24-12-2025, 08:33 PM
La selva respondió a la presencia de Gwendolyn con la misma indiferencia húmeda de siempre. Las raíces continuaron emergiendo del suelo como trampas silenciosas, obligando a la tierra a crujir bajo cada apoyo inseguro. Las hojas grandes, cargadas de agua, cedían su peso con un sonido sordo al ser rozadas, dejando caer gotas frías que contrastaban con el calor constante del ambiente.
El bastón marcó el terreno con un ritmo irregular, acompañado por el murmullo lejano de la jungla. Insectos ocultos siguieron con su zumbido persistente, y a mayor distancia, algo grande se desplazó entre la maleza, provocando una vibración leve que se propagó por el suelo antes de desaparecer de nuevo.
El sonido que había llamado la atención de Gwen no se detuvo. Por el contrario, se movió con ella.
Los pasos pequeños, torpes, se acercaron y se alejaron en intervalos breves, como si la criatura dudara entre avanzar o esperar. Su respiración era rápida, poco profunda, y el temblor de su cuerpo se transmitía al suelo de forma constante. Cuando Gwen se agachó, el sonido se detuvo por un instante, seguido de un roce nervioso contra la tierra húmeda.
La superficie que tocó primero no se movió. Era áspera, fría, inmóvil. Una roca parcialmente cubierta de musgo, clavada en el terreno. Apenas un segundo después, un chillido breve y agudo resonó a poca distancia, acompañado del ruido apresurado de pasos ligeros que se alejaban unos metros antes de detenerse de nuevo.
La cría no había huido.
Volvió a emitir aquel lamento bajo, insistente, cargado de una urgencia que no encontraba descanso. Se desplazó de nuevo, esta vez en una dirección clara, y volvió a detenerse, aguardando. El patrón se repitió: avanzar, llamar, esperar. Cada vez con menos energía.
El aire comenzó a cambiar a medida que Gwen avanzaba. Un olor distinto se filtró entre los aromas habituales de la jungla, más pesado, más denso. Vegetación aplastada se extendía en tramos irregulares, como si algo de gran tamaño hubiera sido arrastrado o hubiera intentado desplazarse sin éxito. La humedad del suelo se mezclaba con un rastro metálico reciente que no pertenecía al entorno natural.
El sonido de la respiración llegó antes que cualquier otra cosa.
Profunda, rota, acompañada de un gorgoteo húmedo que se repetía a intervalos irregulares. No era el sonido de una criatura alerta, sino el de un cuerpo exhausto, inmóvil, luchando por mantener el aire dentro de sus pulmones. El suelo, a pocos metros, vibraba apenas con cada exhalación pesada.
La cría corrió hacia ese punto sin dudarlo, emitiendo un llamado más agudo, desesperado. Sus pasos eran ahora descoordinados, arrastrados, como si el cansancio comenzara a pesarle tanto como el miedo. Se detuvo junto al cuerpo mayor, rozándolo con torpeza, insistiendo con pequeños sonidos entrecortados.
La selva no reaccionó.
No hubo respuesta de otras criaturas, ni movimientos bruscos entre la vegetación cercana. Solo el murmullo constante del entorno y esa respiración quebrada que persistía, aferrándose al aire con dificultad.
La escena quedó suspendida en ese punto:
Una cría alterada, un cuerpo grande y malherido, y la presencia silenciosa de Gwendolyn, rodeada por un entorno que no ofrecía soluciones ni advertencias claras.
Little Garden seguía su curso, ajena a la urgencia que acababa de revelarse entre sus raíces y hojas gigantes.
El bastón marcó el terreno con un ritmo irregular, acompañado por el murmullo lejano de la jungla. Insectos ocultos siguieron con su zumbido persistente, y a mayor distancia, algo grande se desplazó entre la maleza, provocando una vibración leve que se propagó por el suelo antes de desaparecer de nuevo.
El sonido que había llamado la atención de Gwen no se detuvo. Por el contrario, se movió con ella.
Los pasos pequeños, torpes, se acercaron y se alejaron en intervalos breves, como si la criatura dudara entre avanzar o esperar. Su respiración era rápida, poco profunda, y el temblor de su cuerpo se transmitía al suelo de forma constante. Cuando Gwen se agachó, el sonido se detuvo por un instante, seguido de un roce nervioso contra la tierra húmeda.
La superficie que tocó primero no se movió. Era áspera, fría, inmóvil. Una roca parcialmente cubierta de musgo, clavada en el terreno. Apenas un segundo después, un chillido breve y agudo resonó a poca distancia, acompañado del ruido apresurado de pasos ligeros que se alejaban unos metros antes de detenerse de nuevo.
La cría no había huido.
Volvió a emitir aquel lamento bajo, insistente, cargado de una urgencia que no encontraba descanso. Se desplazó de nuevo, esta vez en una dirección clara, y volvió a detenerse, aguardando. El patrón se repitió: avanzar, llamar, esperar. Cada vez con menos energía.
El aire comenzó a cambiar a medida que Gwen avanzaba. Un olor distinto se filtró entre los aromas habituales de la jungla, más pesado, más denso. Vegetación aplastada se extendía en tramos irregulares, como si algo de gran tamaño hubiera sido arrastrado o hubiera intentado desplazarse sin éxito. La humedad del suelo se mezclaba con un rastro metálico reciente que no pertenecía al entorno natural.
El sonido de la respiración llegó antes que cualquier otra cosa.
Profunda, rota, acompañada de un gorgoteo húmedo que se repetía a intervalos irregulares. No era el sonido de una criatura alerta, sino el de un cuerpo exhausto, inmóvil, luchando por mantener el aire dentro de sus pulmones. El suelo, a pocos metros, vibraba apenas con cada exhalación pesada.
La cría corrió hacia ese punto sin dudarlo, emitiendo un llamado más agudo, desesperado. Sus pasos eran ahora descoordinados, arrastrados, como si el cansancio comenzara a pesarle tanto como el miedo. Se detuvo junto al cuerpo mayor, rozándolo con torpeza, insistiendo con pequeños sonidos entrecortados.
La selva no reaccionó.
No hubo respuesta de otras criaturas, ni movimientos bruscos entre la vegetación cercana. Solo el murmullo constante del entorno y esa respiración quebrada que persistía, aferrándose al aire con dificultad.
La escena quedó suspendida en ese punto:
Una cría alterada, un cuerpo grande y malherido, y la presencia silenciosa de Gwendolyn, rodeada por un entorno que no ofrecía soluciones ni advertencias claras.
Little Garden seguía su curso, ajena a la urgencia que acababa de revelarse entre sus raíces y hojas gigantes.
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