28-12-2025, 12:25 PM
Para alguien sin vista, el mundo no se define por formas ni colores. No existe la anticipación que da una silueta ni la distancia que marca una imagen. La realidad llega primero a través del tacto: la presión del suelo bajo el cuerpo, la aspereza de la tierra, la humedad que se pega a la piel. Y, cuando algo va mal, llega también a través del dolor. El mordisco no tuvo tamaño ni dirección; fue una verdad inmediata, un impacto brutal que comprimió carne y hueso, que arrancó el calor del brazo y lo sustituyó por un frío profundo, antinatural. No hubo tiempo para entenderlo, solo para sentir cómo la piel dejaba de ser suficiente para contener lo que estaba ocurriendo. Después de eso, el mundo volvió a ordenarse del único modo posible: a través de sonidos, vibraciones y del peligro que se acerca sin necesidad de ser visto.
El sonido de una respiración pesada domina el espacio.
Es profunda, irregular. Cada exhalación arrastra consigo un peso que se transmite al suelo, haciendo vibrar la tierra blanda bajo el cuerpo. Entre una inspiración y una exhalación, el aire tarda demasiado en volver, como si el pecho que lo contiene tuviera muchos huecos que llenar.
Muy cerca, otra respiración se impone con dificultad.
La respiración propia es rápida, desordenada, pequeña. Temerosa sería una buena descripción. Es de alguien que teme, pero que no retrocede. Ya fuera porque no podía ver, o porque no podía dejar aquel claro abandonando a un animal herido.
Luego están los pasos.
Vibraciones pesadas, acompañadas por el sonido equivalente al de un golpe contra el suelo. En ese momento, lo que podía oír Gwen eran unos pasos como los que hacía un momento habían avanzado hacia ella, ahora retroceder, algo más lentamente, como si la criatura que los provocase se acabase de asustar de algo, quizá un cambio brusco de la temperatura, o quizá el temor de lo desconocido. Cada paso se detiene lo justo para medir, para confirmar la trayectoria.
El zumbido de los insectos se vuelve irregular. Algunos desaparecen por completo. Otros revolotean más bajo, incómodos, entrando y saliendo del claro sin atreverse a posarse.
El mundo sin color, sin vista, se resume en eso, sonido, tacto, y olor. Esos tres sentidos, al no tener otro que es vital, aumentan ciertamente su agudeza y permiten escuchar, u oler, cosas que una persona con el sentido de la vista, quizá tardaría un poco más en percibir.
Por eso, una persona sin vista, no era capaz de ver lo que estaba a punto de suceder, pero podía percibirlo de otras formas.
El sonido de un viento cortante, como si algo apareciese a mucha velocidad atravesando el claro, seguido de un golpe seco. Un golpe que impacta y hace que se entrecorte una de las respiraciones del claro, la respiración más pesada queda entrecortada por un quejido. Tras estos sonidos, un golpe suena a unos metros a la izquierda, como si un cuerpo hubiera caído. Un cuerpo grande. La respiración profunda ya no está donde estaba hace un momento, y de hecho, una respiración más pequeña, agitada, sustituye a la anterior. Tras este caos de sonidos y temblores en el suelo, llega un sonido mucho más familiar. Palabras.
- ¡Atrás! ¡Cuidado!
La voz es humana.
Firme. Femenina, pero algo ronca. Cansada, pero cargada de autoridad. Va acompañada de pasos rápidos y decididos que no dudan al avanzar. Los pasos se acercan hacia Gwen, y el olor de una persona agotada le llega de lleno.
- ¿Estás bien, muchacha? - La persona en cuestión palpa los hombros de Gwen asegurándose de que está más o menos entera, no se fija ni siquiera en su cara, se preocupa más de mirarle las piernas y los brazos y ver que está lo suficientemente entera como para poder huir. - ¿Acaso quieres morir? ¿¿A quién se le ocurre quedarse quieta ante ese bicho?? -
Si Gwen pudiera ver su nueva acompañante, vería a una chica algo mayor que ella, tanto en estatura como en edad. Su vestimenta estaba completamente destrozada, como si llevase días sin cambiarse ni lavarse. Sus puños marcados por la supervivencia de la isla indicaban que era una luchadora, diestra en el combate cuerpo a cuerpo. Su ropa, en otros tiempos había sido un uniforme Marine, actualmente solo era lo que quedaba de él.
