03-01-2026, 07:52 PM
Maki no parecía muy convencida de mis habilidades de canto a pesar de sus intentos por no hacerme sentir mal, eso me hizo pensar que igual estaría bien practicar un poco, así seguro que podría agradar más a la gente ¿A quien no le parecería simpático un cangrejo cantarín? Mi compañera parecía estar llena de energía mientras bailoteaba a mi alrededor.
Después de comer y, tras mi jugarreta, era imposible para mí contener la risa, por lo que me sumergí por un momento bajo agua para disimular mi burla, lo que funcionó regular, porque montones de pompas de aire emergían de las profundidades del río para deshacerse en la superficie. Cuando se me pasó el ataque de risa subí tímidamente a la superficie, dejando ver solo la parte superior de mi cabeza y mis ojos, al mirar a mi compañera pude ver como me maldecía con los brazos alzados, lo que hizo que tuviese que sumergirme de nuevo por un instante para contener la risa —Perdón perdón, no pude evitarlo—
Entonces Maki se decidió por entrar al agua y sujetarse a mi espalda para ir de un lado a otro del río —Igual no se nota por la coraza, y porque no tirito, pero estoy helaaaado, el frío no es lo mío...— Entonces, al poco de agarrarse a mi, y ya en el agua, resbaló y se salvó de ser arrastrada por la corriente gracias a sus reflejos para agarrarse de mi coraza. —Yeeepa— Le dije, agarrándola de la parte trasera del cuello de la camiseta para volver a colocarla correctamente en mi espalda. Una vez recolocada en mi espalda, le agarré las piernas con ambos brazos para que tuviese una superficie estable en la que sentarse y nadé el caudaloso río usando mis piernas.
Al llegar al otro lado bajé a mi compañera en la orilla y me recosté boca arriba, exhausto tras la sesión intensa de ejercicio —*Uff... Uf...* Para la próxima dejamos la comida para después...Jajajaja ¿Cómo estás?— El otro lado del río, con apenas un pequeño claro en el que descansar daba una sensación de inseguridad que se palpaba en el ambiente, no sabía si era por pura sugestión, al saber que más allá de esos árboles nos esperaban unos criminales, o si se debía a la oscuridad que acechaba desde ellos, acompañada por ruidos de aves y animales que no conocía. Nos paramos a descansar unos minutos antes de retomar la marcha, tiempo que aprovechamos para idear una estrategia infalible —Bien, nosotros nos encontramos aquí, y el punto en el que se encuentran los traficantes es acá, por lo que si les rodeamos por aquí les podremos pillar con la guardia baja, son traficantes de cañas, así que no deberían ser muchos ni estar bien armados— Toda esta explicación siendo dibujada con un palo en la tierra húmeda cercana al río, un plan perfecto, sin fisuras.
Una vez descansados, retomamos el rumbo, bordeando el río, y tras andar alrededor de un kilómetro, llegamos cerca del punto marcado, aproveche el barro que había en la rivera del río para cubrirme con él, mi color rojo era demasiado llamativo para una emboscada en la selva. Una vez terminado me volví hacia Maki y levantando el pulgar le dije —Estoy listo— Con una mirada de confianza, mezclada con un toque guasón. Al entrar al bosque para rodear la ubicación empezaban a aparecer marcas de cortes en los árboles, ramas rotas por el suelo, numerosas huellas por el suelo marcadas por el barro, la cantidad de huellas era algo peculiar, parecían ser muchas más de lo que esperábamos, pero no le dimos demasiada importancia, después de todo podrían haber dado varios viajes.
Ya habiendo rodeado la localización nos acercamos, hasta dar con ellos, yo estuve a punto de cagarla, pero Maki, que los detectó un instante antes, estuvo rápida para agarrarme de la camisa y detenerme antes de ser visto—Gracias por eso—. Nos tumbamos en el suelo para observar la situación, afortunadamente estábamos en el borde de un punto más elevado, lo que nos daba una buena vista panorámica del campamento —¿Qué es esto?— Susurré en voz baja, estos no eran traficantes de cañas de azúcar, teníamos delante a una multitud de hombres y mujeres armados hasta los dientes, esperábamos a unas cinco o diez personas como muchos pobremente equipadas, pero eran unos veinte o treinta que pudiésemos contar... No eran traficantes de azúcar, eran traficantes de armas y a saber que más. Miré a mi compañera con cara de circunstancia y le pregunté —¿Qué deberíamos hacer?— No tenía un plan que usar contra tanta gente bien equipada y que, seguramente, contaba con algún combatiente experto y pese a que no estaba dispuesto a retirarme, tampoco podía actuar de forma alocada ahora que tenía más vidas aparte de la mía en juego.
