Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM]
#4
Narrador / María Merlot

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El gigante y ella tenían una buena relación.
El gigante y ella tenían el buen corazón en común.
El gigante y ella sabían comunicarse…

Eso le gustaba del grandote, él la escuchaba con paciencia, aunque algunas veces parecía que no podía seguir sus revoluciones, él jamás perdió la paciencia y hasta fue muy paternal. El rojo en su cabeza le hacía rememorar un recuerdo lejano, muy lejano, perdido entre los sedimentos de su pasado. ¿Exactamente qué? No podía discernirlo, pero algo con el color escarlata tenía que ver. Ignorando ese destello de “algo”, esperaba las indicaciones del hombretón, al cual aun tenia abrazado de la porción de zapato que abarcaban sus brazos.

— Entonces seguro estabas muy aburrido sin nosotros — le replico sacándole la lengua de manera juguetona cuando los llamo ruidosos. Lo cierto era que en los pocos días que había estado con Cara Melo lo había adoptado, no como una mascota, sino como un hermano revoltoso con el que podía pasar horas, hasta le había estado enseñando a nadar. Ella jamás había tenido a su cuidado a nada ni a nadie, sentía que debía protegerlo y cuidarlo como la existencia valiosa que era.

Cuando se separo de Thrym-sama el animal hizo lo mismo, posicionándose a su lado, metiendo su gran hocico entre su cabellera celeste, le gustaba hacer eso. Ella solo pudo reír con encanto por el cosquilleo de su nariz y pelaje.  El gigante confirmo su sospechas, los había citado ahí para ir a comer los tres. Ella solo pudo dirigirle una enorme sonrisa — Comer me parece perfecto, busquemos un sitio dónde vendan helado y papas fritas, pero helado natural, solo jugo congelado… y para ti quizás algunas manzanitas muy rojitas — comento viendo al Komashika al tiempo que dejaba al gigante levantarse, siempre resultaba divertido verlo moverse en los pueblos humanos, porque era como una muñeca enorme en la casa de una muñeca pequeña.

Le tendió la mano, y la semi sirena no dudo en subirse. Nunca dudaba si se trataba de algo que solicitaban sus nakamas, además, estar sobre el gigante siempre le daba unas buenas vistas, su lugar favorito, cuando estaban juntos, era allá arriba en su hombro — ¿Ya rompiste cosas? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿A quién? No puedes decir eso sin contarnos a que local no hay que ir nunca mientras estemos aquí; como se atreven a no ser Giganfriends — bromeo, aunque lo ultimo lo dijo con una nota de indignación, su amigo pelirrojo también merecía ir a lugares bonitos sin preocuparse por el tamaño de su trasero — Claro que sí, Capitán Thrym — la chica se levantó, y acatando la petición del navegante coloco sus manos en forma de binoculares sobre sus ojos y empezó a rastrear sitios con las características solicitadas  — Pequeño, pequeño, pequeño, cerrado, cerrado, pequeño pequeño, cerrado, cerrado, feo, pequeño, opaco, cerrado, cerrado…  — iba diciendo, como un radar solo le faltaba hacer Biip Biip Biip.

Como Cara Melo se había sentado en la palma de la mano del gigante, María salto y se sentó en su lomo, como si de un trono se tratara. El Animal solo giro la cabeza y lamió sus piernas mientras ella continuaba buscando con sus binoculares imaginarios — ¡Eureka! — exclamo señalando a lo lejos, ya retirados del pueblo, un restaurante abierto, con un grupo de comensales, suficiente para que el chef le prestará toda la atención al estomago de un gigante — ¿Qué les parece? Podríamos sentarnos ahí afuera y ver el paisaje whiskipeakno… voy a preguntar si con Giganfriends y CaraMelofriends — propuso saltando del lomo del Komashika, luego salto al pantalón del gigante, agarrándose de la tela para deslizarse hasta una altura que le permitirá tirarse al suelo sin hacerse daño. Lo cierto, era que ella podía saltar casi los 25 metros que media el navegante.

Al aterrizar, con una perfecta y gracial postura, se acomodó el largo cabello celeste y camino hasta la entrada, una pierna delante de otra, un vaivén elegante e hipnótico, las pocas mesas ocupadas quedaron en silencio, todos los ojos estaban sobre el hermoso ángel que acababa de bajar de aquel gigante pelirrojo. Un par de suspiros, y un hombre de mediana edad salió a su encuentro, al verla sus mejillas se bañaron de un suave tono carmesí. Intercambiaron varias palabras, y luego el hombre los guio a una zona dónde quito varias sillas y mesas, solo dejando una donde se sentaría la joven, ya que para el tamaño gigante no tenía nada que ofrecerle, pero con amabilidad saco cojines, muchos, de quien sabe dónde, y aunque no abarcaría el trasero de Thrym el gesto se agradeció con el corazón.

— ¡También quiero sentarme en un cojín, FoFoJo! — solicito la chica con una gran sonrisa dejando la silla y tomando uno de los cojines que trajo el llamado FoFoJo — Son muy cómodos, deberíamos comprar algunos para el barco… — soltó sentándose con las piernas cruzadas sobre uno, mientras el Komashika se sentaba detrás de ella como si quisiera actuar como su espaldar, a lo que ella solo lo acaricio con la diestra — … a mi me traes papas fritas con helado natural. No uses nada que hubiera estado vivo, soy vegana, FoFoJo — le solicito al hombre, que con una sonrisa embobada solo asintió a la petición de la encantadora dama — …y trae frutas, un cuenco de frutas para Cara Melo — pidió para la amada mascota, luego miro al gigante esperando su petición, que seguro consistiría en: todo lo que hay en la cocina.

Mientras esperaban una conversación más allá se dejo escuchar, unos oriundos de la isla hablando sobre un banco y los buenos créditos que daba — Thrym-sama… desde que llegamos no hemos tenía tiempo de pasarla juntos, me alegra que ahora podamos compartir un momento entre nakamas. Aunque no hablemos de lo sucedido, quería agradecerte, sin ti no hubiera ido al Dojo del Maestro Bacalao, ir hasta allá no solo me permitió conocer nuevos amigos sino entender mejor mis… capacidades. ¿Sabes? Siento que mi cuerpo me habla, me pide más y más… — la chica se miro las palmas de las manos, antes cuando pensaba en el agua, solo la sentía como parte de su esencia, ahora el agua era más… mucho más, y debía seguir desarrollando esas habilidades — Ojalá pudiese encontrar a otro Maestro que me enseñe… más cosas. Si el primo dorado no hubiera sido malvado nivel proporcional a su belleza, porque era tan radiante como cruel, seguro le hubiera pedido que me ayudara… pero bueno, él quería matarnos a todos… a Brownie, a mi esposo, a mi hermano, al peluche… a mi… a todos... detalles — suspiro como si estuviera hablando del clima, y no del circo de la masacre orquestada por quien sabe mente macabra.

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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - por Thrym - 15-12-2025, 03:39 AM
RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - por Maria Merlot - 27-12-2025, 06:43 PM

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