05-01-2026, 02:49 AM
¿Una ocasión especial? La tentativa mirada de la fémina delinea las expresiones del nuevo conocido, como si deseara levantar una expedición en torno a la honestidad y la mentira. Cada frase es devuelta a modo de incrédulas cuestiones y vocablos que a primera vista parecen contener más de un sentido. La sonrisa de la fémina se asienta, la mirada se agudiza y los labios se humedecen por acto reflejo. ¿Deliberado coqueteo? ¿Inocencia intacta? ¿Irrelevante casualidad?
La respuesta deja de ser relevante cuando el disfrute se hace presente. La mirada chocolate asciende y desciende sin compromiso o aparente vergüenza, no existe adyacente recato. —Podría darte más de una respuesta a esa pregunta, cariño. —Inclina el rostro hacia un costado, provocando que su largo cabello se mueva en el proceso. Podría jugar con él, mentir o ser sarcástica pero decide mostrar algo de honestidad mezclada con picardía.

—En general eres absurdamente atrayente.
Las palabras del ajeno reverberan en la mente y sentidos de la fémina. ¿Una inocente mentira, propia de aquellos que pretenden engatusar? No.Los vocablos fluyen con un ritmo desprovisto de vacilación, como si estuviera dejando arrastrar por un pensamiento persistente, de esos que la mente urde con tanta constancia que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en verdades absolutas.
—Al contrario, me ofendería si te hubiera mirado fijamente y me hubieras ignorado, cariño, fufufu. —Enderezándose en el asiento levanta la copa de plástico para disfrutar del amargo, profundo y tentador sabor de la bebida alcohólica. Ah. Quizá ha demostrado algo de costumbre o anhelo hacia la bebida porque esta parece vaciarse repentinamente. —¿Qué puedo decir? El mar me queda un poco corto. —Encoge los hombros con parsimonia sin saber por dónde comenzar o si es necesario hacerlo.
Los labios se hidratan entre sí, está a punto de volver a hablar cuando Uker gana la palabra de una manera que provoca cierta satisfacción entremezclada con sorpresa. ¿Qué tan honesto puede llegar a ser el hombre que tiene al frente? Parece mayor a ella, quizá por algunos pocos años, mas el sonrojo en sus facciones no es un invento estratégico. Inconscientemente Runin tapa su rostro con la copa dorado, escondiendo una sonrisa encantada. El hombre continúa hablando y ella escucha con atención aunque su mente persiste en las coloradas mejillas.
—Primero que nada… Tienes prohibido volver a disculparte conmigo, Rachham Uker. Si me vas a elogiar… —La amazona abandona la butaca para colocarse de pie, un par de pasos son suficientes para acercarse al más alto. Con una mano sostiene la copa vacía, con la otra acaricia el pecho del ajeno mientras el rostro asciende para mirarlo con franqueza y fijeza. —hazlo levantando el mentón y sosteniendo tu palabra, cariño. —Las palabras exhalan cerca, parece a punto de decir algo más cuando levanta la copa hacia el rostro de Uker, alejándose en el proceso.

—¿Me sirves otra copa de vino, cariño?
Ella también puede cambiar abruptamente de tema. —Vengo de una isla lejana de la que no conozco demasiado pero me crié en Samba, entre caña de azúcar y jabalís a los que les daba caza, entre música y la oscuridad nocturna de la selva. —Rememorar esa época parece tan cercana como lejana, una realidad que parece un sueño o una pesadilla.
—Tú eres un cocinero y yo una exploradora. Podría cazar algo para ti o encontrar alimentos y podrías cocinarme a cambio. —Acaricia despreocupadamente un saco que parece contener harina, se ensucia un poco. —Porque, por favor en la que hablas parece que quieres que nos vemos después de hoy. Algo osado para alguien que habla sobre hacer ruido. Normalmente las personas que lo hacen desaparecen durante la noche. —Vuelve a acercarse al hombre de oscuras hebras, interesada acaricia el mechón blanquecino, la mirada brilla contra la del más alto en un cúmulo de intensidad, diversión y expectación.
—¿O prefieres cocinarme ahora? Soy una persona de gustos sencillos en la cocina, mi platillo es el pan de queso; pero acepto papas hervidas con zanahoria y maíz. —Intenta convencer, ciertamente siente hambre y el vino no hace más que abrirle el apetito; aunque la verdad irrefutable tras ello es querer verlo utilizar su concentración y sus manos en algo tan lejano para ella como es la cocina. Por alguna razón esa idea le parece atractiva, íntima.
La respuesta deja de ser relevante cuando el disfrute se hace presente. La mirada chocolate asciende y desciende sin compromiso o aparente vergüenza, no existe adyacente recato. —Podría darte más de una respuesta a esa pregunta, cariño. —Inclina el rostro hacia un costado, provocando que su largo cabello se mueva en el proceso. Podría jugar con él, mentir o ser sarcástica pero decide mostrar algo de honestidad mezclada con picardía.

