Narrador / María Merlot
Día 49 de Primavera, año 16.
……………………………………
Thump thump
¿Iba a morir?
Thump thump
¡Quería morir!
Thump thump
¿Por qué no la dejaban morir?
Thump thump
Día 49 de Primavera, año 16.
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Thump thump
¿Iba a morir?
Thump thump
¡Quería morir!
Thump thump
¿Por qué no la dejaban morir?
Thump thump
Su mente estaba nublada, su cuerpo era un juguete. Había vuelto a caer en las manos equivocadas, luego de que aquel buen hombre la salvará de Grizelda. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Qué le habían hecho? Preguntas que no podía contestar porque nada tenía claridad, las pocas veces que era consciente… prefería estar muerta, y era curioso porque siempre había luchado por sobrevivir, siempre había tenía el optimismo de sacar lo bueno de la mierda de vida que tenía... hasta cuando estuvo bajo el yugo de “ÉL”, pensó en escapar y seguir viviendo, pero ahora era diferente, sus captores actuales la habían drogado, la tenían intoxicada con mil y un brebajes que distorsionan su realidad, que aumentaba su lívido, que saca su alma y dejaba solo un cascaron vació.
Ese día en particular… había estado algo lúcida, a veces se les olvidaba darle la dosis en las horas específicas, y hoy sucedió. Estaba sobre un sofá, recostada de un asqueroso hombre. Se trataba de Patrick, era quien regía ese barco hecho prostíbulo, era un jodido cerdo que le gustaba tenerla como una muñeca de trapo, cuando se aburrida la ofrecía a sus clientes “como la mercancía más valiosa”, y luego la golpeaba por “acostarse con otros”, un enfermo pervertido en toda la regla.
— ¿Buscas gente para tu tripulación? Tengo buena información, si… — comento con seguridad, María no sabía de qué hablaba, ni con quien.
— ¿Conoces por quien pregunto? — fue la primera vez que escucho su voz, una voz suave, firme y neutral, una voz que no tenía miedo, que no terminaría como un ser sin voluntad como ella.
La mujer celeste dirigió sus orbes ámbar a aquel que hablaba con Patrick, un hombre de tez morena y cabello chocolate pero eso no era lo que más resaltaba de su estampa, eran sus ojos… ojos fantasmales. Lo vio rechazar varias mujeres que se acercaron con intenciones sexuales, él era diferente a cualquier otro hombre que hubiera pasado ese barco. Él parecía capaz de hacer todo, él parecía capaz de matar… de acabar con su sufrimiento dándole la salida de la muerte. Cuando sus miradas se cruzaron, quiso suplicarle “MATAME, matame y dame paz” pero su boca apenas se movió y ningún sonido salió. Patrick seguía hablando sin prestar atención al deseo de la semisirena, pero el hombre de ojos fantasmales no le quitaba la mirada de encima, quizás vio la desesperación en la menuda mujer.
— ¿Te gusta mi Sirena? Te puedo dar una buena oferta por una noche con ella. Si no te has acostado con una sirena no conoces el placer de la vida. Son unas mujercitas deliciosas, te recargan de omega 3 — bromeó carcajeándose nauseabundamente.
María vio como el de ojos fantasmales inclinó la cabeza, sus ojos brillaron con una emoción que no supo identificar pero justo en ese momento pudo gesticular lo que más deseaba su corazón “MA-TA-ME POR FA-VOR”; lo vio negar levemente con la cabeza — Haré algo mucho mejor… voy a enseñarte y mostrarte cómo cambia el mundo cuando vivir deja de ser una obligación y se convierte en tu libertad… — comentó con determinación, y la mujer, en su intoxicación, casi pudo jurar que vio un halo de luz a su alrededor…
— ¿De qué demonios hablas? — preguntó Patrick, y esa fue la última vez que escucho su repulsiva voz…
………………………………………………………………
El hombre la cargaba en brazos, envuelta en una manta que ocultaba el espantoso y vulgar atuendo que llevaba puesto… nunca había visto nada con tan poca tela. ¿Por qué la ayudó? Difícil y complejo de responder, lo único que sabía es que había visto en aquellos orbes ámbar tal deseo de morir, que necesitaba enseñarle a vivir, y la vida solo podía ser vivida desde la libertad… ¿Acaso ese no era su camino? Así llegó a su barco, yendo directo a la habitación del médico con una sola petición “Cuidala”.
Ese día en particular… había estado algo lúcida, a veces se les olvidaba darle la dosis en las horas específicas, y hoy sucedió. Estaba sobre un sofá, recostada de un asqueroso hombre. Se trataba de Patrick, era quien regía ese barco hecho prostíbulo, era un jodido cerdo que le gustaba tenerla como una muñeca de trapo, cuando se aburrida la ofrecía a sus clientes “como la mercancía más valiosa”, y luego la golpeaba por “acostarse con otros”, un enfermo pervertido en toda la regla.
— ¿Buscas gente para tu tripulación? Tengo buena información, si… — comento con seguridad, María no sabía de qué hablaba, ni con quien.
— ¿Conoces por quien pregunto? — fue la primera vez que escucho su voz, una voz suave, firme y neutral, una voz que no tenía miedo, que no terminaría como un ser sin voluntad como ella.
La mujer celeste dirigió sus orbes ámbar a aquel que hablaba con Patrick, un hombre de tez morena y cabello chocolate pero eso no era lo que más resaltaba de su estampa, eran sus ojos… ojos fantasmales. Lo vio rechazar varias mujeres que se acercaron con intenciones sexuales, él era diferente a cualquier otro hombre que hubiera pasado ese barco. Él parecía capaz de hacer todo, él parecía capaz de matar… de acabar con su sufrimiento dándole la salida de la muerte. Cuando sus miradas se cruzaron, quiso suplicarle “MATAME, matame y dame paz” pero su boca apenas se movió y ningún sonido salió. Patrick seguía hablando sin prestar atención al deseo de la semisirena, pero el hombre de ojos fantasmales no le quitaba la mirada de encima, quizás vio la desesperación en la menuda mujer.
— ¿Te gusta mi Sirena? Te puedo dar una buena oferta por una noche con ella. Si no te has acostado con una sirena no conoces el placer de la vida. Son unas mujercitas deliciosas, te recargan de omega 3 — bromeó carcajeándose nauseabundamente.
María vio como el de ojos fantasmales inclinó la cabeza, sus ojos brillaron con una emoción que no supo identificar pero justo en ese momento pudo gesticular lo que más deseaba su corazón “MA-TA-ME POR FA-VOR”; lo vio negar levemente con la cabeza — Haré algo mucho mejor… voy a enseñarte y mostrarte cómo cambia el mundo cuando vivir deja de ser una obligación y se convierte en tu libertad… — comentó con determinación, y la mujer, en su intoxicación, casi pudo jurar que vio un halo de luz a su alrededor…
— ¿De qué demonios hablas? — preguntó Patrick, y esa fue la última vez que escucho su repulsiva voz…
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El hombre la cargaba en brazos, envuelta en una manta que ocultaba el espantoso y vulgar atuendo que llevaba puesto… nunca había visto nada con tan poca tela. ¿Por qué la ayudó? Difícil y complejo de responder, lo único que sabía es que había visto en aquellos orbes ámbar tal deseo de morir, que necesitaba enseñarle a vivir, y la vida solo podía ser vivida desde la libertad… ¿Acaso ese no era su camino? Así llegó a su barco, yendo directo a la habitación del médico con una sola petición “Cuidala”.
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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