Había algo extraño en Mystoria. No, en la División 9.
Pese a que durante muchos años siempre quise mejorar mis habilidades, me centré exclusivamente en aquellas que podía desarrollar por mi cuenta. Los años viajados con mi jefe y el gremio magna. Me habían dejado claro que si quería sobrevivir tenía que perfeccionar y desarrollar habilidades útiles para el combate. Quizá por eso siempre había delegado tanto mi capacidad de combate en mi espada y en mi facultad del diablo. Al final tenía una ventaja competitiva sobre otros luchadores de mi misma categoría. Sin embargo, la división 9 tenía el extraño poder oculto de sacar de mí facetas que pensaba que no existían. De intentar hacerme mejorar por medios diferentes.
Después de desayunar, de tomar mi café diario, decidí dar un paseo por la playa y pasar por el barco Eidfrost. Até mis botas y me enfundé mi abrigo azul para acto seguido salir del faro para acto seguido salir del faro con ambas katanas en el cinturón, una a cada lado. Kraven acostumbraba a salir a la isla y divertirse por su cuenta. Ya me había dado cuenta de que era un hombre bastante solitario, y eso en mi boca ya era decir, por lo que realmente solo lo hacía por esa necesidad de control que tenía sobre aquello que estaba bajo mi mando o cuidado. Sin embargo, esta mañana encontré algo que me hizo sorprenderme. Desde el momento en el que comencé la bajada desde el faro hacia la playa, donde los barcos marines y cazador estaban atracados. Pude observar a lo lejos una figura en la playa. Gracias a mi afilada vista pude percatarme de qué se trataba de Apolo Bahia, el navegante de la división 9. No había entablado demasiada conversación con él y apenas teníamos relación, pero me pareció interesante ver que hasta ellos entrenaban en aquella isla. Apolo me producía cierta simpatía después de preguntar por mi amigo Shoto, y como me pasó con Fuguwu, me pareció una buena oportunidad para entablar relaciones. Comencé bajando la enorme y empinada cuesta hacia la playa.
El marine estaba sin capa ni botas, cosa que tampoco hacía demasiada falta pese a estar en invierno, ya que la isla tenía un clima bastante peculiar, y esto permitía ver con claridad un enorme tatuaje en su espalda que comúnmente iba oculto por ella. Un zorro al lado de unas ramas de árbol. — Curioso. — murmuré aún a veinte metros del marine mientras me acercaba despacio y en silencio. Apolo estaba practicando utilizando su fruta del diablo, que ya sabía que era una logia - concretamente la de arena - y tras generar un cubo de la misma delante de él lanzó una patada con su técnica del rokushiki, cortándola en dos. Sin embargo, parecía descontento por alguna razón. — Para mi, ¡lo has clavado! — dije tratando de animarle tras posicionarme justo detrás de él a escaso un metro. — Ya quisiera yo poder cortar cosas sin una espada. — argumenté mientras me movía hacía una piedra cercana y me sentaba resignado mirando al marine esperando no haberlo sorprendido en exceso. — De hecho, me conformaría con saber moverme como vosotros. Así no tendría que apoyarme en un dial para no ser un tronco con patas. — dije con ironía para, después , hacer una pequeña pausa — ¿Tú me enseñarías lo básico? Normalmente molestaría a Joe, pero si lo hago en secreto la próxima vez que peleemos le podría sorprender, JAJAJA. — solicité al rubio riéndome a carcajadas pensando en la cara de Joe al verme hacer un Soru.
— ¡Buenos días, vicealmirante! — finalicé alegremente mirando a Apolo, esperando a ver si mi petición tenía respuesta.
Pese a que durante muchos años siempre quise mejorar mis habilidades, me centré exclusivamente en aquellas que podía desarrollar por mi cuenta. Los años viajados con mi jefe y el gremio magna. Me habían dejado claro que si quería sobrevivir tenía que perfeccionar y desarrollar habilidades útiles para el combate. Quizá por eso siempre había delegado tanto mi capacidad de combate en mi espada y en mi facultad del diablo. Al final tenía una ventaja competitiva sobre otros luchadores de mi misma categoría. Sin embargo, la división 9 tenía el extraño poder oculto de sacar de mí facetas que pensaba que no existían. De intentar hacerme mejorar por medios diferentes.
Después de desayunar, de tomar mi café diario, decidí dar un paseo por la playa y pasar por el barco Eidfrost. Até mis botas y me enfundé mi abrigo azul para acto seguido salir del faro para acto seguido salir del faro con ambas katanas en el cinturón, una a cada lado. Kraven acostumbraba a salir a la isla y divertirse por su cuenta. Ya me había dado cuenta de que era un hombre bastante solitario, y eso en mi boca ya era decir, por lo que realmente solo lo hacía por esa necesidad de control que tenía sobre aquello que estaba bajo mi mando o cuidado. Sin embargo, esta mañana encontré algo que me hizo sorprenderme. Desde el momento en el que comencé la bajada desde el faro hacia la playa, donde los barcos marines y cazador estaban atracados. Pude observar a lo lejos una figura en la playa. Gracias a mi afilada vista pude percatarme de qué se trataba de Apolo Bahia, el navegante de la división 9. No había entablado demasiada conversación con él y apenas teníamos relación, pero me pareció interesante ver que hasta ellos entrenaban en aquella isla. Apolo me producía cierta simpatía después de preguntar por mi amigo Shoto, y como me pasó con Fuguwu, me pareció una buena oportunidad para entablar relaciones. Comencé bajando la enorme y empinada cuesta hacia la playa.
El marine estaba sin capa ni botas, cosa que tampoco hacía demasiada falta pese a estar en invierno, ya que la isla tenía un clima bastante peculiar, y esto permitía ver con claridad un enorme tatuaje en su espalda que comúnmente iba oculto por ella. Un zorro al lado de unas ramas de árbol. — Curioso. — murmuré aún a veinte metros del marine mientras me acercaba despacio y en silencio. Apolo estaba practicando utilizando su fruta del diablo, que ya sabía que era una logia - concretamente la de arena - y tras generar un cubo de la misma delante de él lanzó una patada con su técnica del rokushiki, cortándola en dos. Sin embargo, parecía descontento por alguna razón. — Para mi, ¡lo has clavado! — dije tratando de animarle tras posicionarme justo detrás de él a escaso un metro. — Ya quisiera yo poder cortar cosas sin una espada. — argumenté mientras me movía hacía una piedra cercana y me sentaba resignado mirando al marine esperando no haberlo sorprendido en exceso. — De hecho, me conformaría con saber moverme como vosotros. Así no tendría que apoyarme en un dial para no ser un tronco con patas. — dije con ironía para, después , hacer una pequeña pausa — ¿Tú me enseñarías lo básico? Normalmente molestaría a Joe, pero si lo hago en secreto la próxima vez que peleemos le podría sorprender, JAJAJA. — solicité al rubio riéndome a carcajadas pensando en la cara de Joe al verme hacer un Soru.
— ¡Buenos días, vicealmirante! — finalicé alegremente mirando a Apolo, esperando a ver si mi petición tenía respuesta.
Resumen
off

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