Antes de poder entablar más conversación, la criatura se levantó después de haber recibido el golpe de la recién llegada.
Mérida, así se llamaba la chica, se giró de golpe al escuchar que la bestia respiraba con furia, con la intención de encarar a ambas chicas y pegarse un buen festín al terminar la pelea.
- Entre las dos podemos con esto, ¡Vamos!
El sonido de una respiración pesada domina el espacio.
Es profunda, irregular. Cada exhalación arrastra consigo un peso que se transmite al suelo, haciendo vibrar la tierra blanda bajo el cuerpo. Entre una inspiración y una exhalación, el aire tarda demasiado en volver, como si el pecho que lo contiene tuviera muchos huecos que llenar.
Muy cerca, otra respiración se impone con dificultad.
La respiración propia es rápida, desordenada, pequeña. Temerosa sería una buena descripción. Es de alguien que teme, pero que no retrocede. Ya fuera porque no podía ver, o porque no podía dejar aquel claro abandonando a un animal herido.
Luego están los pasos.
Vibraciones pesadas, acompañadas por el sonido equivalente al de un golpe contra el suelo. En ese momento, lo que podía oír Gwen eran unos pasos como los que hacía un momento habían avanzado hacia ella, ahora retroceder, algo más lentamente, como si la criatura que los provocase se acabase de asustar de algo, quizá un cambio brusco de la temperatura, o quizá el temor de lo desconocido. Cada paso se detiene lo justo para medir, para confirmar la trayectoria.
El zumbido de los insectos se vuelve irregular. Algunos desaparecen por completo. Otros revolotean más bajo, incómodos, entrando y saliendo del claro sin atreverse a posarse.
El mundo sin color, sin vista, se resume en eso, sonido, tacto, y olor. Esos tres sentidos, al no tener otro que es vital, aumentan ciertamente su agudeza y permiten escuchar, u oler, cosas que una persona con el sentido de la vista, quizá tardaría un poco más en percibir.
Por eso, una persona sin vista, no era capaz de ver lo que estaba a punto de suceder, pero podía percibirlo de otras formas.
El sonido de un viento cortante, como si algo apareciese a mucha velocidad atravesando el claro, seguido de un golpe seco. Un golpe que impacta y hace que se entrecorte una de las respiraciones del claro, la respiración más pesada queda entrecortada por un quejido. Tras estos sonidos, un golpe suena a unos metros a la izquierda, como si un cuerpo hubiera caído. Un cuerpo grande. La respiración profunda ya no está donde estaba hace un momento, y de hecho, una respiración más pequeña, agitada, sustituye a la anterior. Tras este caos de sonidos y temblores en el suelo, llega un sonido mucho más familiar. Palabras.
- ¡Atrás! ¡Cuidado!
La voz es humana.
Firme. Femenina, pero algo ronca. Cansada, pero cargada de autoridad. Va acompañada de pasos rápidos y decididos que no dudan al avanzar. Los pasos se acercan hacia Gwen, y el olor de una persona agotada le llega de lleno.
- ¿Estás bien, muchacha? - La persona en cuestión palpa los hombros de Gwen asegurándose de que está más o menos entera, no se fija ni siquiera en su cara, se preocupa más de mirarle las piernas y los brazos y ver que está lo suficientemente entera como para poder huir. - ¿Acaso quieres morir? ¿¿A quién se le ocurre quedarse quieta ante ese bicho?? -
Si Gwen pudiera ver su nueva acompañante, vería a una chica algo mayor que ella, tanto en estatura como en edad. Su vestimenta estaba completamente destrozada, como si llevase días sin cambiarse ni lavarse. Sus puños marcados por la supervivencia de la isla indicaban que era una luchadora, diestra en el combate cuerpo a cuerpo. Su ropa, en otros tiempos había sido un uniforme Marine, actualmente solo era lo que quedaba de él.
Antes de poder entablar más conversación, la criatura se levantó después de haber recibido el golpe de la recién llegada.
Mérida, así se llamaba la chica, se giró de golpe al escuchar que la bestia respiraba con furia, con la intención de encarar a ambas chicas y pegarse un buen festín al terminar la pelea.
- Entre las dos podemos con esto, ¡Vamos!
INFORMACIÓN DE LA AVENTURA

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