28-12-2025, 03:53 AM
“Hoʻokipa”
En su mente repercuten los desconocidos vocablos, la lengua parece desear imitar la pronunciación aunque ninguna palabra es emitida a consciencia. El significado… ¿El mundo puede llegar a funcionar de esa manera? ¿O solo se hace palpable en la ficción de algunas personas alejadas de la más insana realidad? Los labios se aprietan ante la explicación. ¿Una isla completa al servicio del dios del mar? Quizá le hubiera gustado haberse criado en un lugar como aquel, rodeada de personas hospitalarias y creencias a las qué aferrarse.
La primera similitud se hace presente cuando nota las risas idénticas de madre e hijo. Durante una fracción de segundo siente la necesidad de reír ante aquello, como si deseara unir su extravagante risa particular a la de ellos. Pensándolo bien, no recuerda haber compartido rasgos tan distintivos con su progenitora, al menos no fuera del aspecto físico, su padre, por otro lado, tenía la misma risa que ella y Nezha… o ellos tenían la misma risa que él. El pensamiento se transforma en amarga bilis que parece envenenarla hasta que intenta alejar los nefastos pensamientos cuando siente el tacto frío de Cardan contra su mano.
¿Aquello que siente es envidia? No como para observarlos con fastidio, pero sí para sonreír con cierto deseo de pertenencia, aún cuando observa que la mujer golpea a su hijo en la cabeza. Es afortunado. Es lo único que piensa antes de espabilar de nueva cuenta. No desea perder ni un solo enunciado emitido por la bella mujer de oscuras hebras. Una persona realmente supersticiosa aunque Runin no lo dirá en voz alta, no tiene ganas de sentir más dolor del necesario, al menos no en ese estado.
La explicación origina expresiones anonadas que se reflejan en el rostro de la amazona. ¿A quién debería agradecer el haber acabado en la tranquila orilla en ese lado de la isla, y no haber sido arrastrada por terribles corrientes hasta estrellarse contra rocas afiladas y, quizá, morir en el acto? Una parte de sí se figura escéptica, su contraparte le obliga a mirar a través de la ventana hasta observar el tenue oleaje del mar. ¿Un dios? Una vez su padre dijo, en medio de alguna charla consigo mismo, que es mejor creer a no creer. “Una de ellas te lleva a algo sin perder nada, la otra opción tampoco cambiará nada en tu vida.” Odia cada pensamiento acerca de ese hombre pero…
—Gracias ma… —No puede pronunciar la palabra completa aunque quiere hacer, hay algo extraño que se remueve dentro de ella porque es una palabra tan familiar como inusual. —Lalani. —Al menos en un principio cree poder decir su nombre. Es algo frío y poco cercano pero, en ocasiones, Runin es una persona de acercamiento lento.

—¿Yo? ¿Buena fortuna? Nunca me habían dicho algo tan bonito como “regalo del mar” fufufufu
Aunque una suave risa es emitida, por dentro siente un cúmulo de emociones que no logra identificar. ¿Gratitud? ¿Incomodidad mezclada con bochorno? ¿Envidia? ¿Alegría? ¿Paz? La mezcla de sentimientos y sensaciones va tomando forma cuando la mirada de la mujer adulta denota el característico brillo de aquellos bendecidos por la ventura.
No alcanza a despedirse cuando la ve alejarse cual enérgico tornado, haciendo que todo el mundo pulule alrededor de ella, formando ruido, ganando quejas y asentimientos por igual. ¿Una esposa confiando en su esposo? ¿Un marido que escucha a su mujer? ¿La confianza de pedir cosas entre ellos? ¿De tener un hogar, hijos y una hermosa vista al mar? Por un instante Runin cree haber fallecido, como si hubiera entrado a algún tipo de hipnótico mundo tropical donde las risas abundan y la amabilidad se sirve en platos repletos de dulce fruta.
Parpadea con fuerza viendo el plato de comida, a Cardan y después a Ryota. No, ella realmente está viva y la envidia vuelve a su mente como una cizañosa amiga cercana, de esas que existen en tu vida y debes decidir si escuchar o hacer oídos sordos. La fémina sonríe negando con la cabeza, está bien, esta vez no tiene nada qué demostrar. Por alguna razón cuando ve ese tipo de felicidad todo le parece ajeno, visto tras un espejo al que no puede acceder directamente, pero esta vez el vidrio parece desaparecer ante sus ojos, puede tocar a través de la abertura, puede estar cerca y… no sabe si le gusta o le disgusta.
Es demasiado para ella.
No es malo, simplemente es demasiado.
No es malo, simplemente es demasiado.
La voz del castaño roba cualquier escena y la curiosidad hace mella en la expresión de la fémina. La explicación llega y la morena separa los labios antes de reír con su excéntrico sonido característico. —¿Así que lo de “fortuna” es literal, cariño? Fufufufu… —La risa se detiene abruptamente al darse cuenta de la realidad. ¡Dos días! Dos días enteros durmiendo… podría haber sido toda la vida, de no ser por Ryota y su familia. Es ahí, cuando lo ve a los pies de la cama, observándola con franqueza y fijeza que Runin logra sonreír de una manera que no suele hacerlo a menudo.

