Fragmentos de tu amor... que nunca olvidaré :: Privado :: Pasado
#5
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA


……………………………………..

Un corte…
Un solo dolor…
Y luego la paz de la muerte…

En su intoxicada cabeza sonaba tan fácil, solo debía salir de debajo de la camilla, tomar el arma con filo y suicidarse. No tenía motivos ni ganas para seguir caminando entre el mundo de los vivos. Tal vez si hubiera entendido hacía mucho tiempo que ella no era relevante ni importante, que su existencia no sumaba ni restaba, que nadie la esperaba al final del día, y que siempre estaría sola… entonces, no hubiera pasado por todo eso. ¿Por qué? Porque estaría muerta.

La voz cálida y amable del hombre llenó la habitación, María buscó aquella fuente de lo que sentía como un bálsamo irreal sobre las heridas de su alma y corazón. ¡Ahí estaba! Cabello rosado y aura angelical, no se parecía en nada a aquellos que solían frecuentarla. Quizá ese hombre pertenecía a esa parte de la sociedad dónde todo… era color arcoíris; dónde los amigos existían, dónde las promesas se cumplían, dónde la maldad no tenía cabida. Y esa imagen se reforzaba con los leves rayos de luz que se filtraban por algún lugar, haciéndolo parecer un ser de la luz, de la bondad… del bien que anula el mal.

¿Cómo hubiera sido su vida si en vez de despertar en aquel barco pirata a los 13 años, hubiera despertado aquí, junto a ese ser de luz? Sus labios tendrían una sonrisa permanente, genuina y pura de corazón, se vería tan limpia y pulcra como él, su cuerpo nunca hubiera sido profanado y su mente nunca se habría resquebrajado. Cuando no sabía nada, si supo algo… leer y escribir, tenía esas cualidades, así que quizás con un hombre como este pelirrosado fuese desarrollado alguna profesión de esas intelectuales… tendrían esas charlas sobre el clima, la geografía o la política, sobre astutos piratas o arriesgados revolucionarios. Ella sería una señorita, una hermosa señorita, en toda la regla que con su encanto natural deslumbraría a todos… ella hubiera sido… ¿feliz?

El hombre le hizo preguntas pero las ignoró… ¿de qué serviría saber de dónde venía una mujer muerta? Si algo le había enseñado la vida es que solo se tiene el aquí y el ahora, lo lamentaba por él pero había llegado tarde, ella no necesitaba un héroe, necesitaba un verdugo que le hiciera exhalar su último suspiro. En un parpadeo, y con una agilidad venida de la adrenalina y la voluntad de ir más allá, de lograr su objetivo: perecer; salió de debajo de la camilla, se dirigió a la mesa, no volvió a mirar al masculino, tomó el arma. El metal sobre su piel se sintió bien, ahora solo debía cortar la vena del cuello, una vez abierta nadie ni nada podría detener el sangrado, ni la inminente muerte, la salida estaba tan cerca, a unos centímetros, a un corte preciso...

Clang Clang Clang...


Sonó el ruido del bisturí al caer sobre el suelo. El Algodón de Azúcar estaba a su lado… ¿En qué momento avanzó tan rápido? Ella seguía respirando, ella no sentía dolor en su cuello, ella había fallado. Su cuerpo reaccionó a ello, se puso rígida porque fallar delante de sus captores nunca, NUNCA, traía nada bueno. Se petrificó, esperando lo peor… ¿y sabían qué? Si tenía suerte la iba a matar con sus propias manos.

"¿Qué crees que haces? No te cuidé toda la noche para que te suicides."

Sus palabras resonaron en la habitación, y también en cada molécula de su cuerpo. Sus orbes antes sin vida, empezaban a llenarse de un brillo peculiar. Manos entre manos, su agarre firme y delicado no decía “Voy a matarte” sino más bien “No te hagas daño”. Cuando aquellos largos dedos quitaron varios mechones celestes de su rostro, con una gentileza jamás experimentada… su mente entró en cortocircuitos, se detuvo, dejó de procesar. Quiso pegar su rostro a esa mano, frotarse como un cachorro buscando consuelo… consuelo que no sabía que necesitaba hasta que él apartó su cabello y la dejó sedienta de algo más.

