31-12-2025, 05:14 PM
La batalla continua y no parece tener final. El intercambio de golpes es atroz y fulminante, pero no suficiente para que ninguno conceda. Gal parecía tener la iniciativa en primera instancia, pero la respuesta había sido contundente. Aún así, la mujer volvía a intentarlo con una segunda acometida y... Nada.
El impacto bazooka de brazos juntos es insuficiente para atravesar la defensa del gigante de ébano. La resistencia de la raza Lunarian es elevadísima y una simple humana, por mucha maestría que tenga en las artes marciales, no la puede doblegar con tan poca fuerza. Puede que sí, que su velocidad sea superior a las capacidades del ángel negro, pero con tan poco poder no se puede derrotar a un titán. Esto es la realidad, no una historia clásica de cómo el pequeño derrota al gigante con una honda y una pierda.
Heras no da más oportunidades al diálogo ni a la rendición, ya ha gastado todos sus cartuchos. Empezó de buenas, hablando. Siguió lanzando golpes suaves, pequeños avisos que demostraban la superioridad del mismo en combate sin llegar a dañar de gravedad. Pero todos tenemos un límite. Viendo que su adversario no planea rendirse, descarga toda su furia en un golpe demoledor, un gancho atómico potenciado por la rotación de su cuerpo, buscando una inercia en el balance, tal y como lo haría un peleador experto.
El puño se clava con firmeza, asestando un dolor abrumador en la chica, que por instantes siente como su alma sale despedida de su cuerpo. Todo el aire se escapa de dentro suyo y da un par de pasos atrás, abatida, desconcertada, superada. Su cuerpo se mantiene en pie, aunque algo dentro de ella se ha quebrado. Ha entendido la diferencia entre ambos y su moral se ha despolamo, dibujando en ella un rostro de amargor y frustración que intenta disimular sin éxito con soberbia finjida.
Mientras esto sucede, el joven Gyojin se va recuperando poco a poco. Pese al agotamiento físico y mental, su espíritu de karateka le impide dejarse derrotar con tanta facilidad. Ha sido vulnerable ante la afrenta, cobarde ante el desafío y ruin al robar algo que, por mucho que le pertenezca por derecho, ha tenido que sustraer de forma ilícita.
Tirado en el suelo, puede ver cómo aquel que le quiso ayudar, ahora lo defiende una vez más contra su agresora, pero con una irá que desconocía. Es tanto el potencial y la superioridad del Lunarian que con cada acometida parece que intenta matar a su adversario. No hay piedad ni clemencia en su mirada, solo marcialidad letal llevada al extremo. Si pretende recuperar su honor, por muy poco que le quede, debe de impedir que su único amigo se deje llevar por el mal camino.
Con fuerzas renovadas y una determinación férrea, aprovecha el retroceso del gancho y los pasos de Gal para interponerse en mitad de ambos contrincantes. Se planta mirándote con seriedad, extendiendo brazos y piernas a pesar de lo diminuto que es a comparación tuya. No puede detenerte si no quieres, pero puede hacerte reflexionar y dar tregua por un segundo. -¡Detente, amigo!- grita buscando tu perdón. -¡Esto es culpa mía!¡No cruces la linea por mis errores!- implora, aunque con una actitud valiente que el mismo desconocía.
Es el momento en el que Heras toma su decisión final. ¿La voluntad del niño conseguirá calmar al monstruo del karate y dejarás escapar a la joven, coronándote victorioso o te cegará la sed de sangre, evitarás al niño y acabarás con la mujer? Todo queda en tus manos.
El impacto bazooka de brazos juntos es insuficiente para atravesar la defensa del gigante de ébano. La resistencia de la raza Lunarian es elevadísima y una simple humana, por mucha maestría que tenga en las artes marciales, no la puede doblegar con tan poca fuerza. Puede que sí, que su velocidad sea superior a las capacidades del ángel negro, pero con tan poco poder no se puede derrotar a un titán. Esto es la realidad, no una historia clásica de cómo el pequeño derrota al gigante con una honda y una pierda.
Heras no da más oportunidades al diálogo ni a la rendición, ya ha gastado todos sus cartuchos. Empezó de buenas, hablando. Siguió lanzando golpes suaves, pequeños avisos que demostraban la superioridad del mismo en combate sin llegar a dañar de gravedad. Pero todos tenemos un límite. Viendo que su adversario no planea rendirse, descarga toda su furia en un golpe demoledor, un gancho atómico potenciado por la rotación de su cuerpo, buscando una inercia en el balance, tal y como lo haría un peleador experto.
El puño se clava con firmeza, asestando un dolor abrumador en la chica, que por instantes siente como su alma sale despedida de su cuerpo. Todo el aire se escapa de dentro suyo y da un par de pasos atrás, abatida, desconcertada, superada. Su cuerpo se mantiene en pie, aunque algo dentro de ella se ha quebrado. Ha entendido la diferencia entre ambos y su moral se ha despolamo, dibujando en ella un rostro de amargor y frustración que intenta disimular sin éxito con soberbia finjida.
Mientras esto sucede, el joven Gyojin se va recuperando poco a poco. Pese al agotamiento físico y mental, su espíritu de karateka le impide dejarse derrotar con tanta facilidad. Ha sido vulnerable ante la afrenta, cobarde ante el desafío y ruin al robar algo que, por mucho que le pertenezca por derecho, ha tenido que sustraer de forma ilícita.
Tirado en el suelo, puede ver cómo aquel que le quiso ayudar, ahora lo defiende una vez más contra su agresora, pero con una irá que desconocía. Es tanto el potencial y la superioridad del Lunarian que con cada acometida parece que intenta matar a su adversario. No hay piedad ni clemencia en su mirada, solo marcialidad letal llevada al extremo. Si pretende recuperar su honor, por muy poco que le quede, debe de impedir que su único amigo se deje llevar por el mal camino.
Con fuerzas renovadas y una determinación férrea, aprovecha el retroceso del gancho y los pasos de Gal para interponerse en mitad de ambos contrincantes. Se planta mirándote con seriedad, extendiendo brazos y piernas a pesar de lo diminuto que es a comparación tuya. No puede detenerte si no quieres, pero puede hacerte reflexionar y dar tregua por un segundo. -¡Detente, amigo!- grita buscando tu perdón. -¡Esto es culpa mía!¡No cruces la linea por mis errores!- implora, aunque con una actitud valiente que el mismo desconocía.
Es el momento en el que Heras toma su decisión final. ¿La voluntad del niño conseguirá calmar al monstruo del karate y dejarás escapar a la joven, coronándote victorioso o te cegará la sed de sangre, evitarás al niño y acabarás con la mujer? Todo queda en tus manos.
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