26-12-2025, 08:02 AM
(Última modificación: 26-12-2025, 08:19 AM por Ryota Miyamoto.)
La serpiente descendió en el instante en que Ryota se sentó a los pies de Runin sobre la cama.
Madre e hijo observaron en silencio el hermoso reencuentro de ambos amigos, ahora conscientes, demostrando sin palabras el afecto que se tenían. Comprendiendo la importancia del momento, optaron por no intervenir, limitándose a acompañar la escena con una expresión empática y serena, dirigida especialmente a la morena de hermosos ojos color chocolate.
Manteniendo la sonrisa empática en el rostro, la madre de Ryota escuchó tanto los agradecimientos para ella, como las burlas que la morena hacía a su hijo. No pudo evitar soltar una risa suave ante las divertidas conclusiones que Runin expresaba con un tono jovial.
“Vaya, ahora es dos contra uno, ¿eh?” Interrumpió el castaño con aire burlón. No parecía molesto en lo absoluto; por el contrario, una sonrisa franca se mantenía dibujada en sus labios.
“Tienes buen ojo entonces, Runin. Kekeke “ expresó la hermosa mujer de cabello rizado. “Pero no tienes que agradecer por nada…” añadió sin perder su gesto amable. “Hoʻokipa “ pronunció en un idioma desconocido. “Trata como familia a quienes toquen a tu puerta.” Explicó que significaban sus palabras, un dicho casi tan viejo como la misma isla.
“Es un refrán de los autóctonos de la isla.” Añadió Ryota, para luego dejar a la chica de piel bronceada contar su historia.
Una sorpresa se mostró en la expresión de la mayor, cuando Runin detuvo sus palabras. Fue una mezcla de preocupación y agradecimiento difíciles de describir. “El dios del mar debe amarte niña… enviarte a esta isla debe ser un designio de sus caprichos.” Hablo con un tono pensativo.
“Kekeke disculpala, es muy supersticiosa. Las familias de los pescadores creen que el mar es un dios, le rezan todos los días, ¿puedes credjfrdd.” Cerró la boca de inmediato, tragándose sus palabras tras el certero golpe de su madre, quien se levantó mientras él se burlaba y le propinó un seco golpe de karate sobre la cabeza.
“No te burles del dios del mar niño tonto.” Expresó de forma severa y luego relajo el semblante, mientras Ryota se sobaba la cabeza con dos pequeñas lágrimas saliendo de sus ojos. “Mi niña, puedes creer que la suerte te trajo a esa isla. Pero la corriente de sorbet llega al lado opuesto de la isla, donde se encuentra un fuerte oleaje que golpea contras las rocas.” Expuso la mujer. “De alguna forma tu balsa se desvío y la atrapó otra corriente que te hizo rodear la isla hasta allí, eso no es suerte, es destino.” Al final de sus palabras, volvió a su semblante relajado.
“Eres un regalo del mar, no nos debes nada y llámame Lalani o Mamá Lani” Se presentó con agrado, justo después de solventar al mínimo cualquier deuda que pudiera llegar a imaginarse.
“Puedes quedarte el tiempo que quieras, está casa desde hoy también es tuya, tú nos trajeras buena fortuna.” Dio un pequeño saltito de alegría, parecía realmente emocionada por lo que acababa de haber descubierto. “¡Iré a preparar algo delicioso para ti, si el dios del mar ve que te cuidamos bien multiplicará las ganancias!” Dicho eso, salió de la habitación de inmediato con las cáscaras de fruta y el cuchillo en mano, gritando a lo lejos con emoción preguntas sobre el paradero de su marido, pues necesitaba hacer un banquete para el regalo del mar.

“Waos bro… En serio le gusta el dinero Kekeke”
Comentó Ryota con la expresión relajada que lo caracterizaba en dirección a la puerta una vez la mujer abandonó el cuarto. Luego regresó la mirada a Runin. “Veras, creen que cuando el mar envía un regalo debe ser cuidado para que el mar recompense ese buen trato.” Le explicó el porque de la sorpresiva reacción de su madre.
“Ah y dormiste 2 días seguidos, me preocupaste bastante.” Cerró sus ojos dando un suspiro, para luego abrirlos de nuevo hacia ella. “Pero no te preocupes, cuide de ti como te lo prometí.” Era sincero, tanto que no necesitó esforzarse en mentir, simplemente recostó su espalda sobre la cama, aún a los pies de Runin.

“¿Sabías que cuando duermes haces un ruido muy tierno con la nariz? Keke te veías en paz…”
Giró la mirada acostado hacia ella, para ponerse de medio lado apuntando su cuerpo a ella. “Quizás si seas un regalo del océano, Pero…” entrecerró sus ojos en un ceño acusador. “Este es mi cuarto, tuve que dormir en el piso dos días, pobre de mi..” Mostró un falso sacrificio, como si realmente le hubiese costado dormir a un costado en el suelo.
“Así que, desde hoy, tendremos que compartir la cama… hazte a un lado.” Con rapidez y una expresión traviesa, se arrastró sobre el colchón hasta colocarse junto a ella. Fue lo suficientemente cuidadoso como para no incomodar ni las frutas ni a Cardan, de modo que ninguno salió afectado, aunque ahora él yacía a su lado.
“Que sepas que cuando duermo doy besos, abrazos y caricias” añadió con una sonrisa ladeada.“Solo lo digo… espero que no te moleste.” Término por sonreírle acariciando ligeramente el brazalete de su brazo. “¿Entonces Sorbet? ¿No tendrás otro novio no? Eso rompería mi corazón.” Rio suavemente.
