[PASADO |Ubbe] Bajo la mesa del Mundo (Social)
#5
El chico dice su nombre y siento algo raro y lindo en el pecho, como cuando una cosa encaja sin hacer ruido. Ubbe. Me gusta cómo suena. Es corto, fuerte, pero no da miedo. No lo digo otra vez, solo lo guardo, como cuando encontrás una piedrita bonita y te la metés en el bolsillo para después. Me gusta saber cómo llamarlo, incluso acá abajo, donde nadie nos llama.

Cuando asiente tan rápido que se golpea la frente contra la mesa, me sobresalto un poquito y mis alas se aprietan solas, como si quisieran protegerlo. Una pluma se me escapa y cae al piso. No me río. Me dan ganas, sí, porque fue un poco gracioso… pero sé lo que es hacer ruido sin querer y pensar que todos te están mirando.

— Ey… — digo bajito, casi sin voz — Despacio — luego agrego, porque no quiero que se sienta tonto — La mesa muerde.

Es una broma chiquita. De esas que no pinchan. No quiero que se sienta mal.

Cuando me agradece, inclino la cabeza, confundida ¿Enojarme? No entiendo bien por qué alguien pensaría eso.

— No — digo negando con la cabeza — No pasa nada.

No explico más porque en realidad no sé qué explicar. Solo sé que esconderse no está mal. Acá abajo no hay adultos mirando. No hay caras serias. Eso lo vuelve distinto.

Lo escucho. De verdad. No hablo por encima. No porque me lo hayan enseñado —aunque siempre me dicen que sea correcta— sino porque lo que dice me resulta importante, como si estuviera contando un secreto sin saberlo. Cuando señala hacia arriba y habla de las luces, de la música fuerte, de los adultos que retan todo el tiempo, asiento despacio, como si mi cabeza pudiera decir "yo también" sin palabras.

— Siempre dicen eso — susurro — "Cuidado". "Más lento". "Así no". — Y esta vez intento imitar a mi madre cuando habla y hace esos manierismos con la cara y las manos.

Tampoco sé bien si hablo de él o de mí. Creo que de los dos.

Cuando nombra a sus hermanos, siento algo raro en el pecho. No feo. Como cuando ves a alguien jugar algo que vos nunca jugaste.

— No es que estés mal — digo rápido, antes de pensarlo mucho — Es que sos grande.

Me quedo callada un segundo y bajo más la voz.

— A los grandes… a los grandes de verdad… eso los asusta. — refiriéndome a los adultos.

No lo digo enojada. Lo digo como quien dice algo que aprendió mirando mucho. Mis alas se mueven apenas. Yo también soy grande. Siempre demasiado.

El silencio no me molesta. Me gusta. Es como cuando la música se calla un segundo y parece que todo respira.

Entonces Ubbe se endereza y habla de cómo escapó, con una cara muy seria, y mis ojos se agrandan. No me río. Escapar es algo importante. Aunque sea poquito.

—¿Solo? — pregunto, inclinándome hacia él sin darme cuenta — ¿De verdad? — la frase me pesa, por eso la digo despacio.

No importa si fue lejos o cerca. Salió. Probó. Eso cuenta.

— Volver es lo peor — digo sin pensar demasiado — Siempre cuesta más.

Me sorprende decirlo, pero es verdad. Hay cosas que una sabe aunque nadie se las explique.

Cuando dice que afuera estaba más tranquilo, asiento otra vez. Arrugo un poquito la tela de mi vestido entre los dedos.

— Acá también. Es como… un lugar escondido entre otros lugares.

No sé si se entiende. Para mí sí.

Cuando dice que conmigo se siente más tranquilo, algo calentito me sube hasta la garganta. No estoy acostumbrada a eso. Normalmente soy lo que miran, lo que corrigen.

— Me gusta — respondo — a mí también.

Cuando dice que nunca vio a alguien esconderse así, sonrío un poco más grande.

— Entonces somos… buenos en esto — digo, pensando la palabra — Como profesionales.

Es un chiste chiquito. Apenas una lucecita.

