo para si mismo tomando el trago más largo que pudo de vino, antes de empezar a toser por el amargor del mismo escupiendo un poco de la bebida en la arena.
Su mano acarició la arena, inspirando y se levantó molesto pegando una patada a la arena. Entonces vino otra. Molesto levantaba arena hasta que finalmente se agachó para comenzar a pegar puñetazos en la arena, y esto se mantuvo por unos minutos... Que se volvieron horas.
Finalmente allí estaba. Él y tres botellas de vino más que había recuperado gracias la corriente, con su espalda contra la arena rodeado de un agujero enorme que él mismo, con sus garras como topo, había cavado en esa playa. La luz naranja entraba por el agujero, Eros podía observar los colores del cielo y nada más tendido de brazos abiertos contra el suelo de tal foso. — ¡No los necesito! —Levantó el puño como si quisiera golpear el aire, pero finalmente su brazo calló lentamente y él, antes de poder enojarse también con su brazos, escuchó una voz conocida asomando por el agujero. Era Varo.
Se sentía más en paz ahora que el veterano había llegado, alguien que verdaderamente entendía la perdida, alguien que verdaderamente sufría en carne propia lo mismo que él. — Varo... Varito... Ven conmigo amigo, nos construí una casita que no se va a hundir nunca más... Te lo prometo —Espetó el borracho, comenzando a reír como un niño que acababa de decir algo que los adultos les habían prohibido. Pícaro, y jocoso ante la desgracia que colmaba su pecho.
Se sentó, extendiendo la zurda para tomar una botella y la ondeó para mostrársela al mink con una sonrisa en el rostro. — De la reserva de... hic... Rosse —Se la estaba ofreciendo a cambio de la compañía, obviamente.
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
