El lenguaje de la gastronomía [Pasado|Priv.]
#10
Uker no entendió las palabras que la boca de la mujer pronunció, así como tampoco comprendió que fue lo que el marine quiso decir. Aún así, vio a muchacha intrigada, perdida entre las marcas de su piel, por lo que no movió su brazo. No quería cortar el momento, no quería evitar la atención que le daban, no por ego, sino por propia curiosidad. ¿Qué eran esas palabras? ¿Sus cicatrices le asqueaban? Tal vez eran preguntas sobre el cómo las había conseguido, tal vez eran palabras de asombro ante la cantidad, no poder saberlo lo llamaba en demasía.

Uker no pudo entender la conversación que se dio tras que sus cicatrices dejaran de ser admiradas por la mujer, así como todas las conversaciones que no iban dirigidas a él, pero al final parecía poder sentarse, por lo que lo hizo. Las bebidas que trajo se mantuvieron unos segundos en la mesa, pero fue el marine quien, desconfiado, optó por probar uno de los vasos ofrecidos. Uker lo suponía, pero ahora confirmaba sus sospechas de que el tipo tenía algo contra él. No era nada nuevo ni de qué preocuparse, el mismo cocinero ya odiaba al marine solo por su trabajo, pero la discusión que los desconocidos tuvieron frente a él solo lo hizo quedarse callado, mientras su mirada iba de uno a otro cada vez que hablaban.

“Sería increíble poder enterarse de algo de todo esto”, pensó el hombre.

La situación escaló, al punto en el que la muchacha tomó el vaso ajeno y procedió a beberlo, mucho más de lo que el propio hombre había hecho con el suyo. Ese gesto al menos le dejaba saber algo, que la discusión se dio por culpa de las bebidas, eso junto a la desconfianza inicial del marine eran suficiente para al menos suponer lo que el muchacho del mechón blanco dejó salir por su boca. - Asumo que no te fias de mí -. Dijo, hablándole al marine, mientras que una de sus manos rebuscaba en su bolsillo.

De este, sacó una lapicera negra, tomó también una servilleta ofrecida en la mesa, apoyándola sobre la madera y procediendo a trazar unos trazos sobre esta. - Mis cicatrices no son un misterio para quien quiera conocerlas, así como su historia -. Su mano, moviéndose con rapidez sobre el improvisado papel, realizaba trazos chuecos y rápidos para dibujar algo tan simple que un pequeño niño podría dibujarlo mejor. Un cuadrado con un triángulo encima, otro cuadrado más pequeño dentro del primero, este con una línea horizontal y otra vertical dentro, un rectángulo al otro lado del cuadrado más grande, pequeños triángulos fuera del cuadrado. Un intento de dibujar lo que era una casa rodeada por árboles.

Perdonen al muchachito, no le sabe al arte.

- Mi familia y yo vivíamos en una cabaña, alejados de cualquier ciudad y dentro de un bosque -. Tras explicar eso, continuó dibujando, ahora en otra parte de la servilleta. - Vivíamos en paz, no había problemas, mi padre había creado un sistema de alarmas por ruido, para avisarnos si cualquier animal cruzaba cerca de nuestra casa -. Dibujó ahora varios árboles, todos conectados por hilos, de los cuales colgaban diferentes formas, intentando emular una lata metálica vacía. - Un día, 3 cazadores nos pidieron refugio por una noche, se les había hecho tarde y volver a la ciudad a esas horas significa exponerse a más peligro. Mis padres aceptaron, les dimos un lugar para dormir y los hombres se marcharon a la mañana siguiente -. Junto al relato, dibujó también a 3 personas, con palitos obviamente, representando a los cazadores.

- Tal vez fue un descuido, tal vez solo fue casualidad, pero un oso logró traspasar nuestras alarmas sin activarlas -. El dibujo de a continuación mostraba lo que bien podría ser un perro, o tal vez un guacamayo visto desde otro ángulo, pero que buscaba mostrar al oso. - Un animal hambriento, atraído por el olor de la cena recién preparada por mi madre, ¿puedes adivinar qué pasó? -. Levantó su vista, mirando al marine, mientras su mano se encargó de mover la servilleta hacia el mismo. Frente al hombre, el papel con todos los dibujos, incluido el último que había hecho: dos personas, altas, con los rostros tachados con una X, entre ellos, una persona más pequeña, un rostro triste. - Fui el único que escapó, el único que llegó a la civilización tras una noche de tormentos. Tardé años en volver a ese lugar, en ver las trampas de sonidos cortadas, si fueron esos hombres o no poco importaba, mi vida ya había pasado, mis cicatrices ya existían -.

Una historia trágica.

Si tan solo fuera real.

La parte de perder a su familia era una cosa cierta, pero nunca había vivido en un bosque ni fue atacado por un oso. Su familia murió en el mismo pueblo que fue arrasado por el gobierno, el mismo gobierno que gente como ese marine defendía, pero no podía contar eso, por lo que con los años fue creando esa historia para explicar el porqué de sus cicatrices. - Dime, ¿todavía desconfías de mí? -. Ahora era su rostro quien juzgaba al hombre que había realizado el berrinche, a quien hubiera deseado hechar del lugar si no le sirviera como traductor para comprender a la mujer.

Servilleta con los dibujos
[Imagen: nxACuAB.png]
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RE: El lenguaje de la gastronomía [Pasado|Priv.] - por Rackham Uker - 05-01-2026, 01:19 AM

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