Él habló…
Ella escuchó…

¿Nadie iba a hacerle daño?
¡Cómo podía asegurarlo!
Siempre terminaban haciéndole daño…

Su mirada ambarina se posicionó sobre la suya de similar color, él parecía ser honesto… ¿él de verdad no le haría daño? El hombre que describía sonaba a aquel de ojos fantasmales… al que le había pedido morir. Había leído sus labios, le había dicho algo que en ese momento no lograba entender y que ahora apenas parecía tomar sentido.

“Haré algo mucho mejor… voy a enseñarte y mostrarte cómo cambia el mundo cuando vivir deja de ser una obligación y se convierte en tu libertad”

¿Libertad?
Nunca había sido libre…

Thump

Él seguía hablando….

Thump thump

Ella seguía escuchando…

Thump thump thump

— …. yo… yo… yo… — su garganta estaba cerrada, seca por la deshidratación, comprimida por la emoción. Él no la iba a dejar morir…

Su voz comenzó como un eco distante, el aleteo de una mariposa al otro lado del mundo. Poco a poco se fue aclarando, volviéndose un ancla en el aquí y el ahora, alejándose de los pensamientos suicidas de antes. Su roce, su entonación, todo eso filtro una calma silenciosa a su alma, una alma rota que en el fondo quería sanar, quería ser libre y solo penso serlo a través de la muerte… ¿Pero sí podía vivir y ser libre? Uno a uno los enredados de su situación fueron deshilachandose, quitando la tensión de sus hombros, dejando de oprimir su corazón. Él le estaba brindando un calor que iba más allá de lo físico, se trataba de un calor que fundía los vidrios rotos de su espíritu y los unía nuevamente formando un precioso vitral; un vitral dónde el rosa era amo y señor, protagonista principal.

— …. María Merlot  — respondió en un susurro. “Allá” no usaban su nombre,hubiera sido humanizarla y eso estaba prohíbido — …. María Merlot  — repito un poco más fuerte, su voz a pesar de la falta de uso dejaba ver el hermoso matiz que poseía. Sus piernas cedieron, se deslizó hasta quedar sentada en el suelo, por inercia trajo al hombre consigo  — …. María Merlot — tenía un nombre, una identidad, era una persona… no un objeto — No Chardonnay, Sauvignon Blanc, Albariño o Riesling… tampoco Cabernet Sauvignon, Malbec, Tempranillo o Pinot Noir… solo Merlot… ¿Sabes, no? “es el vino del paso manso y elegante, el que sabe esperar en la barca de roble, un licor que se siente, cordial y vibrante, con cuerpo de guerrero y alma de noble”...  — lo último, esa poesía solía decirla su primer Capitán (captor), quien la bautizó con ese nombre, aquel borracho amante del licor y la literatura.

Una lágrima rodó por su mejilla, llevando su mano a la del hombre herido, ahí dónde el bisturí le había cortado. La sangre era roja, tan vibrante como una rosa  — …. lo siento… — atrajo la mano hasta su boca y lamió la herida, el sabor metálico la transportó al fondo del mar, a aquella vez cuando… ¡No! Corto el pensamiento, y dio una y dos lamidas, retirando el color rojo de la blanca piel del sujeto. Luego solo se dejó caer sobre el pecho de su medico, con su mejilla escuchando el parsimonioso andar de su corazón — …. suave como un Algodón de Azúcar… — otra vez sus párpados fueron perdiendo fuerza y cerrándose pero ahora con una resolución en mente…

Hyakinthos, el de cabellos color flores de cerezos la había arrancado de las fauces de la muerte, no una sino dos veces; de manera física, espiritual y emocional. Y en ese momento, en que María decidió seguir viviendo, lo supo, su vida ya no le pertenecía, y esta vez la cedió por voluntad propia.

Él la envolvió en la seda y miel de sus palabras, la desarmó con la delicadeza y bondad de sus actos… generando una devoción absoluta que quemaba el pecho de la joven como nunca antes. ¿Acaso era difícil de entender, que el último aliento de una persona tuviera nombre y rostro? Para ella no, era tan claro como el agua de manantial.

La vida de la semi sirena fue un regalo suyo, y por eso, solo a él le pertenecía… en alma y cuerpo.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Fragmentos de tu amor... que nunca olvidaré :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 23-12-2025, 05:23 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)