05-01-2026, 06:13 PM
Cuando impacté en la espalda de aquel demonio, el humo fruto de las cenizas de la muerte que portaba consigo y a su paso se liberó por todo el área que teníamos en la proximidad. Su quejido de dolor no fue ignorado por mi, le había hecho daño. Y si le había hecho daño podría hacerle más... Si puede sangrar, puede morir. Y ese sería el destino que le esperaría al sangriento oni... el destino que él se había buscado con tanto empeño. Antes de morir todos en esta isla por él, moriría él por mi.
En cuanto el humo nos arropó, enmudecí, y usé toda la potencia de mis piernas para saltar verticalmente. Tenía que escapar de esa cortina sin visibilidad y no sabía cuánto podía abarcar lateralmente así que la única alternativa era subir. Salté con celeridad y con potencia, pero no con toda la potencia que podía desarrollar, y salí de allí observando desde las alturas la dimensión de su ataque. No esperé, no me demoré, y desde luego no hablé. Había aprendido de mi combate contra aquel marine que tendía a hablar demasiado y la gente tendía a aprovecharse de esto. Si quería acabar con Ashura tenía que hacerlo rápido y de forma aplastante. Por eso reduje el área de mi Kenbunshoku a sólo cincuenta metros, para economizar mis esfuerzos y centrarme sólo en mi objetivo.
El poder de la Gura Gura empezó a acumularse y a retumbar en mis brazos mientras ascendía. Dos esferas azules cristalinas se formaron en mis puños, envolviendo los Rompe-Cráneos y la energía de mi Busoshoku Haki se condensaba para impactar en aquel cuerpo tan extraño.
Estando ya a cuarenta metros por encima del nivel del suelo, en el punto más alto de mi desplazamiento, lancé un puñetazo con cada brazo en dirección hacia donde estaba la cúpula de humo. Liberé con cada uno de esos impactos una sacudida que abarcaba un área de cincuenta metros, cubriendo todo el terreno que había recorrido ascendiendo con mi salto, y cubriendo por demás el diámetro de aquel círculo de humo de mi, hasta ahora, capitán. Cada golpe sacudió la tierra y destrozó el área agrietándola, como si quisiera empujar el suelo hacia abajo, prensándolo. Y estaba seguro de que no habría podido esquivar aquello — No será tan fácil-Gin... no debo confiarme. Se trata de Ashura... — pensé mientras descendía fruto de la gravedad, flexionando las rodillas para juntarlas al pecho y anteponiendo mis brazos frente a mi en forma de equis, reduciendo la zona de impacto de mi cuerpo y no dejando nada libre para que pudiera disponer de él o atacarme a zonas concretas o vitales, concentrándome para no cometer errores esta vez. Esta era la batalla más importante de mi vida.
En cuanto el humo nos arropó, enmudecí, y usé toda la potencia de mis piernas para saltar verticalmente. Tenía que escapar de esa cortina sin visibilidad y no sabía cuánto podía abarcar lateralmente así que la única alternativa era subir. Salté con celeridad y con potencia, pero no con toda la potencia que podía desarrollar, y salí de allí observando desde las alturas la dimensión de su ataque. No esperé, no me demoré, y desde luego no hablé. Había aprendido de mi combate contra aquel marine que tendía a hablar demasiado y la gente tendía a aprovecharse de esto. Si quería acabar con Ashura tenía que hacerlo rápido y de forma aplastante. Por eso reduje el área de mi Kenbunshoku a sólo cincuenta metros, para economizar mis esfuerzos y centrarme sólo en mi objetivo.
El poder de la Gura Gura empezó a acumularse y a retumbar en mis brazos mientras ascendía. Dos esferas azules cristalinas se formaron en mis puños, envolviendo los Rompe-Cráneos y la energía de mi Busoshoku Haki se condensaba para impactar en aquel cuerpo tan extraño.
Estando ya a cuarenta metros por encima del nivel del suelo, en el punto más alto de mi desplazamiento, lancé un puñetazo con cada brazo en dirección hacia donde estaba la cúpula de humo. Liberé con cada uno de esos impactos una sacudida que abarcaba un área de cincuenta metros, cubriendo todo el terreno que había recorrido ascendiendo con mi salto, y cubriendo por demás el diámetro de aquel círculo de humo de mi, hasta ahora, capitán. Cada golpe sacudió la tierra y destrozó el área agrietándola, como si quisiera empujar el suelo hacia abajo, prensándolo. Y estaba seguro de que no habría podido esquivar aquello — No será tan fácil-Gin... no debo confiarme. Se trata de Ashura... — pensé mientras descendía fruto de la gravedad, flexionando las rodillas para juntarlas al pecho y anteponiendo mis brazos frente a mi en forma de equis, reduciendo la zona de impacto de mi cuerpo y no dejando nada libre para que pudiera disponer de él o atacarme a zonas concretas o vitales, concentrándome para no cometer errores esta vez. Esta era la batalla más importante de mi vida.
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