—En general eres absurdamente atrayente.
Las palabras del ajeno reverberan en la mente y sentidos de la fémina. ¿Una inocente mentira, propia de aquellos que pretenden engatusar? No.Los vocablos fluyen con un ritmo desprovisto de vacilación, como si estuviera dejando arrastrar por un pensamiento persistente, de esos que la mente urde con tanta constancia que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en verdades absolutas.
—Al contrario, me ofendería si te hubiera mirado fijamente y me hubieras ignorado, cariño, fufufu. —Enderezándose en el asiento levanta la copa de plástico para disfrutar del amargo, profundo y tentador sabor de la bebida alcohólica. Ah. Quizá ha demostrado algo de costumbre o anhelo hacia la bebida porque esta parece vaciarse repentinamente. —¿Qué puedo decir? El mar me queda un poco corto. —Encoge los hombros con parsimonia sin saber por dónde comenzar o si es necesario hacerlo.
Los labios se hidratan entre sí, está a punto de volver a hablar cuando Uker gana la palabra de una manera que provoca cierta satisfacción entremezclada con sorpresa. ¿Qué tan honesto puede llegar a ser el hombre que tiene al frente? Parece mayor a ella, quizá por algunos pocos años, mas el sonrojo en sus facciones no es un invento estratégico. Inconscientemente Runin tapa su rostro con la copa dorado, escondiendo una sonrisa encantada. El hombre continúa hablando y ella escucha con atención aunque su mente persiste en las coloradas mejillas.
—Primero que nada… Tienes prohibido volver a disculparte conmigo, Rachham Uker. Si me vas a elogiar… —La amazona abandona la butaca para colocarse de pie, un par de pasos son suficientes para acercarse al más alto. Con una mano sostiene la copa vacía, con la otra acaricia el pecho del ajeno mientras el rostro asciende para mirarlo con franqueza y fijeza. —hazlo levantando el mentón y sosteniendo tu palabra, cariño. —Las palabras exhalan cerca, parece a punto de decir algo más cuando levanta la copa hacia el rostro de Uker, alejándose en el proceso.

—¿Me sirves otra copa de vino, cariño?
Ella también puede cambiar abruptamente de tema. —Vengo de una isla lejana de la que no conozco demasiado pero me crié en Samba, entre caña de azúcar y jabalís a los que les daba caza, entre música y la oscuridad nocturna de la selva. —Rememorar esa época parece tan cercana como lejana, una realidad que parece un sueño o una pesadilla.
—Tú eres un cocinero y yo una exploradora. Podría cazar algo para ti o encontrar alimentos y podrías cocinarme a cambio. —Acaricia despreocupadamente un saco que parece contener harina, se ensucia un poco. —Porque, por favor en la que hablas parece que quieres que nos vemos después de hoy. Algo osado para alguien que habla sobre hacer ruido. Normalmente las personas que lo hacen desaparecen durante la noche. —Vuelve a acercarse al hombre de oscuras hebras, interesada acaricia el mechón blanquecino, la mirada brilla contra la del más alto en un cúmulo de intensidad, diversión y expectación.

—¿O prefieres cocinarme ahora? Soy una persona de gustos sencillos en la cocina, mi platillo es el pan de queso; pero acepto papas hervidas con zanahoria y maíz. —Intenta convencer, ciertamente siente hambre y el vino no hace más que abrirle el apetito; aunque la verdad irrefutable tras ello es querer verlo utilizar su concentración y sus manos en algo tan lejano para ella como es la cocina. Por alguna razón esa idea le parece atractiva, íntima.
