29-12-2025, 05:23 PM
El canto no se disipó en el aire.
No fue un eco ni un simple sonido que se perdiera entre hojas y humedad. Se asentó. Se volvió peso. Una vibración constante que atravesó el claro y encontró un único cuerpo dispuesto a recibirla. La voz de Gwendolyn no buscó imponerse al mundo, sino aferrarse a alguien, y el mundo respondió concentrando toda esa fuerza en un solo punto.
Mérida lo sintió de inmediato.
No como una emoción, ni como un impulso ajeno, sino como algo físico. El suelo pareció afirmarse bajo sus pies, los músculos tensarse con una claridad brutal, limpia, como si cada límite que conocía hubiera sido empujado más allá sin romperse. El dolor, el cansancio y el hambre desaparecieron durante un instante imposible, reemplazados por una certeza absoluta: podía hacerlo.
La bestia rugió y cargó.
Su cuerpo avanzó con toda la masa que la isla le había concedido, garras hundiéndose en la tierra, mandíbula abierta, segura de su victoria. El impacto era inevitable… o eso habría sido en cualquier otro momento.
Mérida no retrocedió.
Avanzó.
El golpe llegó antes de que el depredador pudiera reaccionar. Un impacto brutal, directo, descargado con todo el peso del cuerpo y algo más que no pertenecía a la selva. El sonido fue seco, definitivo, acompañado de un crujido profundo que recorrió el claro como una fractura invisible.
La bestia fue lanzada hacia un lado.
Su cuerpo se estrelló contra el suelo con violencia, arrancando raíces y hojas en su caída. Intentó incorporarse, pero no hubo segunda oportunidad. La respiración de la bestia salió una última vez.
El rugido se apagó.
La respiración pesada, irregular, se detuvo por completo.
El silencio que siguió fue distinto a cualquier otro.
Mérida permaneció de pie unos segundos más, el cuerpo aún vibrando por la fuerza prestada, respirando con dificultad. Cuando el calor comenzó a disiparse, el cansancio regresó de golpe, golpeándola con la misma dureza que la victoria recién obtenida. Bajó los brazos lentamente, asegurándose de que no hubiera respuesta alguna.
La bestia no se movió.
Little Garden siguió respirando, indiferente, incluso a la muerte, reclamando el cuerpo como parte de su ciclo, sin ceremonias ni juicios.
Mérida se giró entonces hacia Gwen. - Ya se ha acabado...
No había triunfo en su expresión. Solo agotamiento y una seriedad pesada, como la de alguien que entiende el precio exacto de lo que acaba de hacer. Dio unos pasos hacia ella, esta vez sin prisa, y habló con la voz más baja.
- Ciega... sola en un sitio así, y además sin saber defenderte...
No era una reprimenda en sí misma, sino más bien un hecho.
Mérida empezó a enfurecerse, fue andando hacia Gwen haciendo sonar cada paso para que esta pudiera oír que se acercaba.
- Eres hábil, esa canción me inspiró como nunca antes lo habían hecho... Pero no puedes quedarte como un pasmarote en situaciones así, ¡Tienes que actuar!
Todo esto lo decía mientras se quedaba a su lado, esperando las excusas por parte de Gwen.
No fue un eco ni un simple sonido que se perdiera entre hojas y humedad. Se asentó. Se volvió peso. Una vibración constante que atravesó el claro y encontró un único cuerpo dispuesto a recibirla. La voz de Gwendolyn no buscó imponerse al mundo, sino aferrarse a alguien, y el mundo respondió concentrando toda esa fuerza en un solo punto.
Mérida lo sintió de inmediato.
No como una emoción, ni como un impulso ajeno, sino como algo físico. El suelo pareció afirmarse bajo sus pies, los músculos tensarse con una claridad brutal, limpia, como si cada límite que conocía hubiera sido empujado más allá sin romperse. El dolor, el cansancio y el hambre desaparecieron durante un instante imposible, reemplazados por una certeza absoluta: podía hacerlo.
La bestia rugió y cargó.
Su cuerpo avanzó con toda la masa que la isla le había concedido, garras hundiéndose en la tierra, mandíbula abierta, segura de su victoria. El impacto era inevitable… o eso habría sido en cualquier otro momento.
Mérida no retrocedió.
Avanzó.
El golpe llegó antes de que el depredador pudiera reaccionar. Un impacto brutal, directo, descargado con todo el peso del cuerpo y algo más que no pertenecía a la selva. El sonido fue seco, definitivo, acompañado de un crujido profundo que recorrió el claro como una fractura invisible.
La bestia fue lanzada hacia un lado.
Su cuerpo se estrelló contra el suelo con violencia, arrancando raíces y hojas en su caída. Intentó incorporarse, pero no hubo segunda oportunidad. La respiración de la bestia salió una última vez.
El rugido se apagó.
La respiración pesada, irregular, se detuvo por completo.
El silencio que siguió fue distinto a cualquier otro.
Mérida permaneció de pie unos segundos más, el cuerpo aún vibrando por la fuerza prestada, respirando con dificultad. Cuando el calor comenzó a disiparse, el cansancio regresó de golpe, golpeándola con la misma dureza que la victoria recién obtenida. Bajó los brazos lentamente, asegurándose de que no hubiera respuesta alguna.
La bestia no se movió.
Little Garden siguió respirando, indiferente, incluso a la muerte, reclamando el cuerpo como parte de su ciclo, sin ceremonias ni juicios.
Mérida se giró entonces hacia Gwen. - Ya se ha acabado...
No había triunfo en su expresión. Solo agotamiento y una seriedad pesada, como la de alguien que entiende el precio exacto de lo que acaba de hacer. Dio unos pasos hacia ella, esta vez sin prisa, y habló con la voz más baja.
- Ciega... sola en un sitio así, y además sin saber defenderte...
No era una reprimenda en sí misma, sino más bien un hecho.
Mérida empezó a enfurecerse, fue andando hacia Gwen haciendo sonar cada paso para que esta pudiera oír que se acercaba.
- Eres hábil, esa canción me inspiró como nunca antes lo habían hecho... Pero no puedes quedarte como un pasmarote en situaciones así, ¡Tienes que actuar!
Todo esto lo decía mientras se quedaba a su lado, esperando las excusas por parte de Gwen.
INFORMACIÓN DE LA AVENTURA

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