—Gracias, Ryota.
Una expresión que, en apenas un par de segundos, se desvanece sin dejar rastro, sin intención alguna de volver a mostrarse, pues revivir a la muchachita que alguna vez necesitó ayuda no es algo que le agrade recordar. Aún así, la sonrisa no desaparece por completo, porque el recuerdo de Nezha diciéndole lo mismo le infunde un poco más de confianza ante el joven de mirada caoba. ¿Los mismos sonidos tiernos que ha hecho toda la vida? Casi nadie tiende a reparar en ese tipo de detalles; en realidad, nadie lo hace.
—¿Ah sí? Creo que tuve buenos sueños, no me preguntes sobre qué eran porque no me acuerdo, fufufu, solo sé que fueron buenos. —Se siente descansada, absurdamente relajada, como si no hubiera dormido bien en años. Las miradas se enfrentan y Runin arquea una de sus cejas. —Oh, pobrecito. ¿No es eso lo que define el concepto de hospitalidad, cariño? —Parece más seria que antes aunque es evidente que sólo se burla del castaño y su exagerado temple dramático.
—¡Hey! ¿Quieres que llame a tu mamá para que te dé otro golpe? ¿No lo sabes? Estás hablando con un regalo del mar, deberías respetarme. —El mentón se eleva, aprieta el plato con ambas manos y trata que sus labios se mantengan firmes para que la comisura no se eleve.

—Oblígame, cariño.
Eleva una ceja y su expresión se vuelve confiada, aunque su cuerpo es mal llevado por lo que se desliza un par de centímetros hacia el costado de forma casi inconsciente y apenas perceptible, aprovechando el movimiento del ajeno para que no se percate del propio. Cardan sisea y saca la lengua varias veces, es evidente que él se ha dado cuenta de ello y que lo hace con la clara intención de fastidiar a su dueña. Ya me las pagarás, Cardan.
—Fufufufu. Me agradas, Ryota. En serio eres un descarado. —Confiesa en inevitables risas cuando su atención regresa al plato, esta vez decide comer un poco de kiwi con banano, interesante combinación. Los bromistas vocablos del castaño provocan que levante ambas cejas antes de entrecerrar los ojos en divertidas expresiones. ¿Qué tipo de salvador se ha conseguido? Una vez termina de mascar y tragar, relame los labios con lentitud, suavidad, descaro.
—¿Oh? ¿Lo dices en serio, cariño? —Más estable y despierta se siente lo suficiente libre y serena como para poder modular la voz, haciéndose esta menos dependiente y más socarrona, melosa, diáfana.—Que coincidencia, cariño, cuando duermo acompañada suelo acariciar, morder y lamer. —Cuidadosa con no regar el alimento, se inclina hacia el ajeno.

—Pero no te asustes, solo lo hago con personas guapas, no tienes nada de qué preocuparte, fufufufu.
Se carcajea aunque después de un momento se detiene, el pecho ha dolido un poco y la garganta también. Vuelve a sentarse un poco mejor para usar el tenedor y revolver un poco de melón, cuando atrapa un cuadrito de fruta lo lleva a los labios del castaño. El roce sobre el brazalete con forma de serpiente detiene sus movimientos repentinamente, se siente rígida.
—¿Crees que me detendría por algo tan banal y superfluo como un “novio”? —Sonríe de medio lado, está bien, no han tomado su brazalete, lo que significa que han respetado sus objetos de valor. Aún así, trata de alimentarlo, removiendo un poco sus brazos para que no sea tan notoria la incomodidad acerca de la alhaja. —Ni en Sorbet ni en el fin del mundo, cariño. Dudo tener un novio aquí tampoco. —Retira el tenedor, sonríe de medio lado, coqueta, íntima. —Menos si tendré alguien besándome, abrazándome y acariciándome por las noches.
Ryota no es el único descarado en esa cama. Cardan los observa mientras trata de esconderse en medio de las sábanas, parece mirar algún tipo de telenovela en vivo, demasiado concentrado, aunque no lo suficiente como para no seguir robando fruta. Runin come un poco más antes de pasarle el plato al castaño, pidiendo implícitamente que estirara el brazo para dejar el plato sobre la mesa. —Pasé una temporada en Sorbet, si. —Se estira un poco sin golpearlo.

—No es un lugar muy bonito, he de decir, al menos no es como esta isla o como tu familia. Es… diferente. A veces hay demasiados colores pero todos son demasiado falsos, cada color es… una mentira. Y luego todo es blanco y negro. —Habla demasiado, como si tratase de rememorar algún dato bueno. —Pero en la zona pobre hay una iglesia y la gente es amable. Le dan la mano a los recién llegados, ayudan a quienes naufragan, dan de comer a las nuevas caras y las ancianas son extrañamente divertidas. —Sonríe recordando algunos nombres, cuando quiere darse cuenta se está volviendo a acostar, solo un momento, esta vez lo hace de costado, para ver bien al castaño.
—Tienes la cara de alguien a quien no se le puede romper el corazón, cariño, fufufu. —Honesta delinea con la mirada el rostro del ajeno. —Diría que es al revés. ¿No? Tu madre no puede estar equivocada. ¿Has robado corazones en otras islas o aún no tienes el honor? —Cuestiona, siempre tratando de llevar la conservación a otra parte… está bien, en realidad siente curiosidad por el hombre de sonrisa fácil y desbordante carisma.
—Aunque seguramente el dios del mar te habrá ayudado a ligar más aquí que en cualquier lado. —Vuelve a bromear, notando el colgando en el cuello del ajeno, estira su mano hasta tocarlo. —Tienen un interesante concepto…
