02-01-2026, 03:48 AM
Para ser invierno era un día caluroso, uno de esos que hacían recordar al verano, que pese haber terminado hace unos meses, el cálido clima de esta isla te hacía añorarlo con facilidad. No obstante a pesar de aquel pequeño detalle mis ropas no concordaban con la temperatura. Pues lucía un largo abrigo de pelo de leopardo, que caía hasta casi rozar el suelo, lo llevaba abierto de par en par, luciendo mi desgarbado pero atlético torso con mi ya habitual rayo morado pintado sobre mi piel. El resto del atuendo no se quedaba atrás, pues aquella ostentosa prenda venía acompañada de unos pantalones de cuero rojos, con el diseño de una flecha cruzando por una de las piernas, unos zapatos negros de piel y mi clásica bandana con el mismo estampado que el propio abrigo.
¿Estaba apunto de morirme por deshidratación debido al calor que estaba pasando? Era probable, pero merecía la pena con tal de que la gente me mirara según pasaba por su lado, pues una estrella del rock tenía que brillar, y el problema de la sed era fácil de solucionar. Pateé la puerta del bar más cercano que había, bastante grande para ser un local situado en uno de los barrios humildes del reino. Fui esquivando a la gente hasta llegar a la barra, y como si fuese natural la salté quedando frente a las botellas de alcohol. Mi vista estaba puesta en estas pero mi oído no pudo evitar conectarse a las conversaciones del resto de clientes y como buen cotilla me quedé escuchando un rato mientras decidía que beber.
Pero entre todas aquellas me quedé con la más faltosa y falta de tacto, pues podría ser yo perfectamente. Agarré una de las botellas más caras de ron y me giré de golpe, para ver cómo el que estaba llamando cerdos a todas las personas era un tontatta, como aquel crupier del Berryelder. Era una raza que me resultaba bastante cómica pues pese a tener aspecto de duendecillo del bosque, podía llegar a contrastar con las duras personalidades de algunos de estos, como era en este caso.
Cuando se mosqueó por llamarle cosita y mencionó poder comprar este lugar y convertirlo en una tienda de alfombras no pude evitar soltar una leve carcajada, casi inaudible entre el ambiente dentro del local. Pero lo más interesante era… ¿Cuanta pasta podía tener? ¿Y cuanta iba a poder sacarle?
Salté de nuevo desde el interior de la barra hacia fuera, volviendo con el resto de los clientes y sin soltar la botella de licor. ¿Como era que los trabajadores del local no me hubiesen dicho nada al hacer esto? Pues muy sencillo, lo hice con tanta naturalidad, que pareció como si aquella acción de robar una botella fuera algo que estaba permitido hacer sin problema alguno.
Me desplacé hasta llegar a un taburete, sentándome justo la lado del pequeñín que había llamado mi atención. -Son todos unos cerdos sudorosos que no tienen modales. Cada vez la gente va perdiendo su educación. -Solté tratando de iniciar una conversación, como si yo fuera una persona educada que me bañara todos los días, pero por suerte hoy lo había hecho. -Me llamo Iggy, soy una estrella del rock mundialmente famosa. -Me presenté señalando mi guitarra la cual había estado todo este rato a mi espalda. -Estoy en mi tercera gira por el south blue, y estás de suerte porque estoy buscando patrocinadores y tu amigo mío, podrías promocionar tu negocio de alfombras, alfajores o de lo que sea. -Abrí la botella recién robada y le di un cuantioso sorbo, limpiándome con la manga de mi abrigo tras terminar. -Así que si tienes un negocio podríamos colaborar. -Le propuse finalmente mintiéndole a la cara pues, como era obvio no había gira ni patrocinios pero si le podía sacar los cuartos a un rico ingenuo lo haría sin dudarlo.
¿Estaba apunto de morirme por deshidratación debido al calor que estaba pasando? Era probable, pero merecía la pena con tal de que la gente me mirara según pasaba por su lado, pues una estrella del rock tenía que brillar, y el problema de la sed era fácil de solucionar. Pateé la puerta del bar más cercano que había, bastante grande para ser un local situado en uno de los barrios humildes del reino. Fui esquivando a la gente hasta llegar a la barra, y como si fuese natural la salté quedando frente a las botellas de alcohol. Mi vista estaba puesta en estas pero mi oído no pudo evitar conectarse a las conversaciones del resto de clientes y como buen cotilla me quedé escuchando un rato mientras decidía que beber.
Pero entre todas aquellas me quedé con la más faltosa y falta de tacto, pues podría ser yo perfectamente. Agarré una de las botellas más caras de ron y me giré de golpe, para ver cómo el que estaba llamando cerdos a todas las personas era un tontatta, como aquel crupier del Berryelder. Era una raza que me resultaba bastante cómica pues pese a tener aspecto de duendecillo del bosque, podía llegar a contrastar con las duras personalidades de algunos de estos, como era en este caso.
Cuando se mosqueó por llamarle cosita y mencionó poder comprar este lugar y convertirlo en una tienda de alfombras no pude evitar soltar una leve carcajada, casi inaudible entre el ambiente dentro del local. Pero lo más interesante era… ¿Cuanta pasta podía tener? ¿Y cuanta iba a poder sacarle?
Salté de nuevo desde el interior de la barra hacia fuera, volviendo con el resto de los clientes y sin soltar la botella de licor. ¿Como era que los trabajadores del local no me hubiesen dicho nada al hacer esto? Pues muy sencillo, lo hice con tanta naturalidad, que pareció como si aquella acción de robar una botella fuera algo que estaba permitido hacer sin problema alguno.
Me desplacé hasta llegar a un taburete, sentándome justo la lado del pequeñín que había llamado mi atención. -Son todos unos cerdos sudorosos que no tienen modales. Cada vez la gente va perdiendo su educación. -Solté tratando de iniciar una conversación, como si yo fuera una persona educada que me bañara todos los días, pero por suerte hoy lo había hecho. -Me llamo Iggy, soy una estrella del rock mundialmente famosa. -Me presenté señalando mi guitarra la cual había estado todo este rato a mi espalda. -Estoy en mi tercera gira por el south blue, y estás de suerte porque estoy buscando patrocinadores y tu amigo mío, podrías promocionar tu negocio de alfombras, alfajores o de lo que sea. -Abrí la botella recién robada y le di un cuantioso sorbo, limpiándome con la manga de mi abrigo tras terminar. -Así que si tienes un negocio podríamos colaborar. -Le propuse finalmente mintiéndole a la cara pues, como era obvio no había gira ni patrocinios pero si le podía sacar los cuartos a un rico ingenuo lo haría sin dudarlo.
Karmas
