06-01-2026, 12:44 AM
(Última modificación: 16-01-2026, 06:42 AM por Onizuka Jin.)
No recordaba el tiempo, solo se estaba viendo ahora en otra casa, otra de las tantas, por supuesto, que había bajo su clan. Tras los acontecimientos había tenido que buscar otro lugar y, dado que aparentemente Tezca no estaba a gusto con el médico Hakes, lo mejor era mantenerlo seguro. Para su desgracia, si es que se puede llamar así, los tratamientos tuvo que seguir llevándolos él, casi a la fuerza. Estaba alargando el momento de conversar con su propio jefe, más de la cuenta. El insomnio lo golpeaba, producto de lo que ahora le resultaban los vívidos momentos en los que imaginó la muerte de Tezca bajo aquel acontecimiento. ¿Qué habría pasado si no fuera de arcilla? Apretó sus propios labios, suspirando cansado. Ahora asomaba su rostro por uno de los balcones, con el cigarrillo entre sus labios. La ironía del fresco, acompañado de él sin su ropa superior.
Pantalones de chándal comunes, normales, en eso constaba su pijama. La noche estaba clara pese al fresco, el vaho salía a la vez que el humo de sus labios. El cansancio lo estaba dejando cada vez más agotado. Elevó la mirada hacia el cielo, terminando de recomponerse. No había tocado a Tezca desde el evento, el miedo a que se le reabrieran las heridas era real, demasiado, más de lo que imaginó que sentiría por nadie más que aquel pequeño secreto que existía y protegía. Dio una larga calada, los vendajes en su abdomen ya no existían, la herida había terminado de sanar ese mismo día, del mismo modo que las del rubio.
Escuchó sonidos. ¿Las escaleras? ¿O quizás era la otra cama? Porque prefirió separar habitaciones, no por no quererlo al lado, sino porque no quería tomarlo en las condiciones en las que estaba, cosa que se prestó a alguna que otra discusión y debate. Pero esa noche… esa noche podía abrazarlo. ¿Verdad? Dejó caer su rostro y brazo, siendo que los dos brazos estaban apoyados sobre la barandilla. Esta vez estaba alejado de todo pueblo, cuidad, donde no había más que un par de casas. Así, si existía amenaza, no volvería a bajar la guardia de ese modo y estaría preparado ante los movimientos extraños. De hecho, en esos días había aprovechado para revisar correctamente su alrededor. Había estudiado cada persona, cada movimiento, cada horario de todos y cada uno de los pocos que vivían por la zona, incluso en los bares que hubiera, habituales o no, todo fuera para no volver a encontrarse con poner en peligro al rubio.
Soltó el último halo del humo de su cigarrillo, respirando calmadamente, apagándolo en un cenicero que había sobre una mesa del balcón. El cuerpo comenzó a quedarse frío al tener el torso al descubierto, pero nada peligroso. Cerró la puerta de cristal, viendo su cama vacía, ahora preguntándose si estaría o no molesto con él. Los ojos contemplaron la cama, vacía, solitaria. Se había sentido extrañamente solo sin el acompañante en la misma cama, ni siquiera se había molestado en tener un acompañante nocturno, hombre o mujer, después de él. ¿En qué diablos estaba pensando? Ni siquiera él lo sabía.
No sabía qué ocurría, la conversación con su jefe y las explicaciones no tardarían demasiado en llegar, solo daba la excusa del reposo para que lo dejara en paz, pero en algún momento tendría que presentarle al nuevo integrante. Sus oídos, como siempre afilados, escucharon la puerta del dormitorio que había justo frente al suyo propio cerrarse. Desvió la mirada hacia dicha dirección y, en silencio, caminó hasta allí, abriendo la puerta y, después de dos toques, abrió la segunda puerta. Buscó la segunda cama en la que pudiera encontrarse el rubio, ¿o quizás se estaría vistiendo? ¿O de pie? ¿Habría salido a fumar? No sabía ni por qué estaba allí, solo… necesitaba verlo. Buscó una excusa, la que fuera, mirando al frente, buscando con la mirada su presencia.
Pantalones de chándal comunes, normales, en eso constaba su pijama. La noche estaba clara pese al fresco, el vaho salía a la vez que el humo de sus labios. El cansancio lo estaba dejando cada vez más agotado. Elevó la mirada hacia el cielo, terminando de recomponerse. No había tocado a Tezca desde el evento, el miedo a que se le reabrieran las heridas era real, demasiado, más de lo que imaginó que sentiría por nadie más que aquel pequeño secreto que existía y protegía. Dio una larga calada, los vendajes en su abdomen ya no existían, la herida había terminado de sanar ese mismo día, del mismo modo que las del rubio.
Escuchó sonidos. ¿Las escaleras? ¿O quizás era la otra cama? Porque prefirió separar habitaciones, no por no quererlo al lado, sino porque no quería tomarlo en las condiciones en las que estaba, cosa que se prestó a alguna que otra discusión y debate. Pero esa noche… esa noche podía abrazarlo. ¿Verdad? Dejó caer su rostro y brazo, siendo que los dos brazos estaban apoyados sobre la barandilla. Esta vez estaba alejado de todo pueblo, cuidad, donde no había más que un par de casas. Así, si existía amenaza, no volvería a bajar la guardia de ese modo y estaría preparado ante los movimientos extraños. De hecho, en esos días había aprovechado para revisar correctamente su alrededor. Había estudiado cada persona, cada movimiento, cada horario de todos y cada uno de los pocos que vivían por la zona, incluso en los bares que hubiera, habituales o no, todo fuera para no volver a encontrarse con poner en peligro al rubio.
Soltó el último halo del humo de su cigarrillo, respirando calmadamente, apagándolo en un cenicero que había sobre una mesa del balcón. El cuerpo comenzó a quedarse frío al tener el torso al descubierto, pero nada peligroso. Cerró la puerta de cristal, viendo su cama vacía, ahora preguntándose si estaría o no molesto con él. Los ojos contemplaron la cama, vacía, solitaria. Se había sentido extrañamente solo sin el acompañante en la misma cama, ni siquiera se había molestado en tener un acompañante nocturno, hombre o mujer, después de él. ¿En qué diablos estaba pensando? Ni siquiera él lo sabía.
![[Imagen: r9yH2Si.png]](https://i.imgur.com/r9yH2Si.png)
—…
No sabía qué ocurría, la conversación con su jefe y las explicaciones no tardarían demasiado en llegar, solo daba la excusa del reposo para que lo dejara en paz, pero en algún momento tendría que presentarle al nuevo integrante. Sus oídos, como siempre afilados, escucharon la puerta del dormitorio que había justo frente al suyo propio cerrarse. Desvió la mirada hacia dicha dirección y, en silencio, caminó hasta allí, abriendo la puerta y, después de dos toques, abrió la segunda puerta. Buscó la segunda cama en la que pudiera encontrarse el rubio, ¿o quizás se estaría vistiendo? ¿O de pie? ¿Habría salido a fumar? No sabía ni por qué estaba allí, solo… necesitaba verlo. Buscó una excusa, la que fuera, mirando al frente, buscando con la mirada su presencia.
![[Imagen: hVODlIW.png]](https://i.imgur.com/hVODlIW.png)
—¿Puedes dormir? Hoy puedo… acompañarte.
Ah diablos. ¿Por qué se sentía tímido? No era la primera vez que se veían en días, tampoco es que no lo hubiera visto desnudo y, sin embargo, no se dio cuenta hasta entonces de qué tanto parecía desear tenerlo en sus brazos.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