Después de comer y, tras mi jugarreta, era imposible para mí contener la risa, por lo que me sumergí por un momento bajo agua para disimular mi burla, lo que funcionó regular, porque montones de pompas de aire emergían de las profundidades del río para deshacerse en la superficie. Cuando se me pasó el ataque de risa subí tímidamente a la superficie, dejando ver solo la parte superior de mi cabeza y mis ojos, al mirar a mi compañera pude ver como me maldecía con los brazos alzados, lo que hizo que tuviese que sumergirme de nuevo por un instante para contener la risa —Perdón perdón, no pude evitarlo—
Entonces Maki se decidió por entrar al agua y sujetarse a mi espalda para ir de un lado a otro del río —Igual no se nota por la coraza, y porque no tirito, pero estoy helaaaado, el frío no es lo mío...— Entonces, al poco de agarrarse a mi, y ya en el agua, resbaló y se salvó de ser arrastrada por la corriente gracias a sus reflejos para agarrarse de mi coraza. —Yeeepa— Le dije, agarrándola de la parte trasera del cuello de la camiseta para volver a colocarla correctamente en mi espalda. Una vez recolocada en mi espalda, le agarré las piernas con ambos brazos para que tuviese una superficie estable en la que sentarse y nadé el caudaloso río usando mis piernas.
Al llegar al otro lado bajé a mi compañera en la orilla y me recosté boca arriba, exhausto tras la sesión intensa de ejercicio —*Uff... Uf...* Para la próxima dejamos la comida para después...Jajajaja ¿Cómo estás?— El otro lado del río, con apenas un pequeño claro en el que descansar daba una sensación de inseguridad que se palpaba en el ambiente, no sabía si era por pura sugestión, al saber que más allá de esos árboles nos esperaban unos criminales, o si se debía a la oscuridad que acechaba desde ellos, acompañada por ruidos de aves y animales que no conocía. Nos paramos a descansar unos minutos antes de retomar la marcha, tiempo que aprovechamos para idear una estrategia infalible —Bien, nosotros nos encontramos aquí, y el punto en el que se encuentran los traficantes es acá, por lo que si les rodeamos por aquí les podremos pillar con la guardia baja, son traficantes de cañas, así que no deberían ser muchos ni estar bien armados— Toda esta explicación siendo dibujada con un palo en la tierra húmeda cercana al río, un plan perfecto, sin fisuras.
Una vez descansados, retomamos el rumbo, bordeando el río, y tras andar alrededor de un kilómetro, llegamos cerca del punto marcado, aproveche el barro que había en la rivera del río para cubrirme con él, mi color rojo era demasiado llamativo para una emboscada en la selva. Una vez terminado me volví hacia Maki y levantando el pulgar le dije —Estoy listo— Con una mirada de confianza, mezclada con un toque guasón. Al entrar al bosque para rodear la ubicación empezaban a aparecer marcas de cortes en los árboles, ramas rotas por el suelo, numerosas huellas por el suelo marcadas por el barro, la cantidad de huellas era algo peculiar, parecían ser muchas más de lo que esperábamos, pero no le dimos demasiada importancia, después de todo podrían haber dado varios viajes.
Ya habiendo rodeado la localización nos acercamos, hasta dar con ellos, yo estuve a punto de cagarla, pero Maki, que los detectó un instante antes, estuvo rápida para agarrarme de la camisa y detenerme antes de ser visto—Gracias por eso—. Nos tumbamos en el suelo para observar la situación, afortunadamente estábamos en el borde de un punto más elevado, lo que nos daba una buena vista panorámica del campamento —¿Qué es esto?— Susurré en voz baja, estos no eran traficantes de cañas de azúcar, teníamos delante a una multitud de hombres y mujeres armados hasta los dientes, esperábamos a unas cinco o diez personas como muchos pobremente equipadas, pero eran unos veinte o treinta que pudiésemos contar... No eran traficantes de azúcar, eran traficantes de armas y a saber que más. Miré a mi compañera con cara de circunstancia y le pregunté —¿Qué deberíamos hacer?— No tenía un plan que usar contra tanta gente bien equipada y que, seguramente, contaba con algún combatiente experto y pese a que no estaba dispuesto a retirarme, tampoco podía actuar de forma alocada ahora que tenía más vidas aparte de la mía en juego.

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
