22-12-2025, 02:58 AM
El ambiente se notaba cargado, lleno de dudas pues los alumnos comenzaban a dudar de mi método de enseñanza. ¿Entendible? Sí, pues todo lo hacía por ver en primer plano el culo de la enorme peliblanca. La veía subir y bajar, con movimientos gráciles, elegantes, como si el sudor que bañaba su bronceado cuerpo fuese una ilusión, y no estuviera cansada en absoluto. No comenté, tampoco miré a nadie más pues solamente mi cabeza subía y bajaba al mismo ritmo que ella proseguía con el ejercicio, fantaseando con el escenario de estar debajo de ella,
Una vez terminó escuché el murmullo como un choque de realidad. Los alumnos no estaban de acuerdo con el calentamiento. Si un fuerte pisotón sobre el suelo de madera, el sonido del golpe hizo eco, y toda voz quedó en silencio de nuevo. -Sé que estos ejercicios parecén poco convencionales, pero la realidad es que ustedes tienen razón. Todo esto no vale para una poronga. -Me acerqué a una de las esquinas del aula y agarré una guitarra española. La lancé justo a quien me había preguntado si esto era parte del calentamiento de tango. Haciéndolo con tanta fuerza que casi se la parto en la cara.
-Por pelotudo ahora tocá algo bonito y con fuerza… Demostrá voluntá… -Volviendo de nuevo a mi lugar agarré a la mujer de la cintura y la atraje hacia, sus bragas casi rozando mi nariz, mi cada quedando tan solo a unos milímetros. Miré hacia arriba, con una sonrisa picarona. Mi mano apretó su culo con fuerza según el sonido de la guitarra comenzaba a extenderse por la sala. -El tango no es técnica. El tango es pasión. Tienes que sentir tu corazón alimentar el fuego de tu interior, como un fuelle. Y dejá que el incendio sea quien guíe tus movimientos.
¿Tenia idea de bailar tango? No, ¿Tenia sentido lo que estaba diciendo? Pues en su cabeza si. Tomé la mano izquierda de la enorme peliblanca y con la derecha aún en sí trasero comencé a dirigir el baile, era complicado debido a la diferencia de altura pero no me achanté en ningún momento, supe dirigir sus pasos y movimientos hacia donde yo quería. No era tango en absoluto lo que estábamos haciendo. Era un baile mucho más pegado pues no le dejaba siquiera un milímetro de distancia, podía sentir su piel irradiando calor, un calor que anulaba todos mis sentidos y mi capacidad de pensar otra cosa que no fuera querer hacer mía a esta mujer en todos los sentidos.
Una vez la guitarra terminó de sonar, no me separé, con la respiración agitada, y mi mente completamente perdida solo pude decir una cosa. -Obviamente esto es un tango especial, no es el que todos conocéis. -Dije en alto a toda la clase. -Y si quieres a ti te puedo dar clases privadas… -Esto último solo iba dirigido a la morenaza, sin tapujos ni rodeos. Dejé de disimular ser un caballero si es que en algún momento lo había sido, y le propuse aquello, obviamente ambos sabiendo las segundas intenciones que había detrás de mis palabras.
Una vez terminó escuché el murmullo como un choque de realidad. Los alumnos no estaban de acuerdo con el calentamiento. Si un fuerte pisotón sobre el suelo de madera, el sonido del golpe hizo eco, y toda voz quedó en silencio de nuevo. -Sé que estos ejercicios parecén poco convencionales, pero la realidad es que ustedes tienen razón. Todo esto no vale para una poronga. -Me acerqué a una de las esquinas del aula y agarré una guitarra española. La lancé justo a quien me había preguntado si esto era parte del calentamiento de tango. Haciéndolo con tanta fuerza que casi se la parto en la cara.
-Por pelotudo ahora tocá algo bonito y con fuerza… Demostrá voluntá… -Volviendo de nuevo a mi lugar agarré a la mujer de la cintura y la atraje hacia, sus bragas casi rozando mi nariz, mi cada quedando tan solo a unos milímetros. Miré hacia arriba, con una sonrisa picarona. Mi mano apretó su culo con fuerza según el sonido de la guitarra comenzaba a extenderse por la sala. -El tango no es técnica. El tango es pasión. Tienes que sentir tu corazón alimentar el fuego de tu interior, como un fuelle. Y dejá que el incendio sea quien guíe tus movimientos.
¿Tenia idea de bailar tango? No, ¿Tenia sentido lo que estaba diciendo? Pues en su cabeza si. Tomé la mano izquierda de la enorme peliblanca y con la derecha aún en sí trasero comencé a dirigir el baile, era complicado debido a la diferencia de altura pero no me achanté en ningún momento, supe dirigir sus pasos y movimientos hacia donde yo quería. No era tango en absoluto lo que estábamos haciendo. Era un baile mucho más pegado pues no le dejaba siquiera un milímetro de distancia, podía sentir su piel irradiando calor, un calor que anulaba todos mis sentidos y mi capacidad de pensar otra cosa que no fuera querer hacer mía a esta mujer en todos los sentidos.
Una vez la guitarra terminó de sonar, no me separé, con la respiración agitada, y mi mente completamente perdida solo pude decir una cosa. -Obviamente esto es un tango especial, no es el que todos conocéis. -Dije en alto a toda la clase. -Y si quieres a ti te puedo dar clases privadas… -Esto último solo iba dirigido a la morenaza, sin tapujos ni rodeos. Dejé de disimular ser un caballero si es que en algún momento lo había sido, y le propuse aquello, obviamente ambos sabiendo las segundas intenciones que había detrás de mis palabras.
Karmas