Cuando acepta quedarse un poco más, siento alivio. No sabía que quería tanto eso hasta ahora.

— Cuando dijiste que eras diferente… — vuelvo a decir, despacito, como si la frase pudiera romperse — pensé que tal vez era porque creciste muy rápido.

Lo miro un ratito más. No fijo, no como miran los grandes. De costado, midiendo. Como si estuviera armando un rompecabezas invisible.

— A mí me pasa algo así — agrego — No igual, pero parecido. Siempre dicen “qué grande estás”, “qué rápido”, “qué fuerte”, “qué impresionante”.

Frunzo apenas la nariz.

— Como si yo lo hubiera elegido.

Hago un gesto chiquito con la mano, como quitándole importancia, aunque no sé bien si la tiene o no. Los adultos siempre dicen que exagero.

— Y después… esperan que sepa qué hacer con eso. Como si crecer viniera con instrucciones escondidas.

El ópalo en mi cuello vuelve a brillar con una luz que no busqué. Me distrae. Me quedo mirándolo más de la cuenta.

— Esto — digo, tocándolo con dos dedos — lo hicieron para hoy. Para que lo vean todos. Papá dijo que es importante que lo miren bien.

Dudo un segundo.

— A veces siento que yo también estoy acá para que me miren.

No lo digo triste. Lo digo como quien encuentra una palabra nueva y la prueba en voz alta. La tranquilidad de Ubbe me ayuda a mantenerme valiente en hablar.

— ¿Sabes qué creo yo? — pregunto, aunque no espero respuesta — Que los lugares importantes no siempre son los grandes.

Me muevo un poco, acomodándome mejor bajo la mesa. Trato de no golpear nada. Mis alas rozan la tela del mantel, con cuidado, como si también pidieran permiso. No pasa nada. Todo sigue quieto.

— Creo que los lugares importantes son los que no te piden cosas — explico — Donde no tenés que portarte perfecto, ni crecer más rápido, ni quedarte chiquita.

Hago un círculo pequeño con el dedo sobre el piso.

— Donde no tenés que demostrar nada.

Miro el espacio alrededor. Las patas de la mesa parecen columnas. El mundo es más bajo acá.

— Como acá.

Sonrío. Esta vez no para mí. Para él.

— Y… de dónde vengo... — retomo, acordándome de lo que me preguntó antes — vengo de una casa donde siempre hablan del después.

Me encojo un poco de hombros.

— De lo que voy a ser. De lo que voy a representar. De lo que esperan.

Bajo la voz, como si el futuro pudiera escuchar.

— Casi nunca hablan de lo que soy ahora.

Me quedo quieta un segundo. Después digo:

— Ahora mismo soy una chica sentada abajo de una mesa, escondida en un baile elegante… hablando con alguien que se escondió igual que yo.

Levanto la mirada hacia él, con una sonrisa tímida, un poco torpe, muy honesta.

— Y eso me gusta más que todo lo de afuera.

Lo miro.

— ¿Y vos? — pregunto — ¿Vivís lejos?

Desde arriba llega un aplauso más fuerte, prolongado. Una pieza debe haber sido vendida. El sonido me atraviesa, pero no me arrastra. Me acerco un poco más a Ubbe, no tocándolo, solo acortando la distancia invisible que aún nos separa.

— Creo que queda una canción más — murmuro — O medio pedacito.

Mis alas se acomodan mejor, más relajadas ahora, como si hubieran decidido confiar en este espacio compartido. Me apoyo un poco contra la pata de la mesa, sintiendo la madera firme en la espalda.

— Y aunque después tengamos que salir… — digo despacio — este lugar ya existe.

Levanto la vista hacia él.

— Eso también es escapar — susurro — Aunque sea un poquito durante un ratito.

No me hace falta sonreír. La idea se queda ahí, quieta, como algo que no se rompe fácil, una promesa persistente entre los dos.
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RE: [PASADO |Ubbe] Bajo la mesa del Mundo (Social) - por Asherah Bel-Nadin - 23-12-2025, 10:31 AM

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