[Presente Relativo] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi
#3
Levanté la vista cuando la escuché acercarse.
No de golpe, no como quien se siente interrumpida, sino con esa calma tibia que queda cuando el cuerpo todavía vibra, pero ya no pide moverse. El pulso seguía ahí, marcando desde adentro, como una música que no terminó de apagarse.

La vi antes de que terminara de hablar.
Blanca, no pálida: blanca de verdad. Un blanco vivo, casi luminoso, que el salón no se tragaba sino que parecía devolver amplificado. El pelaje suave atrapaba la luz como espuma contra la madera gastada, y las orejas largas se movían con vida propia, incluso cuando ella estaba quieta. No eran un adorno: eran gesto, escucha, intención. Los ojos rojos, grandes, abiertos, no tenían nada de amenaza y sí bastante de curiosidad honesta. De esas miradas que no miden, que entran primero y preguntan después.

Alta, esbelta, pero con un peso bien plantado en el cuerpo. Se notaba incluso detenida, como si cada paso previo hubiera dejado memoria en el piso. La sonrisa le nacía fácil, sin cálculo, y eso se percibe enseguida, casi como un cambio de temperatura en el aire.

— Buenas tardes — le respondí, con la voz todavía tibia por el baile, un poco más grave de lo habitual — Gracias… y lo de musa te lo acepto solo porque hoy estoy de buen humor.

Fue medio en broma y medio en serio. Acá los títulos duran lo que dura una canción.

Me corrí apenas sobre el banco, lo justo para dejar claro que el espacio estaba disponible, y señalé el lugar a mi lado con un gesto simple, abierto, sin ceremonia.

— Sentate, si querés. El banco es largo y el agua está fría — agregué, levantando un poco la botella como prueba irrefutable.

Le di tiempo. No porque dudara de que se sentara, sino porque me gusta respetar ese segundo donde alguien decide quedarse.

Mientras tanto, me permití mirarla un poco más de lo estrictamente necesario. No con descaro, sino con esa atención tranquila que se gana alguien que entra bien, sin romper el clima. El contraste entre su figura y el entorno le sentaba perfecto: la piel clara, el rojo profundo del bikini, la cola visible sin vergüenza, sin disculpa. Como si el cuerpo no fuera algo que esconder, sino simplemente algo que está. Acá eso no resta. Acá suma.

— Asherah — me presenté al fin — Y no te hagas drama, llegaste en el momento justo. Después de bailar siempre viene la parte linda: sentarse, mirar, hablar pavadas importantes. Es todo un tema.

Apoyé los codos sobre la mesa un segundo, estirando la espalda con un suspiro breve. Las alas se acomodaron solas, plegándose sin desaparecer del todo, todavía calientes. El sudor ya no corría, pero seguía ahí, marcando que el cuerpo había estado en movimiento hace nada. Me gustaba esa franja exacta: ni agotada ni quieta, justo en el medio, donde todo todavía puede pasar.

— ¿Es la primera vez que venís hoy o sos de volver seguido? — pregunté sin apuro — Hay caras que el lugar se guarda fácil… y otras que reaparecen cuando menos lo esperás, como si nunca se hubieran ido del todo.

Alrededor nuestro, la vida seguía sin pedir permiso. Alguien se reía fuerte cerca de la ventana abierta, otro grupo discutía qué música poner después, con argumentos exagerados y cero consenso. Un par de cuerpos seguían marcando pasos sueltos, desobedientes, como si la pista fuera un estado mental más que un lugar. Las trompetas sonaban de fondo, ahora más suaves, cansadas y contentas, como músicos apoyados en una pared tomando aire.

Tomé otro trago de agua y dejé la botella sobre la mesa, cerca de la fruta cortada y los vasos desparejos.

— Si te parece charlar un rato, yo feliz — continué — Y si después pinta volver a la pista… tampoco soy de decir que no. Acá nadie apura nada, viste. El cuerpo entra cuando quiere.

Le dediqué una sonrisa ladeada, sincera. No prometía nada concreto, pero tampoco cerraba puertas. Era una invitación a quedarse en ese intermedio cómodo donde todavía no hace falta decidir.

— Además — añadí, bajando apenas la voz, como si compartiéramos una confidencia mínima — bailar con alguien que entra con ganas suele ser mucho más divertido que hacerlo sola. Se arma otra cosa.

Me acomodé un poco mejor en el banco, dejando claro que no pensaba irme a ningún lado por ahora. Las piernas todavía marcaban el pulso de la música, aunque quietas. Volví a mirarla con atención tranquila, sin urgencia, esperando su respuesta mientras el Centro seguía respirando alrededor nuestro, cómplice como siempre, sosteniendo ese momento exacto donde todo puede empezar sin que nada tenga que terminar.
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RE: [Presente Absoluto] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - por Asherah Bel-Nadin - 03-01-2026, 06:21 AM

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