Fragmentos de tu amor... que nunca olvidaré :: Privado :: Pasado
#6
Escamas.
 
Las primeras luces de la mañana las hacían brillar como si fueran un reflejo del océano.
 
Cuando se acercó para alejar el bisturí de su cuello fue consciente de que la mujer que tenía en frente no era una humana más y ya.
 
¿Qué la cuide?
 
¿De verdad eso es lo que desea el pequeño capitán?
 
Bien, eso será justo lo que hará.
 
No por compasión, si no por interés.
 
Fueron pocos segundos, pero fueron decisivos.
 
Desde el momento en que supo que ella tenía algo diferente, se decidió a tratarla con el mismo cuidado que trataría una muestra de la laboratorio: con paciencia, con delicadeza.
 
De ahora en adelante, sería su principal sujeto de estudio.
 
—María Merlot —. Y para que se convirtiera en ello por completo debía empezar aprendiendo su nombre, por eso probó decirlo en voz alta como si saboreara un buen vino. —Un hermoso nombre, delicado y elegante, le queda bastante bien —dijo mientras que se alejaba apenas unos pasos para poder tomar la sábana blanca y arreglarla sobre el cuerpo de la chica, cubriéndola de nuevo como hizo la noche anterior.
 
Y, de repente, luego de eso, vino lo inesperado.
 
Una verborrea de palabras que salían como agua desbordándose de una represa que acababa de colapsar, en ese momento, esa chica que, hasta hace poco, parecía que un ratón le había comido la lengua, demostró que sabía hablar bien, bastante bien y, sobre todo, en abundancia.
 
—E…espera —. Si estuviera un una caricatura sus ojos habrían formado espirales que girarían en evidencia de un mareo o una confusión más que evidente. Merlot…creyó que el nombre sería fácil de recordar, no tomó ninguna nota, no tenía tinta y papel cerca para anotar antes de que su mente empezara a divagar entre la avalancha de nombres de licores que la muchachita empezó a mencionar con precisión y el conocimiento de un sommelier. —Merry Malbec…Mariam Cabernet…no…no…espera —. Su rostro se tiñó de carmín, no por vergüenza, si no por concentración y confusión, ahora todos los nombres se mezclaron en su mente como fruta en una licuadora.
 
No pudo evitar morder el interior de su boca, para ese punto apenas y prestaba atención a las palabras de la chica, hasta que el sabor de su propia sangre, ahora afuera por culpa de su propia mordida, inundó su paladar, haciéndolo consciente del daño que se había causado el mismo y “despertando” de aquel intento fallido de ordenar los nombres en su mente… ¿De qué servía? Ya el nombre inicial se había ido como una hoja arrastrada por el viento.
 
Aún así sonrío como si su atención no se hubiera desviado a mitad del discurso, como si en verdad le hubiera prestado atención. Quién diría que, tiempo después, se acostumbraría a los largos monólogos de la peli celeste y que, incluso, él mismo buscaría escuchar la cantarina voz y hasta participaría en aquellos desvaríos que no se igualaban ni siquiera a los más extraños relatos de fantasía…Si le hubieran dicho que, en un par de estaciones más esto sucedería, se habría reído en la cara de cualquiera.
 
—¿Por qué te disculpas? No es necesario, el miedo nos hace actuar de manera irracional. Es natural —. Creyó que se disculpaba por su intento de suicidio, pero cuando sus ojos bajaron y encontraron los ojos dorados observando la herida de su mano, entendió que se refería a aquella pequeña herida. —¡Ah! Te refieres a eso, no es na…
 
Pocas cosas lograban paralizarlo.
 
El miedo irracional a cualquier tipo de objeto que pareciera un martillo era una de ellas y esta chica no tenía ningún arma contundente en sus manos, pero aún así, había dejado su mente en blanco con sus acciones.
 
No, esta parálisis no era de miedo, era de desconcierto.
 
La lengua de la mujer sobre la herida de su mano lo hizo querer apartarse enseguida, había mil y un razones por las que la sangre humana y la saliva eran una mala combinación, por no mencionar que eran una fuente infinita de virus e infecciones.
 
De todos modos, no tuvo la fuerza para apartarse, porque, aunque su cerebro reaccionó al momento de la segunda lamida, la curiosidad por las acciones de la chica le ganaron. Esto solo hacía que quisiera estudiarla aun con más ganas.
 
Dejó que se apoyara sobre él, no hizo amague para apartarla.
 
“Cuídala”.
 
De nuevo esa orden resonando en sus oídos, pero para este punto dejó de ser el deseo de su capitán y se convirtió en el propio, en una resolución propulsada por sus caprichos y su curiosidad.
 
—No deberías hacer eso, sirena —. Dudaba mucho que fuera una sirena real, pero a falta de un nombre que no pudo retener por más de cinco segundos, un apodo inspirado en las escamas, que ahora brillaban con más ímpetu, no le venía para nada mal. —La sangre humana puede contener infecciones, también virus…lo mismo con la saliva, podrías imaginar que la mezcla de ambas serían un escenario perfecto para debilitar el cuerpo y, creo que ninguno de los dos querría eso —. Corregirla era necesario, a fin de cuentas, sin saber su verdadero origen no podía saber que tan amplio era su conocimiento en cosas que, para él, eran de saber general.
 
—De todos modos, es solo un rasguño, no tienes porque preocuparte —. La apartó de él y notó que los párpados ajenos se cerraban, pero ya no con pesadez, si no con calma…aunque sabría que tarde o temprano esa calma se quebraría por culpa de la abstinencia natural que sentiría el cuerpo a falta de las drogas que la habían mantenido más sedada que despierta. —Espera, no te duermas aún…debo limpiarte la herida de tu cuello y después debes darte un baño, ponerte ropa nueva y —no valía la pena explicarle todo cuando acababa de pasar por una pésima noche. Suspiró. —…No importa, te ayudaré con todo eso y luego, si aun estas despierta, iremos con el cocinero para que te prepare algo ligero…tal vez una sopa…eso te ayudaría por ahora.
 
No esperó que ella le respondiera, tampoco dijo más nada, solo actuó, cumpliendo con cada cosa que le había dicho esa mañana…Sí, podía ser un desinteresado de vez en cuando, pero si se tomaba como meta cuidar a alguien, fuera o no por intereses propios, lo haría, costara lo que costara.
 
***
 
¿Desde cuándo se volvieron frecuentes su conversaciones? Había perdido la noción del tiempo desde que la sirena llegó al barco por primera vez, pero algo había sido constante, ya sea en la celda del barco, una de la que ella misma se adueñó, negándose a dormir en los camarotes normales, o ya fuera en la sala médica, las charlas entre ambos se hicieron una costumbre.
 
Ella escuchaba, él hablaba o viceversa…Pasaban por todo, desde diálogos sin sentido hasta preocupaciones que, probablemente, ambos olvidarían al día siguiente. Era curioso, pues algo que empezó como una investigación, se transformó en algo a lo que el médico prefería no ponerle nombre, pero que existía dentro de una línea de equilibrio que solo dos mentes trastornadas pueden comprender.
 
Nadie se metía, nadie decía nada, solo los dejaban ser.
 
Para bien o para mal, así funcionaban.
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RE: Fragmentos de tu amor... que nunca olvidaré :: Privado :: Pasado - por Hyákinthos - 24-12-2025, 05:47 AM

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