27-12-2025, 04:28 AM
(Última modificación: 14-01-2026, 06:40 PM por Tezca Norova.)
En el frío de la noche no había nada mejor como una buena botella de acompañante, no, de verdad: El alcohol proporciona calor y el calor hace que no tengas frio, simple pero efectivo. Pronunciaba esa verdad en la memoria como si realmente cambiara algo de mi situación actual: Apenas parecía que atardecería pronto y como si hubiera tomado gota alguna, mentira, había comprado aquel veneno por mero capricho, pero ni siquiera sentía que podía desenroscarlo para tomar. Así que supuse que al sentir el frío del océano contra mi piel finalmente cedería ante los deseos de mi necedad.
Horas antes, mientras terminaba de comprar un par de recuerdos, me movía no por nostalgia sino por un impulso casi mezquino: coleccionar pruebas, fragmentos, sensaciones que justificaran el viaje y, sobre todo, el precio emocional de haber obtenido información sobre el asesinato de mi tutor en aquella isla tan lejana a mi hogar. No eran simples objetos; eran anclas. Cada baratija, cada papel mal doblado, cada palabra susurrada tenía el peso de una verdad incompleta.
“La información viaja con las olas”, pensé. Siempre lo había creído. El mar guarda secretos, pero también los devuelve, erosionados, pulidos, a quien sabe esperar. Y como siempre, yo regresaba a él con ese conocimiento recién adquirido, aún salado, aún crudo. Eso era lo que hacía ahora. Pero antes, inevitablemente, tendría que pasar por el puerto.
Estaba iluminado con una luz artificial que intentaba imitar la luna y fracasaba. Faroles colgantes proyectaban sombras alargadas sobre la madera húmeda, y el olor a sal se mezclaba con alcohol barato, pescado viejo y humo. Personas aquí y allá: marineros con pasos torpes, risas rotas por el exceso; comerciantes que cerraban tarde, contando monedas con dedos cansados; figuras apoyadas en barandales, mirando el agua como si esperaran que algo o alguien emergiera de ella.
Había tomado una decisión, ir al lugar donde solía sentarme y esperar hasta que mi cuerpo se aburriera para ceder y perder el conocimiento. Bastante fácil, hasta que noté una figura… ¿masculina? En mi sitio. Al parecer para emborracharse y lamentarse ya me habían ganado.

Sostuve la botella de Whisky con fuerza mientras daba un par de pasos más cerca del desalineado pero hermoso hombre, entrecerrando ligeramente los ojos, analizando: Su piel era tersa ¿Tal vez era alguien con dinero? Su kimono lucía elegante y sus ojos expresaban que sufría, sus mejillas rojas ¿Le rompieron el corazón? Era difícil de descifrar cuando solo me miraba. —Pareces borracho, no, estás borracho y en ese estado te resfriarás, sobre todo si estás tan escotado ¿me entiendes? — Comenté suavemente, extendiéndole la mano con esperanza que la tomara para ayudarlo a levantarse. No me interesaba ser amable con un extraño, pero si estaba así de triste y se tiraba al mar sería problemático para mí, sobre todo si alguien más nos está viendo. — El verano puede llegar a tener noches traicioneras y el sol se esconderá pronto. — ¿Qué mierda hacía? Yo simplemente quería tomar.

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