29-10-2023, 01:00 PM
47 de Primavera. Año 11.
Isla Toko, Corriente Daiya - 04:45 a.m.
Existen momentos en la vida que suponen un punto de inflexión.
Habíamos pasado varios días de viaje desde que abandonamos los cabos gemelos. El último trabajo se había saldado con éxito, pero, después de mucho tiempo cazando y acompañando al gremio, estaba empezando a sentirme más incómodo que nunca. Siempre tuve claro que el gremio tenía algo oscuro que enturbiaba los ideales que, a priori, pensé que Vinro tenía en mente. Cuando me uní estaba desamparado. Llevaba años vagando solo los mares y cazando a mis anchas. Él me dio una motivación y un objetivo, y quizá eso es lo que me duele más que otra cosa. Nuestro último contrato era sencillo sobre el papel: Dar caza a una banda de ladrones y maleantes en el West. Sin embargo, las cosas se torcieron cuando descubrimos que la banda era nada más y nada menos que miembros retirados de organizaciones gubernamentales que no se dedicaban a robar, sino a secuestrar, mutilar y vender personas. Mujeres, hombres y niños. No hacían ningún tipo de distinción entre sus objetivos. Para nuestra suerte, no eran grandes luchadores y solo se valían de su gran número de miembros para sus fechorías. Para este trabajo, el propio maestro del gremio, Vinro, bajó del barco para dar caza a los ladrones. El escuadrón estaba formado por él, Shade, el tirador más prolífico del gremio, Urba, un luchador callejero del North Blue y, finalmente, yo, el miembro más joven del gremio. Tras acabar con los desgraciados, Vinro ordenó no dejar ni un solo testigo. Ni siquiera entendí por qué. Shade y Urba accedieron sin dudar, acabando con todas las vidas del lugar. Sus miradas se clavaron en mí al finalizar, no era el primer trabajo que me negaba a realizar por matar inocentes. En ese momento sabía que estaba en peligro, que debía marchar, correr... correr, sí, pero, ¿a dónde?
Las últimas semanas no había podido dormir. Las horas a oscuras escuchando las respiraciones leves y los ronquidos de algunos de mis compañeros eran el único acompañamiento en mis momentos de desvelo. La expresión dormir con un ojo abierto había perdido total y absolutamente el sentido en mi catre donde, preso de la paranoia, aguardaba cada rayo de sol. El día 47 de Primavera, ese rayo de sol, no llegó. Una sensación extraña me azotó, parecía que el barco se había, de alguna manera, detenido en el mar. Se podía sentir el vaivén de la marea, pero no el sonido del viento moviéndose como hasta ahora. Era cuanto menos raro, pero sumado a que no podía oír ningún otro ruido, la combinación hizo saltar mis alarmas. Me levanté del catre con cuidado y sin hacer ruido para, agachado, acercar mi mano a Shimei Kaeru, mi espada predilecta y colocarla cerca de mi cadera con la mano izquierda. - Demasiado silencio... - pensé cuando, a través de la puerta, un virote atravesó la sala empalando mi hombro contra la pared contraria, dejándome clavado. El dolor fue terrible. No solo por el daño físico, sino por todo lo que sabía que implicaba ese ataque. En el fondo de mi ser, sabía que no nos estaban atacando. Era un intento de asesinato, el gremio me había rechazado. La puerta se abrió y 4 hombres aparecieron. Subordinados del gremio del escalafón más bajo. No hubo una palabra, solo miradas. Sus armas estaban desenfundadas y preparadas para acabar con mi vida. - Ni en sueños. - con un gesto rápido de Shimei Kaeru, rompí el virote con la tsuka y me empujé de la pared para salir de mi trampa, con todo el dolor que conllevaba. Acto seguido, desenvainé mi filo para, en cuatro movimientos rápidos, acabar con la vida de mis atacantes. Uno al vientre, otros dos en la columna y finalmente sobre el cuello. Realicé el movimiento tradicional para sacudir la espada de sangre, el chiburi, sacando toda la sangre de traidor de mi espada y envainando su hoja con cuidado de nuevo. Tenía que salir de allí, coger un bote, buscar refugio... todo pasaba por mi mente mientras corría escaleras arriba esperando llegar cuanto antes a cubierta y buscar un medio de transporte. Sin embargo, una vez arriba las cosas empeoraron.
Cuando atravesé la última puerta y llegué a la gran cubierta del barco, todos estaban esperándome. Todos los miembros de todos los rangos del gremio esperaban mi muerte y entre ellos, destacaban mis antiguos compañeros de misión: Shade, que presumiblemente había sido quien me disparó, estaba detrás del todo, sobre unas cajas y barriles, usando su posición para vigilar el entorno, mientras tensaba su arco con dos flechas. Urba crujía sus dedos mientras se posicionaba para la lucha a unos metros de mí y finalmente, entre ellos, el maestro del gremio, Vinro, que se enfundaba sus guanteletes de acero dispuesto a pelear. El silencio era sepulcral, solo opacado por el sonido de la marea y el crepitar de la vieja madera del barco. - Lo siento, muchacho. Las cosas no tenían que ser así. - dijo Vinro con un tono de condescendencia que odiaba.
Volvía a pensar: Correr... Pero, ¿a dónde?

![[Imagen: W7KwXzn.png]](https://imgur.com/W7KwXzn.png)
![[Imagen: Nuf4AJR.png]](https://i.imgur.com/Nuf4AJR.png)