Fragmentos de tu amor... que nunca olvidaré :: Privado :: Pasado
#3
Narrador / María Merlot

……………………………………………

Thump

Thump thump

Thump thump thump

Los latidos de su corazón se sentían irreales, como su vida misma. Su mente era un revoltijo de algodones dónde cualquier razonamiento rebotaba hacia ningún lugar en particular. Su cuerpo, su cuerpo nunca había sido tan ajeno como lo era ahora; no respondía a ella, respondía a estímulos externos; era una reacción inmediata que la llenaba de asco, desesperación y ganas de dejar de vivir… porque si en la densidad de su pensamiento algo hizo clic, fue entender que ellos jamás la dejarían estar lo suficientemente lucida para escapar, así que su única oportunidad radicaba en morir; fuera por mano propia o haciendo enojar a uno de los clientes de Patrick. Por eso, cuando vio aquellos ojos fantasmales… le pidió que la liberara de su calvario.

¿La habría matado?

¿Estaba su alma vagando en el limbo?

Sintió frío, luego calor.

Sintió un cálido abrazo, sintió una refrescante brisa.

¿Era el paraíso?

¡Qué vida tan patética! Una existencia que si desaparecía no desequilibraría el universo, solo sería una simple partícula de polvo limpiada de una historia más grande. Un descartable personaje secundario, con una tragicomedia escrita por un Dios malvado y ocioso; una historia que se remontaba a cuando despertó en aquel barco como prisionera y sin recuerdos, a la edad de 13 años… ¡Mente en blanco! ¡Frío! ¡Miedo! ¡Ignorancia! ¡Debilidad! Tantas ramificaciones brotando de una persona tan joven… solo ocasionó un quiebre a tal nivel que se fragmentó en miles de pedazos y recluyo dónde nunca la alcanzarían: Su Mente.

¿Una nube? ¿Flotaba en una nube? El viaje hacía la muerte parecía tan curioso como irrelevante, porque lo que más deseaba era apagarse de una vez por todas. Sus párpados, a medio abrir, dejaban a la luz sus orbes ámbar… desenfocados, sin vida ni brillo. Cuando su cabeza se inclinó hacia un lado por la gravedad, vio un destello rosa… ¿una nube rosada? ¡Un Algodón de Azúcar! Le hablo, pero no entendió nada de lo que le decía, sin embargo, algo sí percibió… la suavidad y dulzura en su entonación. Eso la hizo sonreír, aunque por efecto de la intoxicación fuera una sonrisa llena de lascividad.

El Algodón de Azúcar con las melodías que salían de sus… hilos dulces, le cobijaban el corazón, la hizo sentir por un momento… “No tan mal”, lo cual era un cambio radical a todas las sensaciones de mierda que había estado experimentando los últimos meses. ¿Si se acercaba y lo mordía, si se lo comía… su malestar desaparecería? Por eso con las pocas fuerzas que tenía se lanzó a sus brazos y le susurro palabras que ni ella entendió pero que en su cabeza no sonaron mal… ¿o si lo eran? Deseaba agarrarlo, deseaba estrujarlo… deseaba devorarlo… sus manos así lo intentaron pero con la misma paciencia de antes el Algodón de Azúcar le negó el avance…

Su boca se sentía seca, pastosa, su cuerpo caliente… sus extremidades laxas; pero de todos, su estómago era el peor, un revoltijo de magma que la atenazaba con cada bocanada de aire, no solo estaba drogada, no solo era usada, sino que los brebajes también le causaban un horrible efecto secundario en el estómago, como si la quemaran por dentro… no importa por dónde se mirara, la muerte era la mejor opción. ¡No quería seguir sintiendo!

La conciencia volvió a irse, sus ojos podían estar abiertos, pero su mente no estaba ahí… de fondo siguió escuchando la melodía del Algodón de Azúcar; y como no era dueña de sí misma, su cuerpo reaccionaba a él, a sus órdenes que resultaban a su voluntad una verdad absoluta que cumplir y obedecer. 

¿Tienes miedo?
Es normal…
No te dañare...
Ven…
¡Hermanita!
¿Cómo te sientes?
Quien diría que un Shaman…
Podría utilizar cosas de los Mink cómo ingredientes...
Empecemos por el principio:
No estás muerta…
No soy un Dios…
No se si te reencarnaras con un lujurioso pandero….
Tan solo soy un mendigo preocupado…
Por las heridas en tu rostro….

