03-01-2026, 04:28 PM
El frío hacía mella en los cuerpos, pero afortunadamente este día dio algo de tregua, el sol brillaba y no soplaba aire, lo que lo hacía mucho más llevadero. La misión había sido un éxito, pese al empeño de nuestros superiores en lo contrario. Con Diosdado fuera de escena, seguro que habría algo de paz en Baterilla. Los detalles eran poco más que eso, detalles, una puerta rota...Todo el bar destrozado...Algún civil que se vio envuelto en la acalorada disputa...
El chivato de Armando seguía armando alboroto en el cuartel pese a nuestros esfuerzos puestos en la construcción, Akira había demostrado tener buenas habilidades trabajando la madera, una vida entre barcos y mareas al final se hacía notar. Yo por mi parte, ayudaba cada vez que tenía un hueco con las barandillas y cubertería que se había roto. Apreciaba mucho que Akira compartiese la responsabilidad de lo ocurrido, sabía perfectamente que la había cagado al perder la cabeza en el calor del momento, pero una bronca repartida con un amigo pesa menos.
La comida transcurrió con normalidad, después de tanto tiempo había forjado una gran amistad con Akira y el tiempo con el siempre era tiempo que disfrutaba enormemente. Por fin tenía una tarde libre, sin tener que ir a ayudar al del bar o patrullar por la isla. Tenía clarísimo mi plan para lo que quedaba de día, mantita y a dormir, o eso pensaba... Cuando ya estaba apunto de conciliar el dueño alguien tocó la puerta, me incorporé para abrir mientras pensaba —Por favor que no sea el teniente, por favor que no sea el teniente...— Pero antes de que me diese tiempo a levantarme, la puerta se abrió, di un suspiro de alivio al ver que se trataba de Akira, pero aún no bajé la guardia, podía venir mandado por un superior para mandarnos a hacer tareas extraordinarias o algo por el estilo.
Me dispuse a contestarle, pero antes de que me diese tiempo a abrir la boca empezó a leer una nota que sostenía en alto, como un notario que lee un documento de suma importancia. —¡¿División 93?!— Dije en voz alta mientras daba saltos de alegría junto a Akira, —Esos cascarrabias solo saben dar sermones, pero no lo habremos hecho tan mal después de todo—por fin nos aceptaron lo que llevábamos tanto tiempo pidiendo, esto abría nuevos horizontes para nosotros, principalmente porque, como división, tendríamos más libertad de actuación por el mar. Una ves disipada la euforia ambos nos sentamos en la cama, mirando más detenidamente el papel —Las divisiones deben ser mínimo de tres, así que asumo que ellos son nuestros compañeros, Enji y Birkisson. Un grupo de cuatro eee... Me trae recuerdos— Con la emoción de la noticia ya no podía volver a dormir, así que me quedé con Akira en la habitación, fantaseando sobre el futuro de lo que ahora si que sería nuestra división
El chivato de Armando seguía armando alboroto en el cuartel pese a nuestros esfuerzos puestos en la construcción, Akira había demostrado tener buenas habilidades trabajando la madera, una vida entre barcos y mareas al final se hacía notar. Yo por mi parte, ayudaba cada vez que tenía un hueco con las barandillas y cubertería que se había roto. Apreciaba mucho que Akira compartiese la responsabilidad de lo ocurrido, sabía perfectamente que la había cagado al perder la cabeza en el calor del momento, pero una bronca repartida con un amigo pesa menos.
La comida transcurrió con normalidad, después de tanto tiempo había forjado una gran amistad con Akira y el tiempo con el siempre era tiempo que disfrutaba enormemente. Por fin tenía una tarde libre, sin tener que ir a ayudar al del bar o patrullar por la isla. Tenía clarísimo mi plan para lo que quedaba de día, mantita y a dormir, o eso pensaba... Cuando ya estaba apunto de conciliar el dueño alguien tocó la puerta, me incorporé para abrir mientras pensaba —Por favor que no sea el teniente, por favor que no sea el teniente...— Pero antes de que me diese tiempo a levantarme, la puerta se abrió, di un suspiro de alivio al ver que se trataba de Akira, pero aún no bajé la guardia, podía venir mandado por un superior para mandarnos a hacer tareas extraordinarias o algo por el estilo.
Me dispuse a contestarle, pero antes de que me diese tiempo a abrir la boca empezó a leer una nota que sostenía en alto, como un notario que lee un documento de suma importancia. —¡¿División 93?!— Dije en voz alta mientras daba saltos de alegría junto a Akira, —Esos cascarrabias solo saben dar sermones, pero no lo habremos hecho tan mal después de todo—por fin nos aceptaron lo que llevábamos tanto tiempo pidiendo, esto abría nuevos horizontes para nosotros, principalmente porque, como división, tendríamos más libertad de actuación por el mar. Una ves disipada la euforia ambos nos sentamos en la cama, mirando más detenidamente el papel —Las divisiones deben ser mínimo de tres, así que asumo que ellos son nuestros compañeros, Enji y Birkisson. Un grupo de cuatro eee... Me trae recuerdos— Con la emoción de la noticia ya no podía volver a dormir, así que me quedé con Akira en la habitación, fantaseando sobre el futuro de lo que ahora si que sería nuestra división

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