Una vez alguien le contó que antes de morir vería pasar por delante de sus ojos fragmentos de su vida, y justo así estaba sucediendo, una combinación de psicodelia y realidad… aquel cangrejo que conoció hacía mucho tiempo, o la mink que con cariño le llamaba “hermanita” o el desgarbado hombre que confundió con un Dios, y que así se quedó en su corazón… ese último recuerdo le hizo afligirse, porque sabía que no sería su cara la que vería cuando la luz se extinguiera, pero si hubiera una deidad que la recibiera en el más allá, esperaba que no se pareciera a él tampoco, que se pareciera Patrick o a “quien no debe ser nombrado” para cogerlo a golpes por la vida que le había tocado vivir.

Como un volcán… el contenido en su estómago erupcionó, y sus ojos se abrieron de par en par, descargando todo lo que tenía y no tenía en una cubeta… ¿de dónde había salido? Ni idea. Su cabeza tocó la cómoda almohadilla, y ahí estaba de nuevo, aquella dulce voz… sus ojos buscaron por… inercia al dueño, el Algodón de Azúcar, que aunque seguía siendo borroso, la mancha rosada era difícil de pasar por alto. ¿Agua? ¿Le estaba ofreciendo agua? Una lagrima, seguida de otra y otra brotaron de sus ojos… ¡Cuánto amaba el agua! pero le restringieron su acceso, porque ellos lo sabían, y así la castigaban, a veces la ponían frente al mar, le mostraban la libertad de las profundidades, su único y gran anhelo, y luego la regresaban a la putrefacta y árida recamara de la perdición.

El agua tocó sus labios, empapó su lengua y abrazó su garganta. Era una adicta que había estado sin su adicción por tanto tiempo que volverla a sentir… fue extraño y maravilloso, ajeno pero tan propia de su ADN, que otra vez las lágrimas dejaron sus ojos. Si estuviera más hidratada, seguro aquellas delicadas líneas saladas serían cascadas sin control, dejando salir todo su dolor, frustración, miedo y… esperanza — …. m….a…s… — su voz apenas salio, ese sonido se sentía tan irreal en sus oídos como si le perteneciera a otra persona. Él la complació… y como si el agua la regresará a la vida, mientras refrescaba su estómago, menos dolor sentía…

Él continuo hablando, un ángel que le dio agua, y empezaba a verse con claridad, no era un algodón de azúcar gigante, era un hombre de largos cabellos rosados, delicada piel blanca, preciosos ojos amarillos y cálido espíritu bondadoso... ella solo se quedo acostada, con la cabeza apuntando a su dirección. Su estómago estaba calmándose pero eso no implicaba que su mente regresará tan rápido a un estado “normal”, después de todo, tenía meses intoxicada. Y aún faltaba lo peor, la fase de abstinencia…

Sus ojos se cerraron, entró nuevamente a la inconsciencia pero ahora por somnolencia. Esta vez no soñó nada, no había nada en su mente, y eso era… balsámico. Hasta que un susurro maldito fue tomando forma…

…

Kass

…

Kassan

…

Kassandra

…

¡KASANDRA!


— ¡NO! — grito despertando abruptamente ante la jugarreta de su mente, tal fue el repentino levantar que se tropezó y cayo de la camilla.

PLAF

Retumbó por el lugar, su cuerpo se resintió, y un “augh” escapó de sus labios. ¿Dónde estaba? Sus recuerdos eran confusos, se levantó con dificultad, e intentó ver alrededor… y fue cuando lo vio, el hombre de antes, el Algodón de Azúcar. ¿Su nuevo captor? Como un animalito temeroso, se arrastró en dirección contraria al hombre, metiéndose debajo de la camilla, abrazando sus piernas, intentando hacerse pequeña… como si eso la fuera a borrar de su radar.

¿Por qué se escondía?

¡Porque tenía miedo!

¡Porque continuaba confundida!

¡Porque era patética!

Sus ojos peinaron la habitación, habían muchas cosas filosas… objetos que con un roce certero derrumbarian a cualquiera. María no sabía ni entendía que había sucedido pero algo sí estaba claro en su mente, estaba más lúcida que nunca (si podía llamarse a eso lucidez) entonces, era ahora o jamás… no iba ni quería descubrir si el Algodón de Azúcar era realmente dulce, no tenía ganas ni fuerzas de continuar adelante. Se había rendido, sus ojos estaban vacíos. La única salida pasaba por ser más rápida, tomar uno de esos cuchillos (bisturís) y… acabar con su propia y paupérrima existencia.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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RE: Fragmentos de tu amor... que nunca olvidaré :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 22-12-2025, 02:32 AM

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